?Tengo esperanzas de reconstruir a la familia, pero sola no puedo, necesito ayuda para salir de esto?
Graciela García tiene 40 años y una vida que ya le ha mostrado una de las peores caras. A los 15 años formó su familia al lado de un hombre con quien tuvo diez hijos y todo lo que parecía una vida normal, de rutina y de trabajo, se transformó en pesadilla al descubrir, en el seno de su hogar, una situación de abuso.
El drama que se vivía entre las paredes de la casa finalizó por fin y pasó a ser hoy resorte de la Justicia, con su marido, el acusado, detenido, y a la espera de los pasos a seguir en la causa y la sentencia.
Pero mientras tanto, son muchos los actores que se ven resentidos y pagan las consecuencias de este tipo de situaciones. Las psicológicas, las sociales y las económicas. La vida sigue, debe continuar. La familia o lo que queda de ella, deberá tratar de rearmarse, cerrando filas ante la diversidad, volver a unirse, basados en la contención de todos los estamentos del Estado, que deben estar atentos a la otra cara del drama. Atentos a lo que queda cuando se supone ?equivocadamente- que con una detención la situación está resuelta y ahí, finaliza el problema.
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Graciela García tiene diez hijos. Tres de ellos ya han comenzado su camino y quedaron a su cargo los otros siete. Sin embargo, la tarea de esta madre atraviesa, desde el drama descubierto, una situación que hoy la lleva al límite de lo soportable y sale a pedir ayuda.
Al estallar la verdad en la cara de todos, Graciela perdió su hogar y el sustento principal de la familia, que era aportado por el padre, aunque ella hacía trabajos de repostería y amasaba pastas y esas cosas para acompañar el esfuerzo y aportar su granito de arena a la economía familiar.
La familia se disolvió y con ella, el techo que los albergaba, que no era propio sino que era habitado mediante un contrato de alquiler. Eso se terminó y hoy Graciela prácticamente quedó en la calle con sus hijos.
En un hogar
?Cuatro de ellos, de 12, 11, 9 y 7 años, los dejé en un hogar para que estén bien cuidados mientras trato de resolver la situación que atravesamos?, comenzó diciendo la madre. ?Lo único que conseguí hasta ahora fue una casa en lo de una señora mayor, de 89 años, a la que cuido a cambio de casa y comida, pero allí no puedo llevar a todos mis hijos, eso está claro, y por eso me traje conmigo al de 14, pero esto se termina porque además necesito salir a trabajar, y por otro lado la señora está buscando a otra jubilada que la pueda cuidar y hacer compañía las 24 horas, a cambio de la casa y comida, lugar que hoy estoy ocupando yo?.
Mientras relata sus penurias, intenta controlar el llanto que está por salir. ?Estoy muy agradecida a la señora y entiendo que necesite otra persona y por otro lado, quiero estar con mis hijos, cuidarlos y tenerlos conmigo, porque son mis hijos. Demasiado sufrieron ya como para que estemos así, todos separados, pero ya no sé qué hacer, por eso acudo a este pedido?.
?No consigo alquilar?
Graciela reconoció que desde el Municipio y el área de Desarrollo Social le han brindado ayuda. Le aseguraron que se harán cargo del alquiler de una vivienda, pero el drama sigue. ?Ya he recorrido todo lo que se puede ir a ver, pero nadie me quiere alquilar porque no consigo una garantía. Mi círculo familiar o mis amigos, los que me pueden ayudar, o no tienen propiedad o está en sucesión o es bien de familia, no sé, se me complica todo de nuevo, porque ya que conseguí que el Municipio me dé una mano, no consigo quién me quiera alquilar, porque, a veces, lamentablemente, cuando decís que el que paga es el Municipio, lo piensan un poco porque creen que es complicado?.
?Siempre me
arreglé sola?
?Nunca había tenido que salir a pedir ayuda. Siempre me arreglé sola, en casa, con mis hijos y con las cosas con las que podía ayudar a la economía de la familia, pero ahora estoy desesperada. Quiero salir a trabajar. Sé cocinar, sé hacer pastas y masa para pizzas, empanadas y todo eso, conozco el trabajo de panadería?, dijo y sonó como una súplica.
?Por otro lado -siguió-, necesito solucionar el tema de la vivienda para recomenzar con mi vida, junto a mis hijos, tratar de recuperar lo que se pueda de esta familia, pero juntos y con esfuerzo, el que estoy dispuesta a hacer como lo he hecho siempre por ellos, para que al menos tengan esperanza de un mundo distinto y poco a poco puedan ir borrando de sus cabezas todo esto que les ha tocado vivir? y encima tener que estar separados por una cuestión de plata, de trabajo?.
Graciela García aguarda con esperanza, aunque todo se le perfila en contra. ?Ya no sé qué hacer. Cada vez que voy a buscar a los chicos al hogar, se me hace un nudo en la garganta y me prometo a mí misma que esto tiene que cambiar. Los busco y no puedo ir lejos, porque si se cansan, no tengo plata ni para volver en colectivo y si les da hambre, mucho menos, nada les puedo comprar, como haría cualquier madre que sale de paseo con sus hijos. No sé, siento que nadie me escucha, que para juzgar están siempre listos, pero nadie, nadie, sabe por todas las cosas y presiones que tuve que pasar? dijo, y, finalmente, quebró en llanto. No pudo más.
El celular de Graciela García es 154-66201.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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