Todos Leemos, un proyecto que busca difundir la lectura en la sala de espera del Hospital de Niños

De lunes a viernes, en algún momento del día, la sala de espera del Hospital de Niños Debilio Blanco Villegas se llena de libros, de colores y de historias. Los chicos y sus padres, junto a las coordinadoras del proyecto Todos Leemos de la Sala Abierta de Lectura y los mediadores voluntarios, se acercan a los libros, se sientan, leen, miran los dibujos. Juegan. Algunos de los más pequeños escuchan con atención. Otros, en cambio, hacen suyo el cuento y se lo relatan a un nuevo amigo. Todos, por un rato, entran al universo de la lectura. Y todos, también, se olvidan del contexto.

El proyecto Todos Leemos nació hace seis años con el objetivo de acercar libros a los chicos y a sus familias en la sala de espera del Hospital. “Llevamos alrededor de 1300 encuentros de lectura en este espacio. De cada uno de esos encuentros participan entre tres y cuatro mediadores de lectura y entre 10 y 15 chicos. Cada chico lee, dependiendo el tiempo que esté, cuatro, cinco o seis libros. Multiplicando todo eso nos da más de 80 mil libros que se han leído en este tiempo en el Hospital”, graficó Valeria Rabal, coordinadora del proyecto. “De todas maneras, -aclaró de inmediato- para nosotros lo más importante es la calidad, el vínculo que se genera”. Alrededor, varias nenas sentadas en pequeñas mesas blancas y rojas escuchaban con atención un cuento mientras otro chico, que llevaba más de dos horas esperando su turno, repasaba las hojas de un libro.

Para poder seguir adelante y contar cada vez con más colaboradores, el proyecto busca sumar nuevos voluntarios. Los días jueves 1, 8 y 15 de septiembre de 1 a 11 en la Sala Abierta de Lectura se realizará una capacitación para mediadores que quieran sumarse al proyecto con una hora por semana para compartir lecturas con los niños y sus familias. La inscripción se realiza vía email a proyectotodosleemos@hotmail.com. Para dar a conocer un poco más el proyecto, su importancia y su alcance, Rabal charló con El Eco de Tandil.

-¿Cómo surgió el proyecto?
-Por una necesidad de la Fundación del Hospital. Ni bien inauguró, se hizo un sondeo, y los papás pensaban que lo que hacía falta en la sala de espera era que hubiera libros. Como algunas personas de la Fundación conocían la actividad de la Sala Abierta recurrieron a nosotros para que armáramos algo. “Todos leemos” es un proyecto creado especialmente para este Hospital. Fuimos probando, viendo cuáles eran las necesidades, ajustando detalles, y hoy contamos con 35 mediadores de lectura voluntarios. En un primer momento la tarea la hacíamos nosotras, pero la cantidad de horas que están los chicos en la sala hizo que sea necesaria la participación de más lectores. Entonces ideamos una pequeña capacitación donde se forman los lectores voluntarios y luego vienen a leer una vez por semana al Hospital.
-Desde la Sala de Lectura se hace mucho hincapié en la importancia del mediador.
-Sí. Nosotros creemos, y muchos especialistas lo afirman, que el libro necesita de un mediador, de un acompañante. Sobre todo en los primeros tiempos de los chicos, cuando aún no leen por sí mismos o cuando todavía no son lectores autónomos. Es muy importante la figura de quien acompaña en esas primeras lecturas. De eso depende que los chicos puedan descubrir todo el mundo que ofrecen los libros y, poco a poco, hacerse lectores autónomos.
-El proyecto va más allá de entretener a los chicos durante la espera…
-Más allá de que por supuesto los chicos cuando tienen que esperar durante mucho tiempo están entretenidos, el proyecto va mucho más allá. La idea es generar esta oportunidad de tener contacto con los libros y un mediador. Muchas veces nuestra gran preocupación son los propios padres. Muchas veces los papás, los varones, no tienen la oportunidad en sus casas de sentarse a leerles un libro a sus hijos por cuestiones de organización y de la vorágine diaria. Y hoy acá, por ejemplo, había un papá que estuvo sentado como media hora leyendo. En un momento escuché que le dijo al chico “no querías venir y ahora no te querés ir”. El chico se quería quedar leyendo. Ese tipo de cosas pasa a diario en este espacio y creemos que tal vez esta es una oportunidad para que los chicos comiencen a ser lectores.
-¿Qué otro tipo de situaciones suceden?
-Los padres siempre agradecen, le dicen a los chicos “decile gracias, otro día volvemos”. A veces los chicos se van llorando y pataleando porque se quieren quedar. Es parte también del movimiento. Pero realmente se dan situaciones muy lindas. Tratamos de centrarnos en la lectura, no tratar de solucionar otros problemas que puedan surgir, porque lo que queremos es eso: difundir y hacer que los chicos empiecen a amar la lectura porque es algo que les va a aportar para su vida. Y, además, es algo muy placentero.
-¿La actividad también ayuda a que los chicos se olviden del contexto?
-Los médicos nos dicen que los chicos entran y por ahí les comentan cosas que han leído, que entran más distendidos, no hay tensión en el tiempo de espera. Así que a ellos también les favorece de alguna manera para la atención que los chicos participen de un espacio así y que no estén sentados aburridos pensando en que va a pasar cuando el médico los atienda.
-¿Hay algún criterio para elegir los libros?
-La mayoría de los libros que tenemos fue selecciona especialmente para este espacio. Eso también lo fuimos aprendiendo. Por ejemplo, no podemos utilizar cuentos muy largos, porque a veces están leyendo y los llaman los médicos. Hay un criterio. Además tratamos de buscar literatura de calidad, fundamentalmente, y también tenemos algunos libros de información, libros de arte. Y otra alegría que tuvimos fue haber logrado tener el mueble biblioteca acá, que nos permite exhibir los libros. Cuando no hay mediadores de lectura permanece cerrado pero también sirve como promoción porque los chicos se acercan, los padres por ahí les leen los títulos y les dicen que seguramente otro día los van a poder leer. Es una manera de que los chicos observen libros, se interesen y curioseen, aunque el espacio no esté abierto.

En primera persona

Las pequeñas mesas repletas de libros que iluminan el centro de la sala de espera del Hospital están rodeadas de niños. Junto a ellos se encuentran María Laura Keegan y Clara Calvo, dos de las mediadoras voluntarias que una vez por semana comparten su tiempo con los chicos.

“Elegí ser mediadora porque tengo chicos, me encanta leer, me encanta que aprendan a leer cuentos y motivarlos con la lectura. Es un espacio donde están por ahí mucho rato esperando y está bueno acompañarlos con algo y se prenden enseguida y por ahí sirve para que ellos después sigan motivándose a leer”, confíó María Laura a El Eco de Tandil. ¿Por qué invitar a otras personas a sumarse al proyecto? Clara explicó: “Me parece que lo que tiene de bueno es que habilita a muchos chicos a historias que por ahí no ven en otro lugar, y a un contacto con los libros que a lo mejor no está en todos lados. Y esta bueno”.

“A mí me gusta porque los chicos se enganchan enseguida y está bueno, les gusta, les atrae, y no es algo que te demande mucho tiempo. Es una hora a la semana. Por ahí si alguien tiene un ratito puede ayudar a los otros. Y además la pasamos bien. Es divertido”, dijo María Laura, y Clara completó: “Aparte, los chicos te cuentan, con un solo libro, mil historias distintas, y eso también está buenísimo”.

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