Tipo de cambio
En un nuevo intento por recuperar, al menos, parte de la iniciativa política cedida en ocho meses de parálisis psicofísica, el Gobierno K insinuó en los últimos días un movimiento tenue destinado a salir de su letargo.
Para ello, puso sobre la mesa una agenda que yacía cerrada desde el conflicto con el campo, o más bien tapada por la virulencia que él mismo le provocó a una puja innecesaria. Pero, claro está, matizada con los caprichos y las anécdotas que figuran a raudales en el decálogo del matrimonio gobernante. En este caso, la revancha contra las provincias infieles durante la guerra gaucha, la ausencia oficial en la Rural (hasta de los Granaderos), y la persecución y el exilio a los que sometió a todo heredero de la traición cobista.
Podría seguirse sosteniendo, a riesgo de pecar de ingenuo, que todo esto es apenas una cuestión de forma. De ser así, no habría mucho de qué preocuparse.
Pero no. En estos arrebatos subyace nuevamente una errada percepción de la realidad, a la que los K creen direccionar con un par de visitas a Cuyo, un subrepticio juego comunicacional, y una penosa insistencia en la veracidad de los números del Indec. En rigor, a estas alturas, suena demasiado pobre en lo argumental. Y demasiado obsceno en la práctica política.
Volviendo a la agenda, y ya sin cortinas de humo, la inflación aparece en el centro de la escena, aunque ahora reconocida a regañadientes y, como no podía ser de otra manera, con responsables extragobierno.
En la lista se instalan Aerolíneas, la consabida crisis energética, subsidios y tarifazos de por medio y, por sobre todo, la notable pérdida de credibilidad de un país al que los mercados parecen volver a darle la espalda. Para colmo de males, los commodities no son lo que eran, y en esa volatilidad también se pierde.
Si el oportunismo de Cobos, al que le sumó una buena dosis de cinismo en sus últimas apariciones públicas, puso el pie en el embrague, la terquedad de los K hizo que Cristina errara los cambios, o los metiera de prepo para continuar decididamente en un camino que no conduce al mejor de los destinos.
Y para rematar la figura mecánica, la caja ya comienza a sufrir el maltrato.
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