Techos
Sea por las fotos de allá arriba, por la escasa efervescencia de sus candidatos de acá abajo, o por lo que fuere, Miguel Lunghi decidió esta semana ponerse la campaña al hombro. Quizá como nunca, el Intendente se metió de lleno en la puja provincial, un medio al que no está acostumbrado, e incluso intentó esquivar en sus más épicas batallas como ladero de un radicalismo de rodillas.
En ese contexto, habló del ?travestismo político? de la oposición y de la ?payasada? de las candidaturas testimoniales, dos definiciones impropias de la mesura que se le había recomendado en otras situaciones y que abandonó definitivamente en pleno conflicto del campo. A partir de allí, el pediatra trepó a la cosechadora y pateó el tablero. Quizá, el último desplante del gobernador Daniel Scioli en La Cascada y el débil goteo de recursos hayan hecho el resto.
Lunghi es, como desde 2003, el nervio motor de la campaña. Pero ahora su pulsión se hace notar sin medias tintas. Su elevado perfil en la lucha proselitista, más la gestión y los recursos volcados a tal efecto lo encuentran al tope en la intención de voto, según todos los sondeos. El peronismo, otra vez dividido, apenas aspira a dejar una imagen que no erosione definitivamente la chance de sus mejores hombres de cara a 2011. Más lejos, Nilda Fernández aún confía en los indecisos y en un antilunghismo exacerbado en pasadas confrontaciones.
En el camino, los últimos siete días dejaron poco, salvo la imagen de un Concejo Deliberante atendiendo una deuda de éste y anteriores gobiernos: La vivienda. El déficit habitacional, sutil definición que no significa otra cosa que estar en la calle (las vías prácticamente ya no existen), llevó a un grupo de mujeres a reclamar ante sus representantes. Ellas y sus familias no tienen techo. Los políticos, parece que sí.
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