Tito Martínez del box

Pareciera que el azar, entre apellidos y contratantes, no le dio a este hombre de la radio ningún esquive como para permanecer alejado de los rings. Se inició en Radio Brusa, emisora que nada tenía que ver con don Amílcar, como ejecutante de banjo en la New Jazz Band.  Una vez que los muchachos del conjunto tomaron diferentes rumbos, Tito vendió su instrumento en cincuenta pesos haciendo una buena diferencia a su favor pues lo había comprado en un remate por solamente once. Cuando abandonó por última vez el auditorio pensó en no retornar nunca más a trabajar en radio. Pero el destino lo mandó a vivir en el barrio de Flores a media cuadra de Radio Nacional. Su cercanía, ese movimiento que le era tan familiar y que íntimamente añoraba, lo animaron a convencer a don Jaime Yankelevich para irradiar partidos de fútbol desde la cancha, utilizando la línea telefónica.  Sportivo Barracas y Estudiantil Porteño fueron los equipos que abrieron el fuego en estas novedosas transmisiones por Radio Nacional. Por aquellas épocas se trabajaba con grandes dosis de amateurismo a puro pulmón y entusiasmo. Nadie se puede imaginar al legendario Yankelevich despojado de su saco y tirado sobre el césped de una cancha sosteniendo unos caprichosos cables para poder salir al aire.
La repercusión de estos relatos deportivos fue de tal magnitud que Tito Martínez del Box ante una mínima insinuación no tuvo ningún inconveniente en empezar a transmitir boxeo, en especial las peleas del ídolo del momento, Justo Suárez, el Torito de Mataderos. Como dato anecdótico recordemos que la primera propalación de una pelea fue la de Firpo-Dempsey en 1923, la que en realidad fue una retransmisión, pues la primera que se irradió directamente fue la del mismo Firpo contra Farmer Lodge desde la cancha de River en febrero del ?24.
Este corajudo relator fue años después un prolífico productor que concretó grandes éxitos como ?La cruzada del buen humor?, ?Gran Pensión El Campeonato? y ?Domingos Federal? además de viajar a Hollywood y entrevistar a las más famosas estrellas pudiendo los radioescuchas argentinos deleitarse con la voz de Ingrid Bergman, Cary Grant, Ginger Rogers y otras tantas.
El relato más recordado de del Box fue el de la pelea entre Justo Suárez y Vittorio Venturi, que se iba a disputar en la vieja cancha de River en Alvear y Tagle.  Hombre de carácter, a pesar de que sabía que otra radio tenía la exclusividad conseguida mediante el pago de cinco mil pesos, se instaló en una terraza de una casa cercana con todo su equipo. Cuando los de la exclusividad se dieron cuenta de su presencia, apuntaron hacia la terraza dos potentes reflectores que le impedían la visual encandilándolo. Lejos de achicarse, dejó unos compañeros como señuelo en esa terraza y él se ubicó en otra cercana, en un edificio de cuatro pisos. El tiempo era inclemente y la molesta garúa no le impedía tener una buena visión del escenario. Ya acomodado en su sitio de transmisión y mirando risueñamente a los reflectores apuntando al señuelo que dejó, del Box se desató un vendaval de lluvia y viento que le impidió ver más allá de sus narices.  Pero Tito había decidido relatar la pelea y aunque no veía nada se inventó una espectacular ?guitarreada? en el que la pelea, según él, ?era presenciada por una multitud enardecida? y describió con lujo de detalles una espectacular actuación del Torito de Mataderos con un triunfo inobjetable. A raíz de la mojadura Tito se agarró una infernal gripe con una fiebre que lo mandó a la cama desde esa misma noche y por tres días. Cuando fue a la radio a cobrar su trabajo se enteró de dos cosas. La  primera, que casi le vale un infarto fue que la pelea se había suspendido en el cuarto round porque a raíz del aguacero no quedaron espectadores en la tribuna y la segunda, para su tranquilidad, era que su pormenorizado relato vaya a saber por la gracia de qué hada, no había salido al aire.

N. del A. Suárez también peleó con Enrico Venturi y luego de la suspendida volvió a enfrentar a Vittorio Venturi, a quien le ganó por puntos en diez rounds.

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