Un amigo de Temudio confesó que no denunció porque ?tenía mucho temor?
Finalmente llegó la hora de César Alberto Sánchez, que arribó desde Formosa para comparecer ante los jueces tandilenses, quienes antes de comenzar le advirtieron que no debía realizar declaraciones que pudieran autoincriminarlo.
El testigo dijo conocer a todos los imputados, aunque no pudo señalar a algunos de los que estaban en la sala. “Ya pasaron tres años”, destacó.
“Fui amigo de Temudio de treinta y pico de años”, explicó y lanzó que ese vínculo se quebró “desde el momento que me puse acá. Hace rato que no lo veo”.
Su relación con la organización comenzó a fines de 2007, cuando se quedó sin trabajo. Entonces, Gustavo Temudio y el “Gordo” González le prestaban las casas que alquilaban por día para dormir, y lo preveían de comida y cerveza.
Cuando empezó a sospechar que vendían droga, se mudó un mes a la casa de su hija y el 4 de febrero de 2008 decidió radicarse en Formosa, en la casa de sus padres.
Marcó varios domicilios en los que pernoctó, como el de Alonso al 600, Garibaldi al 800, otro cerca del Dique, Brandsen al 500, Avellaneda al 800, y otros que eran los hogares de los imputados.
También dijo que una o dos veces fue a buscar a Gustavo González a la Terminal de Omnibus. El era quien traía las “tizas” desde Buenos Aires en una mochila, atadas con cinta de embalar marrón. El tamaño era como el de una caja de zapatos pero con la mitad de profundidad. González, “Rey o “Dani” descargaban dos o tres cada 10 ó 15 días. En más de una ocasión pudo ver los embalajes cuando los dejaban sobre la mesa. “Veía eso y me iba con mi auto a hacer cosas mías”, se justificó.
En ese punto habló de reuniones que se celebraban en las viviendas alquiladas, donde se juntaban varios de los imputados cuando llegaban González, “Rey” –a quien identificó como el cuñado del líder- o “Dani”, pero Wanda Gazzola, Walter Schletter y Marcelo “Gallo” Romero no participaban. Las visitas de los porteños duraban dos o tres días, pero nunca vio que se repartiera la droga y tampoco supo dónde se vendía.
A “Rey” también lo fue a buscar a la Terminal. Era de origen paraguayo aunque vivía en Buenos Aires. Cuando hablaba con González, ambos se comunicaban en guaraní. Otro que arribaba con cocaína era “Dani”, a quien vio sólo una o dos veces en los cuatro meses que frecuentó los departamentos.
A Marcelo “Gallo” Romero lo conocía porque pasaba por su casa cuando fue colectivero de la Línea 501 y también de encuentros políticos, donde realizaban pegatinas y pintadas de candidatos en las calles, como una, a favor de Cristina Kirchner cerca de la Terminal. Consignó que en estos mítines también estaba Temudio.
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“Ellos me daban de dormir, comer y tomar”, marcó el testigo, y manifestó que tenía problemas con el alcohol, situación que le impedía observar algunos detalles.
Reconoció que algunas veces habló con el “Gordo” González por teléfono, porque le había prometido conseguirle trabajo de colectivero en Turismo Parque, empresa por la cual viajaba y donde tenía un contacto. Finalmente, le confirmaron que habían recibido su currículum, aunque nunca lo convocaron. Agregó que los integrantes de la banda sacaban los boletos con identidades falsas.
Explicó que nunca los denunció porque “realmente, no tenía dónde ir. Sabía que estaban cometiendo un delito y en poco tiempo me alejé. Tomaba, tomaba, tomaba, vivía alcoholizado. Me quedé un mes en lo de mi hija y me fui. Por esta situación perdí la tutela de mi hijo”, declaró ante cuestionamientos de los defensores.
Más adelante confesó que “no podía hacer nada, tenía mucho temor. No es fácil” y describió que solía oficiar de cocinero en los encuentros, pero cuando entraba a la habitación todos se callaban.
Incluso, dijo que la primera vez que vio a González lo fue a buscar a Rauch, ya que por entonces trabajaba de remisero y que en los meses que tuvo vínculos con los imputados sólo lo vio unas tres veces en Tandil.
Transmitió su sospecha de que vendían las tizas, pero no sabe a quién ni presenció comercializaciones. Incluso, se lamentó porque “cometí el error de llevar a mi hijo a dormir” a los departamentos alquilados.
Más aún, contó que una vez lo dejaron en una de las casas cuando estaba descansando y se fueron sin pagar. Finalmente, tuvo que dejar un documento para poder abandonar el lugar.
declaración
También relató que visitó a Gustavo Temudio en el penal y que él estaba al tanto de que había hablado con la policía. Por miedo, negó que el testimonio fuera suyo, ya que intentaba protegerse.*
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