Testigos y confesiones: Daniel Bertoya
Acariciar la gloria y que se escurra de las manos puede ser algo mucho más doloroso que mirarla de lejos. Así lo sintieron algunos, allá en julio, cuando la selección perdió la final ante Alemania y así podría evaluarse la chance que se le escabulló a Santamarina -única vez en la historia que podían subir diez equipos a primera división- el lunes pasado, en la última fecha del certamen.
Sin embargo, Daniel Bertoya, arquero y capitán durante el ascenso al Nacional B, referente indiscutido del grupo, aun cuando los últimos partidos los tuvo que ver desde el banco de suplentes, dice que la comparación no es válida. Y de algún modo deja ver que el destino deportivo de Santamarina no está en jaque, aunque en varios pasajes de su diálogo con El Eco de Tandil advirtió que la pelota, ahora, está del lado de la dirigencia.
“Me parece que es algo muy diferente a lo que pasó con la selección –aclaró. En nuestro caso el objetivo está cumplido: sumar buena cantidad de puntos para hacer base en la categoría. Pensándolo en frío, el primer paso fue bueno ¿Que de ahora en más será muy difícil ascender? Y sí, las posibilidades se van a reducir, pero ojo: el Nacional B queda con muchos equipos que recién ascendieron del Argentino A y a la vez muchos clubes de los denominados “grandes” subieron a primera. Para mí Santamarina va a seguir siendo protagonista”.
-No se te nota abrumado.
-(Sonríe) Es muy diferente vivirlo como hincha que integrando un plantel. Como jugador capaz que estoy un mes sin dormir -como cuando perdimos la final con San Francisco- porque en un minuto se te va todo, pero ahora hay que desdramatizar y ver los pasos a seguir por la dirigencia. Plantel como para ir construyendo y buscar el ascenso, en lo inmediato o en el largo plazo, hay.
-Difícil desdramatizar tratándose de Santamarina. La vida del club es una tragedia griega. Fue de la gloria a la nada sin escalas. Ahora acaba de irse el técnico y eso despierta temor en algunos hinchas.
-Sí, los cambios de técnico, lamentablemente, son cosas que ocurren seguido. La verdad que lamento mucho la ida de Duilio, porque hizo mucho para construir un plantel que ascendió y luego realizó una gran campaña en el Nacional B.
-Públicamente no queda claro qué fue lo que sucedió para que se fuera.
-Aún no he hablado ni con la dirigencia ni con el cuerpo técnico para saber los verdaderos motivos de la no continuidad, pero bueno, son gente grande y sabrán porqué. Los pasos a seguir ahora dependen de la dirigencia: si se va a continuar con esa línea de trabajo o buscar por otro lado.
-Visto de afuera por alguien que no entiende mucho de fútbol resultaba llamativo el desafío que afrontó Botella, un técnico que sin tanta chapa encaró un Nacional B. Se la bancó bien, ¿no?
-Ese mensaje es erróneo. No hace falta tener chapa: los nombres no te aseguran nada, acá se trata de cuestiones humanas, entonces cuando estás bien formado y tenés un gran cuerpo técnico donde apoyarte, no hace falta ser conocido. Si uno trabaja, es decente y llega a los jugadores, despierta un compromiso en ellos que permite buscar cualquier objetivo.
-Como sea, parece que Botella estuvo a la altura del desafío.
-Se lo ganó perfectamente. Ojalá él y el cuerpo técnico puedan seguir creciendo y subiendo a otra categoría. A la gente buena hay que desearle siempre lo mejor, más aun cuando son trabajadores. Y ellos lo son.
-Aunque te morías de ganas de entrar…
-Y sí, me moría de ganas, en el último partido ya me había recuperado de la lesión… pero hay que sumar para el grupo desde el lugar que te toque. Yo me considero un hacedor de grupos, una persona positiva dentro del vestuario y trato de predicar con el ejemplo. Si ponía mala cara estaba dando un mal ejemplo, más aún cuando nos estábamos jugando muchas cosas.
-¿Has pensado que a lo mejor hubieras tenido una vida más apacible en otro club?
-Yo no viví la etapa fea del club; en mis años acá siempre vi un Santamarina en crecimiento. Lento, rápido, pero siempre con ganas de resurgir, de volver a ser el club que fue, de recuperar una identidad. Ojalá que este crecimiento en lo deportivo vaya de la mano del crecimiento institucional. ¿Opciones de irme? He tenido muchas, pero opté por quedarme para seguir peleándola aquí.
-O sea, vas a seguir corriendo riesgos por acá.
-Ja, ja, ja. No me lo tomo de esa manera. Trato de tener una mentalidad positiva, siempre busco sacar lo bueno, más allá de que en el fútbol y en la vida siempre hay momentos feos. He logrado un sentido de pertenencia muy grande en Santamarina y no quiero que vuelva a vivir etapas oscuras. u
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“Seré yo quien abandone
el fútbol, no el fútbol a mí”
Tras defender, entre otros, el arco de Gimnasia y Esgrima de La Plata, Atlético Tucumán, Aldosivi y Defensa y Justicia, Daniel Alejandro Bertoya (39) se siente un tandilense más que, con el apoyo de su familia y con esa identificación plena que ha logrado con esta ciudad, apuesta a que Santamarina “como club” -aclara- “pueda llegar a estar lo más cercano a lo que fue”.
Y sabe que no es ese justamente un desafío sencillo. “Hoy es el fútbol el motor de la institución, sin duda, pero todo depende, por supuesto, de que Santamarina siga teniendo proyectos serios. El tiempo dirá…”.
-Hablando de tiempo, ¿te pesa la idea del retiro? ¿Lo sentís cerca?
-Es algo que va a suceder, así que mientras el físico aguante me he propuesto, dentro de lo que es el trabajo profesional y la presión de ganar, tratar de disfrutar mis últimos años todo el tiempo que pueda. Obviamente me daré cuenta cuándo sea el momento de dejar y dedicarme a otra cosa. No me acuerdo quién lo dijo, pero el jugador de fútbol es una persona diferente a todas porque es el único que muere dos veces: cuando deja de jugar y con la muerte natural. Entonces hay que estar preparado psicológicamente. Disfrutando, creo que se me va a hacer todo más fácil. Y en su debido momento voy a ser yo el que abandone el fútbol. No el fútbol a mí. u
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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