Tras el ingreso de la escribana, un grupo de clientes buscó constatar si su caja fue abierta
Tras el golpe delictivo al Banco Industrial de Azul, los clientes que contaban con cajas de seguridad se acercaron a la puerta conforme pasaban las horas para conocer si habían sido víctimas del atraco.
Por la sucursal de San Martín, desfilaron usuarios, muchos de ellos conmocionados ante la posibilidad de que su caja se encontrara entre las 12 que fueron abiertas por los cuatro asaltantes.
En las primeras horas de la tarde, y ante la falta de información oficial, un grupo de posibles damnificados acordó el ingreso de un escribano público para que pudiera acceder al subsuelo, donde se encuentran las cajas de seguridad, y constatar así cuántas y cuáles habían sido las unidades abiertas por los delincuentes.
Una vez que regresó del sector, la escribana Cecilia Saling respondió las preguntas de los usuarios quienes buscaban conocer si efectivamente fueron damnificados por el accionar delictivo.
De este modo, la escribana consultaba un cuaderno rojo donde anotó los módulos y los números de las 12 cajas que fueron abiertas por los asaltantes.
Mientras este Diario estuvo en el lugar del hecho, más de una treintena de personas se acercó en busca de alguna novedad y ninguno de ellos fue víctima del episodio.
Algunos mostraban una evidente preocupación previamente a conocer, de parte de Saling, la buena noticia. Sin embargo, gran parte de los clientes preguntaban si el banco abriría al día siguiente para constatar por sí mismos el estado en que se encuentra su caja. “Tengo que ver para creer”, aseguró una mujer clienta de la entidad bancaria.
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En primer término indicó que “fui convocada cerca del mediodía (de ayer) por una señora que apareció en mi escribanía a pedirme que la acompañara a hacer un acta por el robo en el banco”.
Cuando llegó a la entidad financiera, “esto era un mundo de gente y por supuesto no nos dejaron pasar. Después de una hora, me retiro y luego me llaman para decirme que se pactó con el banco que podía entrar”. Entonces regresó a la institución de San Martín. En ese momento, “un montón de gente se puso de acuerdo en encargarme que fuera a constatar la cantidad de cajas que fueron violentadas. Y tomamos nota de ellas”, precisó.
“El director de la Policía Científica fue girando las tapas que estaban abiertas dándonos los número de acuerdo al módulo. Tomamos los mismos datos tanto la policía como el otro escribano y yo”, detalló.
Al ser consultada sobre la cantidad de cajas que fueron robadas, la escribana dijo que “son 12 cajas y 15 cofres”.
A su vez, Saling manifestó que “la gente me va pasando su número de caja y yo digo si sí o si no. Previamente pregunté en el banco cómo podía dar esta información”.
Por último, la escribana fue consultada sobre el próximo paso: “Voy a hacer un acta para quienes me solicitaron esto tengan una prueba de que sus cajas no habían sido violentadas”, concluyó.
Pasada la conmoción, una mujer aún movilizada por el hecho, manifestó que ahora evaluará qué decisión tomará en base a lo acontecido. Otro cliente habló sobre las razones por las cuales optó por las cajas de seguridad y pensó luego que quizás podría distribuir los bienes en otros bancos como alternativa a un eventual golpe delictivo. *
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