Teatro Colón: Una celebración centenaria, silenciosa y desolada (25-5-08)
Tal cual lo señalamos, no se cumplirá con la promesa de rehabilitar la sala del primer coliseo hoy, 25 de mayo, en que se cumplirán exactamente los primeros 100 años de vida del mismo, ni se podrá escuchar, obviamente, a la misma gran ópera con que fuera inaugurada: ?Aída?, de Giuseppe Verdi.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailImportancia y trayectoria
El Teatro Colón es una pieza clave de la cultura argentina. Declarado Monumento Histórico Nacional, constituye un emblema de consagración mundial de la capacidad nacional y porteña en la materia. La famosa frase ¡Al Colón…! es indiscutido sinónimo de triunfo y gloria, y se puede escuchar entonada con convicción, hasta en los labios más humildes.
Alquimia única, ésa es la esencia de nuestro gran teatro, que representa, en muchos sentidos, la condensación y la síntesis de la capacidad de generar grandes salas de espectáculos líricos que se desarrollaran a lo largo de dos siglos en el mundo y que desaparecieran de allí en más, a partir de la Primera Guerra Mundial.
Tras magníficas creaciones como los teatros de París, Frankfurt, Munich, La Escala de Milán, Dresde, La Fenice de Venecia, Liceu de Barcelona, El Carlo Fenice de Génova y algunos otros, se llega a nuestro Colón, que pasa a constituir la máxima expresión en la materia en el orbe entero.
Breve historia del
origen de este Coliseo
En el siglo XIX la población de Buenos Aires mostraba una inocultable inclinación hacia las expresiones de la cultura y el progreso, que particularmente se manifestaban por aquel entonces en la lejana Europa.
Entre ellos, sobresalía la atracción de la ópera, máxima expresión en materia de espectáculos sonoros de la época. Dicha predilección, entre otros factores, hizo posible que la Capital pudiera llegar a tener hasta siete salas importantes en los portales del siglo XX.
Dentro de lo expresado, se destacaban tres salas: La Opera, el Politeama y el viejo Teatro Colón. Este último ubicado en Rivadavia y Reconquista e inaugurado el 25 de abril de 1857, pasó a constituir el máximo deleite en las siguientes tres décadas.
En 1888 se ordena la venta del edificio, primero en su tipo que se realizara sobre una construcción metálica y poseyera iluminación a gas. Esto dio lugar a que se emplazara en ese predio, la Casa Matriz del entonces Banco Nacional, hoy de la Nación Argentina.
Con los fondos obtenidos de esa venta, pasa a llamarse a licitación la construcción del nuevo Teatro Colón en los terrenos de la vieja Estación del Parque del Ferrocarril Oeste, actual emplazamiento de ese futuro gran Coliseo. Gana el concurso un entonces empresario Angel Ferrari, quien confía al arquitecto, también italiano, Francisco Tamburini, la realización de la obra.
Este profesional, de amplio prestigio y de profundos conocimientos, aprovechó sabiamente el lugar, erigido sobre tierras de albañal (el puerto original de Buenos Aires casi llegaba hasta la actual calle Suipacha), factor este que favoreciera notablemente la envidiable acústica de la sala.
Tamburini, autor también de la Casa Rosada, fallece poco después en 1892, dejando apenas comenzados los cimientos del edificio.
Las autoridades confían entonces en un íntimo y muy idóneo colaborador suyo, el también italiano Víctor Meano, para seguir adelante en la faena, modificando y también perfeccionando el proyecto original. A su vez, y por causas desconocidas, fallece extrañamente el desgraciado Meano en 1904 (fue asesinado)
En un difícil momento de amenaza de naufragio, ante los cambios de mando en la colosal obra, las autoridades municipales convocan al ingeniero francés Luis Dormal, becándolo primero en la Escuela Especial de Arquitectura de París, famosa por las restauraciones de catedrales góticas y haciéndolo visitar seguidamente los grandes teatros, descifrando los secretos relevantes de los mismos. Manos a la obra, este genial constructor concretó la realización de la alquimia suprema que logró obtener en la erección final del Coliseo. Dormal consiguió condensar y sintetizar el nacimiento del nuevo y mayor Templo del Arte, así bautizado desde entonces por sus integrantes y el mundo todo.
Se llega así a la inauguración del 25 de mayo de 1908, tal cual lo señalado, con la representación de la ópera ?Aída? del inmortal Verdi y pasando a proyectar, de ahí en más, la identidad cultural nacional a escala mundial. Sus insuperables condiciones artísticas, su colosal arquitectura, su trayectoria y el nivel artístico y artesanal de sus miembros, le valió ser conceptuado como Patrimonio de la Humanidad, por las Naciones Unidas.
Nuevas obras y modificaciones
El 1938 se realizaron ampliaciones que permitieron agregar 2450 metros cuadrados. Entre 1938 y 1964 se realizó una importante ampliación, que agregó la construcción de 3 subsuelos sobre el sector de la calle Cerrito y la avenida 9 de Julio y que sumó otros 19910 metros, hasta completar los 58000 mil metros definitivos y actuales.
El tramo final fue ganado por licitación por el estudio del arquitecto Mario Roberto Alvarez. Surgieron problemas, en especial por la presencia de filtraciones no previstas y que, entre otras complicaciones, no permitió el aprovechamiento de la sala de ensayo principal, concebida para reemplazar y liberar a la sala del Teatro que continuó siendo el lugar de trabajo obligado para toda circunstancia.
A mediados de los 80, el teatro modificó, por especial empeño de su entonces director general, licenciado Ricardo Szwarcer, la parrilla superior del escenario, al reemplazar madera por metal, concretamente unos 120 motores pequeños, entre otros. Este agregado permitió agilizar en especial la acústica del escenario, endureciéndola.
Simultáneamente, se empezó a desarticular el modelo de producción propia del teatro, perfeccionado desde los años 30. Esa mecánica de trabajo tuvo gran incidencia para que el teatro ganara fama mundial, a través de sus más que eficientes artistas y artesanos. Ni bien terminaron las obras, Szwarcer abandonó el país y no brindó explicaciones posteriores.
Master Plan
Se arriba así al final del siglo XX, con esta maravilla de suprema nobleza necesitada de cirugía, que pese a lo intenso y exigente de su empleo polifacético, debió además soportar estoicamente embestidas destructivas, fruto de la desidia y/o negligencia, realizadas o permitidas por distintos responsables que no estuvieron a la altura de sus obligaciones.
Este paciente añoso, pero siempre hidalgo y apuesto, necesitaba de labores de restauración y nueva puesta en valor, pero precisó más de sabia prudencia clínica, no alterando prioritariamente estructuras irreemplazables, que cirugías traumáticas, con la consiguiente posibilidad de causar daños irreparables.
Como anécdota diré que pude escuchar, en los 27 años en que pertenecí a la Orquesta Estable del Teatro Colón, en múltiples ocasiones y de la boca de viejos artistas, una especie de leit motiv y que se repetía con un acento místico: ?Hay dos cosas sagradas que no se pueden modificar en este mundo: el rostro de la Madonna (en obvia alusión a la obra de Miguel Angel) y el Teatro Colón (sic).
Como fuera, llegamos a la presentación de un ostentoso ?Master Plan?, que se iniciara en 2000, poco después de asumir como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra y bajo la órbita de los sucesivos directores de Cultura; Jorge Telerman, Gustavo López y la arquitecta Silvia Fraje.
El plan preveía llevar a cabo obras totales de restauración, renovación y nueva puesta en funciones del gran Coliseo. La terminación del mismo estaba asegurada para el ya señalado centenario, o sea hoy.
El financiamiento se logró con fondos de un importante crédito del Banco Interamericano de Desarrollo y propios, del Gobierno porteño.
El equipo de profesionales responsables de las obras fue presidido por la arquitecta Sonia Terrero, formando parte, además, los arquitectos Dorado, Schulman, Scagliotti, Brandariz y Bettina Kropfl; los ingenieros Sánchez Quintana y Del Carril, entre otros.
Hasta febrero del actual 2008, el flamante jefe de gobierno porteño Mauricio Macri informa que se realizó el 30% de las obras comprometidas. En opinión de los trabajadores del teatro y ante la falta de una información oficial sobre el delicado tema, la opinión ambiente es que se llevan gastados alrededor de veinte millones de dólares.
Resulta sensato calcular que el costo de ese 70% que resta realizar, demandará el doble de lo ya invertido, en opinión del nuevo gobierno.
Conforme a las escasas informaciones brindadas por las autoridades del Master Plan, a partir del anuncio de la iniciación de las obras, se fueron llevando tareas que se podrían definir como ?internas?, tales como la reparación del techo de zinc, los vitrales del gran foyer, consolidación de balcones, restauración de fachadas y mosaicos venecianos, entre otras. Esto permitió continuar, con limitaciones, el funcionamiento del coliseo hasta la fecha del cierre definitivo.
Ello se materializó en un recital de despedida a sala llena y que corrió a cargo de la cantante nacional Mercedes Sosa, junto a otros artistas y la Orquesta Estable del teatro, el 1 de noviembre de 2006. En esa ocasión, los trabajadores del coliseo entregaron al público asistente un comunicado donde ponían de manifiesto su honda preocupación ante la forma en que se llevaban adelante las mencionadas obras y su inocultable inquietud por la continuidad laboral futura.
A partir del día siguiente y con un enunciado formal del plazo de fin de las obras para esta fecha ya citada, se pasó a desvestir la sala central en forma total, colocándose un impresionante andamio que cubrió la herradura completa de la misma, vaciándose asimismo la totalidad de los cortinados, mobiliarios y luminotecnias.
Resulta imposible en esta nota detallar la totalidad de las obras a concluir. El cuadro de situación es desolador, abundantes grietas, fosos inundados y enormes huecos en paredes que pueden identificarse como intervenciones peligrosamente agresivas. Puede señalarse como otro tema crucial la rotura del escenario, con el aparente fin de permitir que dos grandes montacargas permitan ingresar con facilidad el traslado de grandes escenografías, pareciendo abrir el camino hacia la tercerización de megaespectáculos. Particularmente esta modificación del escenario puede resultar de extremo riesgo en el mantenimiento de la acústica, llave maestra del coliseo y en el riesgo de afectar su propia producción.
También debe agregarse a lo expresado, la retapización de 2500 butacas y la preservación del telón escenográfico original, único en su magnificencia y valor.
Como si todo este compromiso fuera poco, deben asimismo observarse el cumplimiento de las normas internacionales contra el fuego y, sobre todo, recuperarse los rasgos originales del edificio por encima de todo, preservando la maravillosa acústica del ya mencionado escenario y de la sala.
La realidad actual
Tras la presentación del presuntuoso y, porqué no, peligroso Master Plan, con su consiguiente soberbia promesa de la restauración total del coloso, llegamos a hoy, en esta fecha de tanto valor patrio, a encontrarnos con un Colón en silencio y que se viene abajo, en un aparente callejón sin salida. El espléndido navío hace agua y nadie parece tener la solución, en un plazo razonable, de poderlo reflotar.
Las responsabilidades se eluden y sobran dudas al respecto de la pericia de los profesionales intervinientes en este ambicioso Plan, a la luz del bochorno que se vive y lo incompleto de sus obras tras ocho años de iniciación.
También debe mover a investigación fiscal el respaldo brindado por los dos anteriores Gobiernos de la Ciudad a este colosal Plan y que desembocara en este fiasco, como asimismo la falta de intervención de organismos nacionales responsables de la preservación del Patrimonio Nacional que debieron realizar una eficaz gestión de control, en todo este proceso tan trascendente.
Si pudiera ver nuevamente espléndido a mi querido Teatro, empeño mi palabra ante la comunidad que haré público ese reconocimiento a quienes puedan recuperarlo, presentando las debidas y públicas disculpas.
Mientras tanto, me siento totalmente apenado, como músico y argentino.
(El maestro Aníbal Alfredo Orbe se desempeñó como violoncelista titular en la Orquesta Estable del Teatro Colón, hasta 1993, fecha en que se jubila y pasa a residir en Tandil).
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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