Tres familias de La Tandilera reclaman por sus casas demolidas
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La historia del barrio de autoconstrucción La Tandilera, ubicado entre Vigil, Rosales, Labardén y Aeronáutica Argentina, no comenzó durante el gobierno de Miguel Lunghi, que heredó el problema por la falta de previsión de sus antecesores. Es que en 1983 se aprobó la consolidación de un barrio municipal de dieciocho casas sobre lotes donde a la postre se conoció que había minas de arena.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDurante la gestión de Julio Zanatelli los vecinos adjudicatarios recibieron los materiales y levantaron las paredes con sus manos, sin saber que no se hallaban sobre suelo firme. Un año después comenzaron a ver que los muros cedían y los pisos se hundían. La desesperación los llevó a tomar distintos caminos y tres familias -las más afectadas- accedieron a firmar un convenio con el Municipio, a través de la figura del actual intendente Miguel Lunghi. Sus casas fueron demolidas y hoy, seis años después, aún reciben un subsidio mensual de la comuna por el pago del alquiler.
Con sus manos
El tema volvió a salir a la luz durante esta semana, en el marco de la toma de terrenos en Villa Cordobita. Es que una de las personas afectadas consultó a Griselda Altamirano, quien le recomendó que reclamara por su casa, ya que la comuna debía cumplir con el acta acuerdo firmada el 5 de agosto de 2009.
Tras el descargo del Municipio a través de los funcionarios de la Secretaría de Desarrollo Social, María de los Angeles Ruffa, Humberto Roque Vaccaroni y su hija Mariela, y Sandra Ricardo, se acercaron a esta Redacción para poner luz sobre su particular situación.
“Las casas se entregaron en 1983. Mi papá y los vecinos pusieron horas de trabajo; la Municipalidad ponía los terrenos, daba los materiales y los adjudicatarios tenían que construir”, contó Mariela Vaccaroni y agregó que el proyecto era de 36 casas, la mitad se levantó en Villa Italia y la otra parte en Villa Aguirre.
“En el año 1984, mi papá fue a salir a la mañana al patio -yo era chica, tenía 13 años- y se partió la tierra, se hundió el resumidero y el comedor quedó en el aire. Abajo hay minas de arena”, describió la mujer.
Los vecinos manifestaron que el barrio lo planificó el Municipio en el gobierno de Julio Zanatelli y el arquitecto Caride hizo los planos, también intervino el arquitecto Gramuglia, y años después de que surgieran los problemas, los heredaron los funcionarios de la actual gestión.
“Hugo Escribano es testigo de las cosas que hicimos para tratar de salvar las casas. Nosotros habíamos trabajado más de mil horas, todos. El sacrificio fue tremendo”, explicó Humberto Vaccaroni y agregó que les entregaron las casas sin pisos, ni azulejos, ni portones, ni cerramientos en el perímetro. Además de esas terminaciones, los adjudicatarios hicieron los placares y el galpón en el patio.
Tras el primer derrumbe en 1984, su hija Mariela contó que “mi papá lo solucionó. Continuó la pared debajo del comedor. Trabajaba debajo del comedor y rellenó, pero después se abría en otro lado”.
En ese momento la vivienda de los Vaccaroni era la más afectada, pero en 1985 se detectaron problemas en la de la esquina, que habitaba la familia Telechea, y la contigua, donde estaban los Olivera. En todas se rajaban los muros y debían sostenerlos con palos o se hundía el piso de distintos ambientes. “Eran casas bien construidas y se empezó a abrir todo”, lamentó.
Estas dos familias reclamaron de inmediato y la comuna les construyó dos casas idénticas a las que tenían ahí en el barrio Obrero. En tanto, en La Tandilera la casa de Telechea la tiraron y la de Olivera quedó en pie, entonces tiempo después la Municipalidad la volvió a adjudicar a Sandra Ricardo.
En la disyuntiva sobre los pasos que debía seguir, Vaccaroni confió que se enojaba con Ruffa, uno de sus vecinos, quien proponía reclamar a las autoridades. “Yo le decía que había que tratar de salvar las casas. Incluso, hice mi patio de hormigón armado”, dijo.
Uno de los inconvenientes más graves era que se llenaban los pozos porque filtraban a través de las minas de arena, entonces las aguas servidas corrían por la zona sin contención. Es que la tierra se iba socavando y dejaba las estructuras sin sostén alguno.
El acuerdo
Cuando los problemas los habían agobiado, en 2008 la Municipalidad encomendó realizar un estudio de suelo. “Determinaron que nuestras tres propiedades eran las más afectadas. Hay más afectados que no quisieron salir por miedo a lo que está pasando, que no se cumpliera con devolver las unidades”, dijo Sandra Ricardo.
Por ese entonces, hicieron consultas con el arquitecto Omar Groh, quien les dijo: “Yo si fuera mi familia no la dejo vivir en esa casa” y les recomendó acordar la evacuación debido a que para la Municipalidad era más costoso afrontar un herido o una víctima fatal que construir las viviendas nuevas.
El 5 de agosto 2009, las tres familias firmaron un acta acuerdo con el intendente Miguel Lunghi y accedieron a desocupar voluntariamente las viviendas de autoconstrucción. Además, aceptaron que se demolieran y el Municipio se comprometía, en un plazo mínimo de 24 meses, a brindar soluciones habitacionales de las mismas características que las suyas: de 70 metros cuadrados cubiertos, construcción tradicional con instalaciones, cielorrasos de yeso y cubierta de zinc, con servicios de gas, luz y agua, “siendo el costo de la vivienda a cargo del Municipio”.
El acta preveía que si en 24 meses la comuna no le adjudicaba el inmueble prometido, debía seguir abonando los alquileres correspondientes hasta la entrega definitiva de la casa. Hoy, la comuna costea la renta para estas familias, con valores que van de los 3700 a los 6 mil pesos mensuales.
“No somos mendigos que venimos a pedir que nos paguen el alquiler. Todos somos gente de trabajo. Mi papá trabajó en Telefónica toda su vida y aparte trabajaba de albañil. Tenía tres trabajos, en Telefónica, de albañil y después iba al barrio a hacer su casa”, explicó Mariela Vaccaroni, y agregó que “Lunghi no tiene nada que ver, no hizo las casas. Nosotros no estamos en contra de Lunghi. No es que vamos en contra del Gobierno, no estamos haciendo política”.
Molestos y humillados
Los vecinos se mostraron muy molestos por las declaraciones del secretario de Desarrollo Social Oscar Teruggi, a quien no conocen.
En tanto, Sandra Ricardo rebatió los dichos de Teruggi, quien había afirmado que no quisieron las unidades financiadas por el Estado nacional en La Movediza porque eran un poco más chicas. “Nuestras casas eran de 70 metros cuadrados y las que nos ofrecieron del Plan Federal tenían 42; y no eran de ladrillos, eran de una pared armada que se cae en cualquier momento. Era una tomada de pelo”, manifestó.
Cuando se terminaron las 139 casas de la primera etapa del Plan Federal, el Municipio llevó a todos los vecinos del barrio La Tandilera a visitarlas. “Todos dijimos que esas no eran nuestras casas”, coincidieron.
Al mismo tiempo, cuestionaron que Teruggi saliera a decir que cumplen con el pago de la renta y remarcaron que ellos tienen que conseguir las casas para alquilar, lo que resulta una odisea porque nadie quiere un trato con el Municipio. Pero, además, se sienten humillados ya que deben dirigirse a Desarrollo Social, donde se crea una carátula y cobran el subsidio que luego les permite afrontar el alquiler. Luego hacen la cola en el ex banco Hipotecario para retirar los cheques, los cobran y por último van a la inmobiliaria. Hace seis años que todos los meses deben cumplir con esta operatoria.
Además estimaron que con los recursos invertidos, la comuna ya podría haber construido sus unidades habitacionales. “Por algo les conviene pagar el alquiler y no hacer las casas. Hemos ido en varias oportunidades a la Municipalidad a pedir terrenos fiscales, y no hay. Nos habíamos enterado de cinco casas fiscales, nos dijeron que no existían. Les pedimos los materiales y un terreno para volver a edificar, pero tampoco”, lamentó Sandra Ricardo.
Su ex vecina Mariela Vaccaroni agregó que “queremos que de una vez por todas no nos traten como mendigos, ni que vamos a pedir. No tengo nada en contra de la gente que necesita, pero no es el caso. Nosotros estamos en otra situación. Fue una terrible negligencia de la Municipalidad, porque hizo un barrio en donde hay minas de arena, con antecedentes al año de haber vivido, que se empezó a hundir”.
Por su parte, María de los Angeles Ruffa destacó que “nosotros ya pagamos la mitad de la casa con trabajo” y reclamó una solución definitiva para evitar todos los trastornos que les genera alquilar a través de la comuna.
Reclaman una reunión
Por último, los vecinos pidieron una reunión con el Intendente para que los escuche y puedan avanzar con alguna alternativa concreta. “Lunghi nunca nos atendió. Nosotros quisiéramos hablar con él directamente para ver qué nos dice, porque él es el que firmó el acta acuerdo. No fue ni Omar Groh ni Oscar Teruggi, que nunca lo vimos, ni fue al barrio, no nos conoce, nunca habló con nosotros”, remarcó Mariela Vaccaroni.
Y explicó que se sienten relegados por la Municipalidad: “A veces hasta te hacen sentir mal. Cuando voy a Desarrollo Social y charlo con gente que realmente necesita cosas, me siento mal, me pregunto qué hago ahí. Inclusive nos han dicho si no podemos buscar casas más baratas. Incluso alquilamos de dos habitaciones cuando nuestra casa tenía tres, porque no conseguimos con la plata que nos dan”.
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