Tandilenses y visitantes buscaron un remanso en otra jornada en la que el calor fue agobiante
Luego de una primera quincena de febrero en la que el tiempo se mostró algo hostil, el fin de semana se presentó agobiante, con temperaturas que superaron holgadamente los 30 grados.
Durante la jornada de ayer, el sol volvió a hacer de las suyas y obligó a tandilenses y turistas a buscar paliativos. Los espejos de agua y las arboledas fueron los sitios preferidos para mitigar el intenso calor.
Los afortunados que poseen pileta, o familiares y amigos en esa condición, no dudaron en darse un chapuzón vivificante a cada rato. Los que no, partieron a la hora de la siesta en busca de lugares públicos para el refresco.
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Dialoguitos al sol
El Balneario del Sol volvió a ser el epicentro del verano tandilense. Más de dos mil personas, según las estimaciones, llegaron ayer hasta la zona del Lago, para ingresar al espacio prolijamente conservado.
Grandes y chicos, con sus reposeras, sillas y canastas con todo lo imaginable, se instalaron en derredor de las variadas piletas del complejo.
Allí, sobre el césped, amparados por sombrillas o árboles, los menos arriesgados se dedicaron a la charla, el mate y la lectura dominguera.
Los jóvenes y chicos, por su parte, le hicieron frente al sol sin tapujos, sea cerca del agua o en las canchas y juegos de las inmediaciones.
María, una vecina de Villa Italia que llegó con su marido, convidaba mate y bizcochos desde su cómoda reposera. Curiosa ante la llegada de El Eco de Tandil, se atrevió al comentario: ?Está muy lindo el lugar, este verano no habíamos venido, pero la verdad es que está impecable?.
Consultada sobre sus preferencias, dijo que ?ya estuve en el agua, y está muy linda. Ahora nos dedicamos al mate y la charla con otro matrimonio conocido que encontramos?.
Sobre la alta temperatura, ironizó que ?en casa nos cocinábamos, así que decidimos venir para acá. Creo que para el que no puede irse al mar, éste es un lindo lugar para pasarla bien?.
Carla, una joven madre, observaba con atención los movimientos de sus dos pequeños hijos. ?Venimos casi todos los fines de semana. Ellos acá enseguida hacen amistades y la pasan bárbaro. Y yo, que no me pude ir de vacaciones, aprovecho para relajarme?.
Roberto se enganchó enseguida en la conversación. Recientemente suspendido de su trabajo, se quedó sin fin de semana en la costa y con la obligación de apretar el cinturón. ?Con mi mujer, solemos venir algún sábado o domingo. La pasamos lindo y es algo económico, acorde a los tiempos que estamos atravesando?.
Nahuel, un adolescente oriundo de Capital Federal, que decidió hacer dos días de escala en Tandil, antes de seguir viaje hacia la costa, opinó que ?están buenas las piletas y lo que he podido conocer de la ciudad. Hoy a la mañana no hicimos nada, porque ayer (por el sábado) salimos y nos acostamos muy tarde?, dijo haciendo cómplice a su amigo Miguel. Este comentó que han visitado, en rápida pasada, La Movediza, El Centinela y el Parque, y que planean volver con más tiempo. ?Capaz que para Semana Santa, si ahorramos unos pesos, nos damos una vuelta. Nos gustó mucho la ciudad y nos quedamos con ganas de comer más salamines y quesos?.
La sombra, ese rito
Un poco más allá, en el perímetro del Lago del Fuerte y a la vera de la avenida Don Bosco, encontraron su lugar aquellos que domingo a domingo dejan pasar el tiempo, según dicen, plácidamente.
Jorge y su esposa, con equipo de mate, sandwiches y hasta su perro Pluto, eligieron el sitio de costumbre, cerca del murallón, para estacionar su auto. ?La verdad es que hizo un calor bárbaro, recién está aflojando un poco?, declararon al atardecer.
Después de la siesta, Hugo, también con esposa y un pequeño hijo, enfiló para el Lago. ?Estaba bravo para dormir, así que salimos. Acá corre un poco más de aire?, dijo e interrumpió el relato para festejar el gol que la radio le acercaba del Ogro Fabbiani, el que le daba la victoria a River en Rosario, a puro bocinazo.
En otros paseos de la ciudad, la escena se repitió calcada. Gente y más gente, según gustos y posibilidades, se aferró a la costumbre de pasar el día al aire libre. Esta vez, el calor hizo que tuviera que hacer un esfuerzo mayor para encontrarlo.
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