Tandil y sus privilegios
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Hay una creencia fundada con determinados datos reales que hicieron y hacen definir a Tandil como una ciudad privilegiada, que más allá de los vaivenes tanto políticos como económicos estaría condenada al éxito, como diría el ex presidente Eduardo Duhalde. Tal vez de allí surgió el eslogan Tandil soñado utilizado por adeptos a la gestión como detractores a la hora de criticarla.
Será por su estratégica ubicación geográfica, su diversidad económica y perfil de sociedad que llevó a tenerla en cuenta a la hora de medir cual ejemplo del resto de los distritos para conocer el paladar como humor social del país, incluso con proyecciones que fueron utilizadas para pronósticos electorales.
Más allá que hay cierta idiosincrasia en mirarse el ombligo, no es mera fantasía que la ciudad ha sido cuna de dirigentes y deportistas que se destacaron más allá de las fronteras serranas.
Contar con una reconocida universidad, la radicación de predios de las Fuerzas Armadas y emprendimientos privados que hacen a la industria y el turismo, empujó a una dinámica de ciudad que, incluso, se desarrolla independientemente o a pesar de la intervención estatal que, en buena parte de su historia, terminó siendo mero administrador de aquella impronta de particulares.
Que ha sido cuna de una escuela de tenis que exportó fenómenos, que talentos del balompié como del volante hayan ganado tapas y elogios al por mayor no son cosa menor. Que la ciudad se transforme en algo así como la Meca del fútbol grande argentino a partir de la elección de los equipos para sus respectivas pretemporadas infla el pecho.
También es dable reconocer que más allá del orgullo de algunos exponentes nativos, hay de los otros, aquellos que colocaron a Tandil en el centro de la escena no precisamente para enaltecerla sino más bien para avergonzarla.
Todo viene a cuento sobre un fenómeno que se estaría dando en la ciudad no del todo vista, mucho menos reconocida, y que hace al esfuerzo de actores varios que generaron nada más y nada menos que oportunidades de trabajo, proyectos de vida en una ciudad cada vez más excluyente si se mide por el costo de vida que obliga formar parte.
Cooperativas
En ese contexto, debería tomarse también como un privilegio lo que ha pasado con fábricas recuperadas a través de la figura del cooperativismo.
Por estos días se informó la que será la reactivación de Ronicevi, otrora modelo de industria local de piezas únicas como así también una especie de emblema de la desidia y fracaso empresarial.
Sin ánimo de ahondar en las responsabilidades que llevaron a lo que terminó siendo la planta fabril de avenida Falucho, por estas horas renace una esperanza para un grupo de trabajadores con sus respectivas familias que merece celebrarse.
Algunos se detendrán en olfatear el raro tufillo del interés o intromisión política detrás de la iniciativa, allá ellos con sus reparos y/o prejuicios. Lo concreto es que las máquinas fundidoras empezarán nuevamente a funcionar y los obreros hasta ayer olvidados volverán a arroparse con la camisa y el pantalón de grafa, vestuario cada vez menos visto por las callecitas tandilenses no por mera moda de indumentaria sino más bien por una fuerte tendencia de perfil de ciudad.
De funcionar como se cree, la cooperativa se sumaría a otras dos más que ya trabajan casi en silencio pero con buenos dividendos en la ciudad, como son Impopar y Cerámica Blanca. Deben existir pocos casos donde en una misma ciudad convivan tres experiencias de esta naturaleza.
Está más que claro que sin la ayuda estatal ninguna de estas iniciativas se hubiese podido gestar y hoy trabajar, pero precisamente allí radica cuando se habla de la mano oficial que se parece y bastante a aquellos que románticamente aún señalan del estado de bienestar.
Cuando se habla de una ciudad privilegiada pocos se detienen en estas iniciativas bajo la figura del cooperativismo que no sólo ayudaron a generar y, en todo caso, mantener abierta una fábrica. Se trató de generación o al menos sostenimiento de puestos de trabajo, de promover nuevos proyectos de vida, de renovar esperanzas. Se trata de facilitar que un buen grupo de personas -tandilenses para más datos- no caiga al vacío de la exclusión y formen parte del Tandil soñado por todos, y no para unos pocos.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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