Testigos buscaron desligar a uno de los imputados y apuntaron a otro sujeto en la escena del asalto
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Ayer se dio continuidad a la audiencia oral y pública en el Tribunal Criminal 1, en la que se juzga la responsabilidad penal de tres personas sindicadas como las autoras del violento asalto perpetrado en enero de 2010 en una casa donde se ejercía la prostitución.
Tras el testimonio de las víctimas del suceso, ayer fue el turno de los testigos aportados por la defensa, principalmente aquellos citados por el defensor oficial Diego Araujo, que busca desligar del hecho a uno de sus pupilos, Marcelo Sosa.
Como se había informado, oportunamente las víctimas (una mujer y un travesti) tras relatar lo vivido hablaron del reconocimiento de dos del trío de sospechados, entre ellos Sosa, identificación que se hizo durante la instrucción, pero que ahora en la sala de acuerdos, frente al juez, no podían reconocer.
Fue así entonces que la defensa hilvanó su estrategia precisamente aportando testimonios que lo ubicaran a Sosa fuera de la escena del hecho delictivo, no sin antes deslizar sobre quién pudo ser el tercer integrante que junto a Fernando Cichilitti y Víctor Marcotte (ambos muy comprometidos en el caso) realizaron el atraco.
Testimonios
Tras la declaración de un par de policías que intervinieron en el caso, llegó el turno de allegados y familiares de Sosa, quienes respondieron sobre lo que recordaban de aquel día del suceso.
En efecto, a sus modos y sus formas, ratificaron que Sosa aquella noche de viernes estaba en el terreno de Saavedra y 25 de Mayo jugando a la pelota con amigos.
Así, desfilarían algunos de los pibes que compartieron el informal cotejo futbolero desde las 22 hasta pasada la medianoche. Recordando concretamente que esa noche (ninguno pudo precisar fecha ni mes, pero sí que era esa noche a la que lo acusan del robo) estaba con ellos.
Vecinos de la esquina, sin relación afectiva alguna con el imputado, declararon en el mismo sentido, aunque el horario nocturno del partido se acotaba a su estadía en la vereda, no más de las 23.40.
La concubina de Marcote –uno de los acusados que confesó su autoría- relató que esa noche del delito previamente habían cenado en su casa, donde su pareja estaba junto a Cichilitti, Matías (el cliente cómplice) y un tal “Tuno”, quien precisamente la defensa busca ligar y así despegar a su representado.
La dificultad de la testigo se dio cuando el fiscal pidió que lo describiera físicamente y, según su recuerdo, poco y nada tenía en parecido a Sosa, al que las víctimas en la instrucción reconocieron.
La hermana testigo
Tal vez el testimonio más contundente por su vehemencia a la hora de mostrar su convencimiento fue el de la hermana mayor de Sosa, Patricia, ducha en estos menesteres según ella misma confió, a partir de tener hermanos con historias vinculadas al delito.
“Mi hermano es un bol… pero no tuvo nada que ver con este hecho, recién salía de la cárcel y estoy segura que ese día, esa noche, estaba jugando a la pelota, yo lo vi”, afirmó sin contemplaciones, para luego aclarar que estaba distanciada de su hermano, pero que no por ello iba a decir que por este hecho era inocente.
Reconoció también que se interiorizó e intervino en la causa, hablando con el defensor e incluso entrevistándose con las víctimas, pero no con el ánimo de amenazarlas sino de aclararles que el hermano no tenía nada que ver y conocer pormenores del caso que le permitiesen saber quién podía haber estado esa noche en el privado con Cichilitti y Marcotte, además de Matías, el amigo del travesti que dateó. Precisamente Patricia fue quien le notificó a las víctimas que había sido “su amigo” el entregador.
También la verborrágica hermana tiró un nombre y apellido y el apodo “Tuno”, y a partir de allí el defensor Araujo peticionaría la incorporación de una pieza sumarial de otro expediente, en el que consta domicilio y teléfono sobre el “famoso” “Tuno”.
El nuevo sospechoso
La estrategia defensista, entonces, será demostrar que de dichas actuaciones requeridas se evidenciará que las llamadas telefónicas que oportunamente realizó Cichilitti antes y horas más tarde al suceso están relacionadas con el teléfono de “Tuno”, no de Sosa, a quien no le hallaron comunicación alguna relacionada con el resto de los sospechosos de aquel momento.
También Araujo se toma de los primeros pasos de la pesquisa, cuando el policía Yuvisa incorpora al tal “Tuno” tempranamente en la investigación como sospechoso, pero luego por causas que el defensor trata de esclarecer se lo desestimó a cambio de Sosa y los “polémicos” reconocimientos de las víctimas.
El lunes, día en que proseguirá el juicio, el juez Arecha resolverá sobre este entuerto nuevo, planteado en plena audiencia, para luego dar rienda a los alegatos de las partes.
El caso
Como se detalló en la edición pasada, el ministerio público acusa al trío de acordar el atraco perpetrado el 9 de enero de 2010, cuando alrededor de la 1 ingresaron al domicilio de pasaje Ponteaut 686, siendo recibidas por una de las víctimas, quien los invitó a sentarse en el sillón donde estaba el cliente habitué de nombre Martín.
Les dijo que ya regresaba, que iba en busca de su compañera María y allí comenzó la virulenta crónica policial.
Empuñando armas las trasladaron a la cocina, las golpearon, tiraron al piso hasta que las encerraron en el baño, donde fueron atadas de pies y manos con cables de teléfonos celulares, en medio de más agresiones.
Allí pidieron por el botín, por la plata que presuntamente las chicas debían guardar producto de su trabajo como servidoras sexuales, hasta que finalmente se alzaron con el dinero que había: no más de 500 pesos en efectivo y los celulares de las víctimas.
Una de las víctimas, una vez disipado el temor de que los violentos intrusos se habían ido, logró zafar de las ataduras, soltó a su amiga y al salir del baño vieron cómo también el cliente salió del dormitorio con presuntas ataduras de medias de mujer ya zafadas, presumiendo que había sido víctima también de la agresión del trío de maleantes. *
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