¡¿Terrible?!
Cuando Julio Ernesto Vila veía a un boxeador que ganaba fácilmente por fuera de combate varias peleas seguidas soltaba: ?Pega como un animal, pero sabremos cuán bueno es en el momento en que le toque sufrir una pelea?.
Walter Darío Matthysse fue un medio mediano que empezó a concitar la atención de los aficionados al hilvanar una serie impresionante de victorias por nocaut, en donde los rivales caían demolidos por sus poderosos golpes. Con 26 victorias, 25 de ellas por nocaut, con 22 seguidas parecía imposible que alguien pudiera vencerlo.
Ante tanta potencia se lo llevó a Estados Unidos. Allí debutó de visitante con Xavier Tolliver donde volvió a demostrar su potencial y en un round terminó a quien prácticamente vapuleó en el primer cruce. Tolliver pegaba duro pero no aguantaba nada, tal lo que se lee en su record.
Allí vino el engolosinamiento y su siguiente incursión en el norte fue con el peor rival que se pudo elegir: Paul Williams. Sumemos, invicto en 29 peleas, noqueador, largo y zurdo. Era demasiado para quien frente a sí no había tenido hasta el momento a nadie que le hiciera un poco, nada más que un poco de fuerza. Fue completamente controlado por el futuro campeón del mundo recibiendo un castigo excesivo al que puso final el árbitro Jack Reiss, al detener el combate en el décimo round, cuando todavía faltaban dos.
En esa pelea se descubrieron dos cosas, que no estaba preparado para sufrir ni tampoco a la altura de las expectativas que alrededor de él se habían creado.
Vuelto a nuestro país ganó una pelea intrascendente y como no le bastó la golpiza de Williams le eligieron para retornar a los Estados Unidos nada menos que a Kermit Cintron, que en dos rounds lo liquidó. En casos como éstos, lo aconsejable es el descanso para recuperar la herramienta del boxeador que es su físico y volver a empezar para recuperar la confianza y tratar de retomar el camino. Lo peor que puede hacer un boxeador que se viene cayendo es enfrentar a un aguerrido o a un fuerte pegador.
La pelea era taquillera, sin dudas, pero el rival, Sebastián Luján, era justo el menos indicado para el momento que estaba pasando Matthysse. Luján es una máquina de tirar golpes y aunque de cien acierte diez, esos diez duelen. Además, Luján les había hecho la pata ancha a los campeones del mundo Antonio Margarito, Sergiy Dzinziruk y al peligrosísimo Jamie Moore. Matthysse esta vez en el quinto round, preguntó si alguno había visto la patente del camión que lo pasó por encima. El paso siguiente fue peor. Subió de categoría y lo enfrentaron con el fuerte congoleño Alex Bunema. Otros seis rounds en el infierno hasta que cayó nocaut.
¡Qué había quedado de aquel ?Terrible? que ahora visitaba la lona en serie! Seguramente nada.
El final se precipitó -salvo que alguien quiera seguir usufructuando de su físico- el sábado pasado cuando subió otra categoría más y peleó con el campeón sudamericano de los medios Oscar Véliz que tiene un record discreto con 15 peleas perdidas. Empezó a toda máquina, Véliz se cubrió y lo peleó de contragolpe, cada impacto era una bazooka para un físico que ya no aguanta nada y con manos que hace tiempo tienen la pólvora mojada. Hace muchos años que no se veía a un rincón piadoso como el que se compadeció de lo que quedaba del otrora inaguantable noqueador. Antes de que la catástrofe fuera total arrojaron la toalla. Matthysse lloró y ojalá que no lo haya hecho por perder una pelea, sino porque se ha dado cuenta de que ésta? ¡debe ser la última!
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