Teresita Arancibia, la ?Globera?, encara el desafío de estudiar abogacía a los 59 años
Teresita Arancibia espera sentada en un banco de madera, en el histórico hall del colegio San José. En unos minutos entrará a clases en la carrera de derecho de la Universidad Fasta, que funciona en las aulas de la centenaria institución.
Más conocida en la ciudad por su apodo, la “Globera”, terminó el secundario hace un par de años y luego se recibió de un curso de secretariado jurídico. A los 59 años, decidió seguir una carrera universitaria y no es casual que fuera abogacía, ya que ha desfilado muchas veces por los pasillos de los juzgados por “circunstancias de la vida”.
Hoy ya no cuida coches por monedas en la Plaza Independencia, porque cree que no es compatible con su sueño de recibirse de abogada. Consciente de las dificultades que pueden aparecer en el camino, dice que hará el máximo esfuerzo porque le quita horas de compañía a su hija de 31 años, que padece de hidrocefalia.
“Empecé a estudiar derecho por un anhelo muy grande que tenía y me había sido imposible, se me había coartado por múltiples circunstancias de la vida. Ahora se me abrió una mínima luz como para poder hacerlo y no desperdicié la oportunidad. Estoy muy ansiosa por poder salir adelante en esta área y con la gran ayuda de Dios, poder recibirme”, cuenta en el inicio de la charla con El Eco de Tandil.
Tersita confiesa que por sus ansias de seguir superándose “tomé la decisión de hacer esto con inmenso sacrificio, espero en la ciudadanía alguien que pueda prestarme ayuda porque es muy alto el arancel y no voy a poder, pero en la medida que Dios me ayude voy a hacer todo lo humanamente posible para poder llevar a cabo este gran sueño”.
-¿Cómo fue su primer día de clases?
-El primer día de clases me hice presente. En realidad, es un ámbito de mucha paz, de mucha tranquilidad. Es una universidad que tiene gran contención, mucha comprensión, y con todos esos medios, espero que lo demás sea leve y de pronto sortear todas las dificultades para poder seguir avanzando en esta carrera que tanto me apasiona.
-Ha pasado mucho por los juzgados por distintas situaciones, ¿cómo percibe ahora ponerse del otro lado?
-Positivamente. En realidad, he conocido muchísimas facetas de la vida, un gran porcentaje injusto. Me ha nacido una rebelión contra la injusticia y un gran deseo de hacer justicia, pero la verdadera justicia y fidelidad que el pueblo humano necesita.
-¿Cree en la justicia?
-Es cuestión de hacerla en sociedad. La justicia existe sobre la base de que Dios hizo la justicia; pero más allá de haberla hecho él, los humanos lamentablemente no la seguimos en gran parte. Es cuestión de cada uno, individualmente, en la medida de lo posible, procurar hacer esa justicia.
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-Espero recibirme y después se me van a abrir horizontes que hasta ahora desconozco. De acuerdo a mi teoría, tengo idea de recibirme a los 64 ó 65 años.
-¿Cuántos años tiene?
-Actualmente, 59. Son cinco años de carrera; aproximadamente a los 64 ó 65 me recibiría, si todas las cosas me van prósperas.
-Es una carrera difícil, hay que estudiar mucho, ¿cómo se ve ante este desafío? Esto de pasar horas y horas frente a los libros…
-Las paso. Hay noches que las paso casi íntegramente levantada estudiando. En realidad, a veces estoy media agotada, no lo voy a negar, pero es tan grande el anhelo que todo sea por esta bendita carrera.
-Ahora ya tiene sus hijos grandes, ¿o le queda algún pequeño?
-Todos mis hijos son grandes, la mayoría casados, lo cual me da más libertad para poder realizar esto y le doy gracias a Dios por eso. Estoy viviendo con una de mis hijas casada, con mis nietos, pero llega la hora de estudiar y no existo. Voy a intentar, me cuesta porque una mente adulta no es como una joven; pero pese al costo tanto material como intelectual, si Dios quiere, voy a intentarlo por todos los medios, voy a tratar de vencer toda dificultad con la última fuerza que tenga, de manera tal que pueda cumplir ese anhelo porque tengo muchos deseos de poderme recibir.
propia ruta”
-Redoblo el juego porque la vida me había frustrado toda oportunidad a mi edad joven, cuando debía hacerlo, por diversas circunstancias. Habiéndome visto privada de todo esto, ahora que es la oportunidad aparentemente, no voy a desviar los años que tengo y es una inquietud muy grande. No me sentiría en paz terminando mi ciclo de vida sin haber tenido esta gran victoria. Me juego en este desafío en virtud de poder alcanzar esto.
-¿Se siente un ejemplo? Por la voluntad, la fuerza, las ganas…
-No lo hago con el más mínimo interés de destacarme ni de dejarme ver por la gente. No voy a ser ni más ni menos por los comentarios adversos o buenos que la gente formule sino que quiero ser mi yo propio, correr por mi propia ruta, cumplir con mi deseo, hacer en la medida de lo posible lo que pueda y hasta donde Dios me dé la fuerza, hasta donde Dios me dé la vida.
-Desde que comenzó a estudiar, ¿en qué cambió, en qué la ayudó estar más preparada?
-Me siento un poquito más alto en nivel social. He cambiado el vocabulario, malas costumbres que anteriormente tenía y hoy gracias a Dios no las tengo. En múltiples cositas que la educación da.
-Ya no la encontramos en la calle, ¿cómo hace para mantenerse económicamente?
-He tenido que dejar la plaza por una cuestión de ética y por una cuestión de tiempo, necesito estudiar. Aparte no queda bien una cosa con la otra, entonces tenía que dejarla. Me dan una pensión mínima de 700 pesos y una pequeña ayudita que me da Bienestar Social, gracias a Dios. Aprovecho para agradecerles a Guillermina Macchi y a Rubén Diéguez, les agradezco a estas personas por este gran bien que me están haciendo. Es un mínimo en realidad, pero demasiado con lo que han hecho y hacen. De esa manera, estoy pudiendo, muy dificultosamente, hacer esto, sacrificando en cierto modo hasta la comida en oportunidades. Que sea lo que Dios diga, pero quiero recibir esta gran satisfacción y me sentiría morir si se me frustrara esto porque es parte de mi vida, es una fracción de mi vida.
-A pesar de su experiencia con la Justicia, que a veces habrá demorado en las respuestas, ¿igual es un anhelo ejercer?
-Me gustaría más que nada trabajar en el Juzgado de Familia y poder hacer primeramente lo que Dios quiere y la ley, y buscar el máximo de justicia como jura cuando uno asume. Jurar con el alma, con la vida y con el corazón, más allá de mirar la plata, más allá de mirar cosas sociales, poder actuar con la justicia que Dios quiere y hacer todo lo mejor para este mundo, y lo que yo ayer sufrí no lo tengan el día de mañana que sufrir otros por mi causa. No me importaría hacer juicios gratis o trabajar gratis en virtud de una mamá.
-Le gusta la cuestión social…
-Me apasiona; me apasiona hacer el bien en todo lo que me sea humanamente posible.
-¿Cómo se siente en el aula con compañeros más jóvenes?
-Me siento muy contenida y a la vez, hoy por hoy que hay tanta decadencia, me siento muy respetada, porque la juventud miento si digo que me ha dicho alguna cosa fea, al contrario, me he sentido muy entornada, me han ayudado muchísimo mis compañeros y compañeras, me siento integrada. Realmente mi único miedo es no poder llegar a aprender.
Aprovecho para pedir que si alguna persona que esté capacitada para darme una ayuda intelectual, que me pueda dar una clase de apoyo, que no demore en decírmelo. Yo lo gratificaría con lo que pueda, con lo que tenga, no puedo pagar mucho, pero le agradecería con todo el corazón porque me encuentro muy floja en las materias, es muy difícil, muy largo, y estoy poniendo voluntad e interés y empeño, porque mi intelectualidad no me da para mucho, pero voy a dar de mí lo máximo que pueda para lograr este objetivo tan importante.
-¿Qué le dice la gente cuando que cuenta que decidió estudiar derecho?
-A la gran mayoría le causa risa, porque la gente lamentablemente es muy burlista. Me miran a la cara, que cuenta la edad que tengo, y si no es toda es gran parte, les resulta un tanto ridículo, perdón por la expresión, pero como diciendo ‘esta vieja a la edad que tiene se va a poner a estudiar para defender gusanos’. Bueno, si es para defender gusanos, Dios sabrá lo que hace conmigo, y si es para defender al público, estoy pronta. De manera tal que la vida es de Dios y no mía, y yo quisiera en esta vida, en esta tierra, aunque sea darme el gusto de defender cuatro, cinco, diez casos, hasta que Dios me permita y poder defender con equidad y como debe ser, sin corromperme, a favor de la justicia.*
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