Un amigo olavarriense del nieto de Estela dijo que su música está asociada con su búsqueda
El funcionario del Ministerio de Interior de la Nación, quien también es músico, lo definió como una persona que “ha hecho una vida tranquila, que ha podido desarrollar su vocación, que es la música”, y aseguró que la restitución de la identidad lo sorprendió y que también causó un “revuelo importante” en la vecina localidad.
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Su vínculo
Además de su unión a través de la música, actividad que comparten desde hace muchos años, Correa destacó que “tenemos una relación muy fuerte” y explicó que en el tiempo que se desempeñó al frente de la Escuela de Música de Olavarría fue cuando “Pacho” ingresó al lugar.
“Allá por 2005 entró con una flota porque eran cuatro o cinco chicos muy jóvenes y han hecho una gran carrera dentro de la institución, que se corona con su designación como director”, repasó en diálogo con El Eco Multimedios.
Si bien evitó dar mayores detalles, señaló que hace “una vida normal, como cualquier vecino”, aunque con cierta exposición pública por su cargo como director de la entidad. “Es un docente reconocido en una actividad que tiene mucha difusión en Olavarría”, subrayó.
“A la expectativa”
En cuanto a los cuestionamientos sobre su identidad, Correa expresó que “Pacho siempre fue un hombre muy reservado con su vida privada y familiar”, además “criado en el campo, con sus padres grandes. Eso era lo que sabíamos”, y contó que está en pareja con su mujer, la diseñadora de
vestidos de novia Celeste Madueña, desde 2008 y que no
tienen hijos.
Una vez conocida la noticia “primero comenzó a circular entre su gente amiga un par de horas antes, pero estábamos todos a la expectativa”. Luego la identidad de Ignacio Hurban se filtró y trascendió con rapidez, principalmente por las redes sociales.
Confió que mantuvo un intercambio de mensajes de texto “los necesarios como para saber que estaba bien, que era lo que nos importa, y para darle fuerza y apoyo durante el proceso de reparación de la identidad, que imagino que debe ser muy complejo, doloroso y con mucha intensidad”.
“Como allegados y conocidos tenemos que esperar los tiempos de Ignacio, como dijo Estela”, resaltó.
“Una búsqueda”
Respecto a sus manifestaciones previas a conocer su verdadera identidad para fechas emblemáticas relacionadas o su participación en los ciclos Música por la Identidad o de las actividades organizadas por la ADPH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), Correa sostuvo que su amigo “siempre tuvo una posición muy clara en cuanto a lo que tiene que hacer un artista y un pensamiento crítico y artístico muy fuerte”.
“Es un compositor que además está en una búsqueda que ahora podemos asociarla a una búsqueda mucho más profunda relacionada con su identidad, pero hace años que está en un proceso para hallar su propio sonido, su propia música”, enfatizó. Y en esa línea vinculó sus expresiones y su compromiso con la temática al señalar que no resulta “alejado ver que se haya manifestado en esos espacios”.
Para finalizar analizó que “más allá que nos conmueve y nos afecta directamente por haberlo conocido, lo que es fantástico es la recuperación de un nieto más y el peso simbólico que tiene que haya sido el de Estela, una luchadora”.
Apropiación de un nieto y una trama de complicidad civil
La apropiación de Guido, el nieto de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, podría constituir un episodio más dentro de una extensa trama de complicidad civil empresarial con el terrorismo de Estado, de la que Olavarría fue claro ejemplo durante los años de la última dictadura cívico militar.
Guido, hijo de los militantes Laura Carlotto y Wilmar Montoya, nació en cautiverio y fue entregado a una pareja de peones rurales por Francisco Aguilar, un conocido empresario rural en la zona de Olavarría, fallecido el pasado 26 de marzo.
El nieto recuperado 114 creció con el nombre de Ignacio Hurban junto a Clemente y Juana, que vivían en un campo de Colonia San Miguel y que no podían tener hijos.
Si bien la Justicia debe determinar ahora cómo llegó Guido a manos de Aguilar, los aceitados vínculos que el empresario tuvo con las autoridades castrenses en aquellos años podrían dar algunos indicios.
El 22 de septiembre comenzará en la Facultad de Ciencias Sociales el juicio de Monte Peloni, el segundo proceso de lesa humanidad que tiene que ver con la historia de la ciudad que albergó a la cementera Loma Negra, propiedad de la familia Fortabat.
El primero ocurrió en 2012 en Tandil, por la desaparición del abogado Carlos Moreno, defensor de trabajadores que habían contraído enfermedades respiratorias en la cementera que fundó Alfredo Fortabat en 1927 y que heredó su esposa, Amalia Lacroze, cuando el magnate del cemento y contratista del estado murió en enero de 1976.
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