?Trasfondo?, de Patricia Ratto, fue elegida entre las mejores novelas del año que pasó
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-¿Cómo ha resultado el lanzamiento de tu libro?
-Tanto el lanzamiento de Trasfondo, como su posterior circulación ha sido en verdad una sorpresa para mí. La repercusión obtenida en medios nacionales como internacionales fue increíble, también la cantidad de actividades de presentación y charlas en torno al tema que el libro aborda: la guerra de Malvinas. Seguramente eso tuvo que ver con que este año se cumplieron 30 años del conflicto, y que no había nada -en la literatura argentina- que abordara la guerra submarina, en este caso: la particular campaña del submarino ARA San Luis. Además, la novela tiene una vuelta de tuerca que hace que no sea una típica novela que aborda un hecho de la historia.
-¿Qué presentaciones tuvo en Tandil?
-Se realizó una primera presentación en la Escuela Nacional Ernesto Sábato, en la que estuvo invitado el escritor Martin Kohan, el historiador de la Unicén Oscar Mastropierro y la profesora Alicia Martignoni. La segunda se realizó en la Sala Abierta de Lectura y participaron Adriana Calvar y Alicia Martignoni. Y la tercera se realizó en el marco de la Feria del Libro de Tandil, con la participación de Alicia Martignoni y Pedro Ruiz. En todas hubo gran acompañamiento del público. Supongo que el hecho de realizar varias presentaciones en fechas y lugares diferentes atrajo público variado y dio la posibilidad de que asistieran quienes no habían podido hacerlo en una fecha anterior. Contribuyó también la repercusión que la novela comenzó a tener en los medios.
Buenas repercusiones
-¿Qué recorrido hizo en la novela?
-En la provincia creo que he perdido la cuenta, pero estuve en Azul, Rauch, Ayacucho, Olavarría (dos veces), Balcarce.
Por fuera de la provincia estuve en Córdoba -en la Biblioteca Córdoba-, y tres veces en Buenos Aires: la primera, en la Biblioteca Nacional, en una mesa en la que se abordaba el papel de la literatura en la revisión del conflicto de Malvinas, junto a los escritores Carlos Gamerro y Zito Lema. La segunda presentación fue en el marco del Filba -Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires- en donde integré una mesa que discutió la relación entre historia y ficción en novelas que abordan hechos del pasado histórico, junto al escritor francés Laurent Binet y el mexicano Leonardo Da Jandra.
-¿En qué actividades participaste en el Filba?
-En ese mismo festival participé en una actividad de escritura: me llevaron a un concierto de la Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón, a partir del cual escribí un cuento que leí luego en el cierre del festival.
-¿Cómo continuó tu recorrido en Buenos Aires?
-La tercera presentación fue una charla que di en la Universidad Torcuato Di Tella, que se llamó “Malvinas, la historia sumergida”, en donde me centré más que nada en la investigación previa a la escritura de la novela, la serie de entrevistas que realicé en diferentes oportunidades y a lo largo de tres años, a los tripulantes del submarino San Luis.
-Siempre con muy buena repercusión en la prensa.
-Sí, hubo un total de 40 notas, a las que se sumó un artículo de la revista francesa Courrier International, tres notas de El País de España, una reseña de El Mundo de España y una ponencia leída en Alemania, en la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen –Nürnberg-, en el marco del coloquio “Una guerra y sus relatos: A treinta años de Malvinas (1982-2012)”, organizado por la profesora Andrea Pagni, docente de esa casa de estudios, que contó con el apoyo de la Embajada Argentina en Berlín.
-¿Qué experiencia hiciste en Brasil con el libro?
-Lo de Brasil fue muy especial: me llegó una invitación de la Cancillería argentina, más precisamente del Agregado Cultural de la Embajada argentina en Brasilia, para participar en el “Mes de Argentina en Brasilia”, junto a los escritores Carlos Gamerro y Guillermo Orsi, en la mesa “Las heridas que Malvinas nos dejó”, que se realizó -con una enorme asistencia de público- en la Universidad de Brasilia, y se replicó en el auditorio de la librería Cultura. Además de presentar la novela, fue una buena oportunidad para conocer una ciudad tan especial como Brasilia -y su tan diferente y bella arquitectura-, un lugar a donde uno habitualmente no llega como turista.
Vivencias compartidas
-¿Cómo te has sentido compartiendo mesa con otros escritores?
-Lo bueno de esta novela es que me ha posibilitado reencontrarme con escritores que ya conocía y conocer muchos otros. Compartir actividades con otros escritores es muy enriquecedor, uno aprende mucho de gente que tiene más experiencia en el medio, gente con la que uno coincide o no, con la que uno dialoga o discute, todas situaciones que permiten que uno revise lo que piensa, dándole a eso más complejidad, vapuleando y aireando el propio pensamiento. Tengo que decir que soy una persona a la que aprender le produce una enorme satisfacción, un gran placer. Cuando veo para atrás, caigo en la cuenta de todo lo que he venido aprendiendo en estos últimos años, y también de todo lo que aún me queda por aprender.
-¿Cómo te han recibido al ser una escritora mujer que escribe sobre un tema tan “masculino”?
-Una pregunta o un señalamiento recurrente fue que resulta poco común, por no decir raro, que una mujer escriba una novela de guerra, en este caso una historia que transcurre en un submarino –un ámbito ya de por sí muy masculino- y además, protagonizada únicamente por hombres. Es más, hubo una presentación en la que un señor levantó la mano y me dijo. “Yo empecé a leer su novela con un poco de prejuicio; me dije: ¿qué puede saber una mujer de submarinos y de cómo se comportaron estos hombres en la guerra? Y, sin embargo, la novela me atrapó, parece escrita por un hombre, tengo que felicitarla”.
-¿Y cómo te sentiste con esto?
-Lo cierto es que hay mucho de prejuicio aún en estas cuestiones, pareciera que las mujeres podemos -y debemos- escribir únicamente sobre temas que nos tengan como protagonistas e involucren cuestiones “femeninas”, obras pensadas más que nada para lectoras mujeres. Sin embargo, nadie le ha hecho objeciones a los escritores hombres que -desde siempre- han escrito obras con protagonistas femeninas.
Por otra parte, las mujeres hemos leído desde siempre obras escritas por hombres, que no por ello requieren lectores masculinos.
-Entonces, ¿cuál fue el desafío?
-Yo creo que los escritores hacemos el trabajo de ponemos en el papel de nuestros personajes, y realizamos las investigaciones que nos requiera el desarrollo de cada obra. En este caso, ser hombre no necesariamente traía aparejado el conocimiento de lo que era un submarino, o la vida en un submarino bajo el mar en situación de guerra, eso era algo que había que construir más allá de que el escritor fuera hombre o mujer, porque ningún escritor había sido protagonista de esta historia y porque, por otra parte, no había prácticamente nada escrito sobre el tema. De modo que ahora sé mucho de submarinos, y hasta cómo se prepara y lanza un torpedo y no creo que eso me haga menos femenina que antes, no creo que esas sean cuestiones de género. Por otra parte, esta novela ha tenido tanto lectores hombres como mujeres, quizá porque no es sólo una novela típica de acción y el planteo va un poco más allá, hacia las guerras personales que cada uno de nosotros lleva a delante en la propia vida, sea uno hombre o mujer.
(((EN UN RECUADRO))))
Reseña de el diario El Mundo, España.
Suplemento El Cultural (9 de noviembre de 2012)
Por Ernesto Calabuig
Se hace difícil enumerar las virtudes de una obra que posee tantas como este Trasfondo, tercera novela de la argentina Patricia Ratto. La base es aquí una historia real: en el marco de la tragedia de las Malvinas, la autora cuenta el infierno por el que pasan durante treinta y nueve días en el Atlántico Sur los treinta y cinco tripulantes del submarino de la Armada argentina “ARA San Luis”, una nave que entra en combate en condiciones absolutamente precarias: motores, computadoras de tiro y torpedos dañados de antemano. Reducir el texto a una “novela de guerra” sería dejar de lado el verdadero tema de fondo y el propósito narrativo de una escritora que llevó a cabo un largo y exhaustivo trabajo de documentación en el que entrevistó a catorce de aquellos combatientes de 1982. La obra apunta, con sobriedad y sin truculencias estilísticas, a toda una reparación moral y rompe el silencio y el dolor de quienes tanto callaron tras un oscuro regreso en el que nadie pudo o quiso celebrarlos. A través de los ojos y la voz de un minucioso observador, un suboficial destinado en la sala de máquinas, Patricia Ratto cuenta con maestría, en una precisa secuencia de comportamientos encadenados, el micromundo claustrofóbico de unos jóvenes enviados por sorpresa a morir por su nación en condiciones inhumanas y de absoluta desventaja, para defender unas islas y un enemigo tan real y poderoso como fantasmal e invisible (“indefensos e irremediablemente absurdos”). La autora sabe transmitirnos la brusca interrupción de sus vidas, su perplejidad y su rabia contenida, la angustiosa sensación de asfixia y de dilatada espera cuando el tiempo que se percibe ya de otra manera, el precipicio de la locura que sólo salva la camaradería y la repetición de rutinas consabidas. El “ir a inmersión” y el “tocar fondo” suponen sumergirse en una pesadilla de irrealidad y sinsentido al servicio de lejanos designios y órdenes imprecisas calculadas para un suicidio colectivo. El vapuleo inmisericorde de las cargas de profundidad inglesas cobra tintes de castigo divino sobre quienes se viven como animales asustados en una madriguera. El lector percibe el frío y la humedad, las “toneladas de agua helada sobre sus cabezas”, pero, sobre todo, esta ceguera de la profundidad de quienes sólo pueden guiarse por sonidos, por ruidos y alertas de sónar (“rumores hidrofónicos”). Ni siquiera las emisiones de radio que a duras penas captan con su “antena látigo” resultan orientativas o fiables. Ratto consigue un logrado efecto coral a través de los comentarios y apreciaciones de unos y otros marineros (Heredia, Grunwald, Rojas, Olivero, Polski…) Argentinos y británicos, se nos dice, habían compartido un asado no hace mucho, durante unas maniobras conjuntas. Unos y otros arrojados después a los absurdos de un macabro juego de barcos: “¿A quién se le habrá ocurrido todo esto?, meternos a todos en esto, un tubo lleno de argentinos por aquí, un tubo un poco más grande lleno de ingleses por allá”. Magistral ese sobrio y sombrío regreso a Puerto Belgrano, con la conciencia clara de la inutilidad y de no haber sido ni víctimas ni héroes. Patricia Ratto logra una novela poderosa, capaz de desenmascarar un gigantesco engaño desde un pequeño ángulo certero.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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