?Todos son iguales de asesinos?
Están acusados del asesinato de Moreno, el ex teniente coronel Julio Alberto Tomassi, el ex mayor Roque Pappalardo y el suboficial José Luis Ojeda y los hermanos Emilio y Julio Méndez, propietarios de La Chacra de los Méndez, identificada con su apellido, que funcionó como centro clandestino de detención.
Margarita Julia Moreno es olavarriense, como toda su familia. Se casó y se vino a vivir a Tandil hace ya más de 30 años. En aquel momento quedaron en la ciudad del cemento sus padres –Julia y Domingo Moreno- y el hermano mayor Héctor Alfredo. Claro, esa no era toda la familia de origen puesto que en aquel entonces ya faltaba un integrante: el joven Carlos Alberto, abogado, desaparecido y muerto en abril de 1977 en Tandil.
La capacidad de empatía es fundamental frente a entrevistas como la que vamos a comenzar, aunque de ningún modo sea siquiera posible ponerse en la piel del otro, del que está sufriendo y pide justicia. La miramos a Margarita que nos cuenta que no conoce a los tandilenses que van a ser juzgados, no quiere fotos y respetamos su decisión. Y así como si fuera necesario para llegar al aquí y ahora comienza a hablar de cuando eran una familia clase media; papá, mamá y tres hermanos, en Olavaria, viviendo una vida tranquila sin saber la pesadilla, el infierno que pasarían un día y que los marcaría para siempre.
“Eramos una familia de clase media, trabajadora, tres hermanos, dos varones mayores y yo. Mi papá trabajó toda su vida en Molinos Río de la Plata y mamá era portera en la escuela Nº 17, de Olavarría. Ambos se jubilaron, cumplieron su ciclo y el objetivo era que sus hijos estudiaran. El mayor, Héctor, tuvo todas las oportunidades pero no le gustó el estudio y se puso a trabajar. Carlos Alberto (Beto) terminó el bachillerato y se fue a La Plata a estudiar Abogacía. Hice magisterio en Olavarría y luego la carrera de Asistente Educacional en el Instituto de Formación Docente de Azul. Más tarde me recibí de maestra especial en educación de sordos e hipoacúsicos en La Plata, alrededor de los 70.
-¿Qué pasó después?
-Cuando Beto vuelve de La Plata, recibido en 1973 comienza a trabajar en Derecho laboral. En un principio el estudio lo puso en casa de mis padres, que era grande. Papá le dijo que en Molinos necesitaban un abogado si quería ir a trabajar allí, en esa época era de Bunge y Born y mi hermano le dijo que quería ejercer del otro lado. Sus clientes eran gente humilde, uno de ellos una vez le pagó con un perrito al que llamó Lomje (Libres o muertos jamás esclavos), ese perro tenía un significado en la visión de él, en su postura, sobre todo laboral. Siguió trabajando y llegó a ser el abogado de AOMA, ya que Olavarría el 80 por ciento en esa época era cementera.
-¿Su hermano militaba?
-Pertenecía a la Juventud Peronista. A su estudio iban delegados de las ladrilleras, los de hornos de ladrillos, una mujer que después fue delegada de los porteros de escuelas, canillitas que no tenían armado su sindicato.
-¿Era popular en Olavarría?
-Sí, muy querido. De hecho inauguraron en 2010 un Centro de Formación Profesional y le pusieron su nombre. Era una persona buena, de buen corazón, leal, correcto.
En 1974 se casó con Susana, platense, y alquilaron una casa, porque como estaba construyendo… pero no la alcanzó a terminar. Recuerdo que atendía el estudio y los fines de semana iban Susana y él, subían los ladrillos y trabajan los dos para poder terminarla, estaban muy ilusionados.
Había trasladado el estudio a su casa que lindaba con quien en ese momento era el jefe del regimiento de Olavarría, teniente Verdura. Y en la esquina donde vivía mi hermano siempre había un policía de guardia, pero la noche que lo secuestraron no estaba. Verdura esa noche no tenía vigilancia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Hablaba del temor a ser secuestrado?
-No. Cuando en su momento le dijimos que tuviera cuidado porque primeros fueron por los delegados y los obreros de las fábricas, se los llevaron a todos y después obviamente en la lista seguían los abogados laborales y mi hermano estaba en el ojo de la tormenta porque no nos olvidemos que en ese momento Loma Negra era de Amalia Lacroze cuya pareja era Prémoli (Luis, ex coronel y abogado) ¡Oh casualidad!, entonces en un pestañeo “sacame esto del medio que me molesta”, refiriéndose a mi hermano y ya está. Para colmo Beto le había ganado un juicio a Loma Negra, por un obrero, más molestos estaban todavía. Le habíamos dicho que se cuidara, pero él, convencido que nada podía pasarle decía: “A lo sumo me llevan, les explicaré lo que hago y se terminó”. En realidad él creía… todos creíamos que no iba a pasar esto. Pero cuando pasó El Popular de Olavarría decía que le habían allanado la casa y encontrado armas en el patio. Mi hermano jamás usó ni tuvo un arma, pero en esa época se decía cualquier cosa.
-¿En qué marco se dio el secuestro de su hermano?
-Mi cuñada estaba embarazada de Martín, el primer nene. Matías ya tenía un año y medio.
-Carlos Alberto no llegó a conocer a su segundo hijo.
-No. Mi cuñada Susana es profesora de Ciencias Naturales y tenía horas cátedra y una era en una escuela de comercio turno vespertino. Ese día como no se sentía bien le pidió a mi hermano que fuera a avisar a la escuela que no iba a ir. El salió rumbo a la escuela y no volvió nunca más.
-¿Qué pasó en el medio que pudieron averiguar?
-Ellos guardaban el auto a la vuelta en una estación de servicio donde alquilaban cocheras, sale, va a la escuela de comercio, vuelve, guarda el auto y se va caminando haciendo las dos cuadras que lo separaban de su casa y cuando está por llegar lo levantan, lo secuestran…
-Debe haber sido una larga noche ¿es así?
-Fue tremenda. Hay un video que se pasó acá Tandil y se va a volver a proyectar, “La sonrisa del Negro”, lo hizo Matías con su hermano Martín, los hijos, donde recrean esa situación: La noche lluviosa, hacen acelerar el auto en la puerta y queda en la cuneta, en la vereda, un chocolate Sufflair que él se lo llevaba a mi cuñada y un atado de cigarrillos Marlboro. Cuando Susana ve que pasa la hora y no llega, sale y camina bajo la lluvia dejando al otro bebé y ve el auto guardado, habla con el sereno que le dice que había estado tomando mate como todas las noches, que se había llevado un chocolate, un atado de cigarrillos y se había ido caminando… ya con eso ¿qué otra cosa iba a pensar?
En esa época yo estaba en Buenos Aires trabajando en un centro educativo complementario en San Martín y vivía en Capital. Me avisan al día siguiente… fue un 29 y me avisan el 30. Dejé todo y me fui a Olavarría, mis padres estaban destrozados, mi mamá que ya tenía problemas cardíacos no lo pudo resistir, se le agravaron y falleció. Mi papá soportó todo lo que pudo, pero era tremenda su tristeza. El falleció en 1998, once años después que mataron a Beto.
-Sí y que había sido acá, en Tandil.
-¿Cómo se enteraron que fue en esta ciudad?
-Un tío mío iba a la casa de mis padres para ver cómo estaba el ambiente y pasa por la pizarra de un diario y habían escrito “En la ciudad de Tandil, en un enfrentamiento armado en el día de la fecha falleció –no me acuerdo bien el término- el abogado montonero, subversivo, etc…”, entonces mi tío le dijo a mi mamá a boca de jarró: “Lo mataron a Beto en Tandil”.
-Hasta ese momento todo eran especulaciones.
-Claro, porque mientras tanto todo eran versiones, que estaba en el regimiento de Olavarría, que lo habían llevado a la comisaría, esto, lo otro.
-¿Hicieron el peregrinaje que hacían todos los parientes de ir de un lado a otro?
-No, porque teníamos la esperanza de que en algún momento iba a aparecer. No se piensa que vas a tener que ir a la policía a preguntar dónde está… estábamos confiados en que iba a aparecer, porque recuerde que le comenté hace unos momentos cuando le dijimos algo, que él pensaba que si se lo llevaban le harían algunas preguntas y nada más. Cuando mi tío nos dice que lo habían matado acá, ya sabíamos que estaba muerto y restaba tratar de conseguir el cuerpo, por mis padres más que nada. Viajamos todos a La Plata a la casa de los padres de mi cuñada, ahí se turnaban para ir a un lado a otro porque llamaban de la jefatura de la policía que había un cuerpo, iban y no era. Lo mismo al otro día y al otro… tal vez sí hicieron ese peregrinaje al que recién usted se refería, pero ya buscando su cuerpo, sabiendo que estaba muerto. Y en este ir de un lado a otro, van mi hermano y mi papá y sí… era el cuerpo de mi hermano. Estaba ahí. Ya está.
-Es tremendo decir esto pero al menos encontraron el cuerpo, hay familias que continúan haciendo esa búsqueda.
-Por lo menos mi mamá tenía un lugar donde llevarle una flor. Y mi papá, mi otro hermano estaban destrozados pero habían encontrado el cuerpo.
-¿Dónde lo enterraron?
-La condición que nos impusieron fue que nos lo entregaban pero no lo podíamos llevar a Olavarría. Lo velamos y lo sepultamos en La Plata.
-¿Por qué no le dejaron llevar el cuerpo?
-Supuestamente porque en Olavarría toda la gente estaba muy consternada, porque lo querían mucho.
-¿Era el primer caso de desaparecidos?
-No, el primero fue Pedro Pareja, también abogado, 29 años… él no apareció nunca, nada… Cuando lo llevaron a mi hermano la primera visita que hizo mi mamá fue a la mamá de Pedro…
-¿Qué cree qué hubiera pasado si lo llevaban a su ciudad?
-Toda la planta obrera de la cementera estaba indignada consternada, mucha gente, los de los hornos de ladrillos, los canillitas, porteros, mucha gente estaba involucrada con él y mi hermano obviamente tenía su forma de ser, joven, de mucha confianza y queriendo cambiar el mundo como querían muchos chicos en esa época, con un idealismo que por desgracia a esta gente no le convenía, entonces, listo “saquémoslo del medio”.
-Sabíamos que había muerto en Tandil, mis padres estaban tan agobiados que ya no tenían fuerzas para averiguar nada.
Con el tiempo me casé, vine a vivir a esta ciudad, conocí mucha gente por mi tarea de docente y con un grupo de amigos un día fuimos a incursionar por la zona de la quinta de los Méndez.
-¿Los conoce?
-No.
-¿Qué pasó en la quinta?
-Hicimos un reconocimiento del lugar… después de eso hubo un impasse, esto fue en el 83 creo…
-Con el advenimiento de la democracia.
-Sí… allí me quedé porque mi mamá me decía “no te metas mirá lo que le pasó a tu hermano”. Y bueno, no quería que sufriera más de lo que sufría ya. Bajamos la persiana, aunque el dolor no se va nunca, bajemos la persiana, lo único que hubiera faltado es que le secuestraran un hijo más, hubiera resistido aún menos de lo que resistieron, hubiera sido tremendo.
Dejamos pasar hasta que mis sobrinos se hicieron grandes, y empezaron ellos con toda la energía de la juventud, con toda la militancia, desde HIJOS, desde sus contactos y así se fueron dando todas las cosas. Ellos lograron exhumar el cuerpo, hicieron todos los pasos al tan ansiado juicio que se viene postergando hace dos años. Nos habían dicho que se iba a hacer en Mar del Plata, pero están tan abarrotados los tribunales con esto de los juicios que íbamos a tener que seguir esperando y a nosotros nos pareció una muy buena idea que se hiciera en Tandil.
-Porque ellos querían saber cómo lo habían matado. Cuando nosotros lo velamos y sepultamos nos dijeron que tenía que ser a cajón cerrado, pero por mi mamá que suplicó tanto se permitió velarlo con el ataúd abierto. Para la causa tenía que constar la exhumación del cuerpo, por eso también lo hicieron.
-¿Qué imagen tiene de ese momento?
-Mi hermano con un golpe en la nariz cuando le pegan el palazo cuando quiere escapar… esas fugas armadas que ellos hacían… estaba envuelto en un poncho del ejército, lila, un color raro.
-¿Qué señalaba el acta de defunción?
-Decía “abatido en un enfrentamiento con disparo de arma de fuego en el tórax”. Cuando exhuman el cuerpo se dan cuenta que lo habían matado por la espalda.
-¿En qué lugares estuvo su hermano secuestrado?
-Solamente en la quinta de los Méndez
-¿Cómo esta tan segura?
-Por los testigos, hay más de sesenta en el juicio. Cuando Beto se escapa… en realidad le preparan el camino para que se vaya.
Le doy un dato: Mi hermano era miope y lo primero que le sacaron, obviamente, fueron los lentes. Y cuando se escapa llega a una casa vecina, pide agua y dice “Soy Moreno de Olavarría, por favor avisen”. Sigue corriendo, escapando hasta que estos tipos comienzan a perseguirlo en una camioneta que le sacan a otro vecino y lo matan por la espalda.
-Esas personas contaron esto.
-Sí. Y la Asociación de Abogados de Tandil se movió muchísimo, es más el saco que llevaba puesto mi hermano lo tenían en la comisaría y lo fue buscar uno de los integrantes. También la Asociación de Abogados de Olavarría se movió mucho, pero nada. Entonces nada se podía hacer, nada.
Pero nos hemos enterado también, que no es casualidad, que no solamente mi hermano estuvo en ese lugar sino que hubieron otras personas detenidas. La casa ahora está demolida. No sé porqué. Cuando fuimos a hacer el reconocimiento con Comparato no existía más la casa que sí estaba en 1983.
-¿La quinta sigue siendo de los antiguos propietarios?
-Sí y si no es no importa porque en aquel entonces eran sus propietarios.
-¿Cómo es la calificación de ellos?
-Se los considera partícipes secundarios. En esta época oscura de nuestro país tan asesino es el que aprieta el arma y le pega el tiro como todos los demás que hacen posible que esa persona muera. No hay asesinos de primera o segunda, son todos iguales. El que calla, el que presta el lugar… porque no lo prestaban para hacer una fiesta infantil, no queramos decir algo que no es. Son todos iguales, uno con mayor o menor grado de participación, pero son todo lo mismo.
“Ojeda tal vez hasta me llevó en el remís”
-Se va a hacer justicia. Gracias a Dios que llegó el momento y hay una movida importante en la ciudad, porque se han pegado calcos con la foto de estos siniestros personajes, afiches donde se los señala como cómplices, pero ¿por casualidad? en los lugares estratégicos donde se sabe que esta gente puede llegar a transitar no están más. Creo que es el momento que la ciudad de Tandil se dé cuenta de gente que ha estado cumpliendo mucha función social, mucha relación social, pero es hora de sacarnos las caretas y decir cómo son las cosas.
-Están acusados del asesinato de su hermano los militares ex teniente coronel Julio Alberto Tomassi, el ex mayor Roque Pappalardo y el suboficial José Luis Ojeda ¿quiénes eran?
-Tomassi era jefe de la Base Aérea (VI Brigada), Pappalardo también estaba en el lugar, ambos están con prisión domiciliaria, por la edad. Ojeda está preso en Marcos Paz. Fueron los tres a declarar a Azul, los vi en su momento, vi sus caras.
-Hay un dato hasta anecdótico dentro de la tragedia ¿sabe dónde trabajaba Ojeda?
-No.
-Cuando lo detienen era remisero de La Terminal… tal vez hasta me llevó porque solía tomar autos de esa agencia cuando trabajaba en la escuela de Villa Alduncin… y según lo que tengo entendido es quien que le pegó el tiro. Es una suposición, se verá en el juicio. Pero están todos ubicados e identificados.
-Es imposible ponerse en el lugar de ustedes, porque solamente saben lo que pasaron pero, ¿cuáles son las sensaciones?
-Encontradas, por un lado alivio porque se va a hacer el juicio, va a haber justicia. Por otro, mucha angustia porque mis padres no están. Y también se mezcla lo del revivir los momentos de dolor, pero la prioridad es dentro de todo la alegría de decir que se va a hacer justicia. Se hizo tanto, y justo en Tandil se hace el juicio. Los Méndez van a llevar de por vida el escrache que les han hecho… no lo podrán olvidar.
-También debe tener en cuenta que una parte de la sociedad verá a estos vecinos como ciudadanos respetables ¿está preparada para eso?
-Por supuesto, pero estoy confiada en que se va a hacer justicia, sobre todo me sorprendió la cantidad de testigos, el compromiso de los alumnos de la Facultad de Olavarría que harán una transmisión a lo largo del juicio con radios abiertas, no se terminará hasta marzo. En el medio van a suceder muchas cosas en el marco de este hecho histórico.
Rogamos, de corazón, que la justicia lleve consuelo a todas las familias que sufrieron hechos tremendos que nunca debieron haber sucedido, para que de este modo los argentinos por fin, nos reconciliemos sin odios ni rencores.
En paz.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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