Un brutal asalto domiciliario, el secuestro de una bolsa y el sospechoso de siempre
El caso, el juicio, reviste particularidades, a partir de lo que se presentó por aquellos días como un hecho esclarecido al decir de la policía. Empero, al transcurrir del debate quedaron -quedan- dudas, muchos interrogantes que, a priori, pareciera que las pruebas incriminantes no alcanzarían para esclarecer ni autoría ni responsabilidades.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn el banquillo de los acusados “un viejo conocido” para el ardid policíaco. Néstor “Pico” Díaz, un hombre que pasó los 40 años, de los cuales se ganó el protagonismo de causas penales varias y que ha desfilado por la sala del Tribunal incluso más que algunos actores judiciales.
En el aquí y ahora, no sólo se muestra ducho en ser parte de las huestes tribunalicias, sino también confiado porque además de afirmar que es inocente sabe que hay pocos elementos en su contra. Todo dependerá del esfuerzo del fiscal y los vaivenes de las audiencias para hacer torcer una historia que pareciera tener su desenlace escrito. Esta vez con final feliz para el sospechado.
El asalto
En efecto, se trata del asalto perpetrado el 22 de marzo del año pasado en el domicilio de Miguel Angel Marchioni, de avenida España 440, donde fue sorprendido por los malvivientes cuando reposaba junto a su mujer María del Carmen Cagnoli mirando televisión en la cama de su dormitorio. Su hija Lucrecia, en tanto, sería también sujetada por uno de los, al menos, tres sujetos que irrumpieron por los fondos de la morada, encapuchados, con guantes y empuñando armas de fuego.
En medio de amenazas, severos golpes y daños en la propiedad, los sujetos se alzaron con el botín consistente en unos 5 mil pesos, las alianzas del matrimonio, algunas cadenas y alhajas, relojes y una pistola.
Lo robado no era lo pretendido por lo delincuentes y tal vez allí radicó la irracional virulencia con la que actuaron, siendo que las propias víctimas escucharon en medio de las agresiones que buscaban dólares y la llave de una caja fuerte que nunca hubo en la propiedad. “Evidentemente se equivocaron de blanco” supo inferir Marchioni al momento de exponer lo vivido frente al juez Gustavo Agustín Echevarría, a consultas del fiscal Gustavo Morey y el defensor Carlos Kolbl.
Las víctimas
En efecto, fue María del Carmen Cagnoli la primera en prestar declaración frente al juez y recordar el mal momento padecido. Confiando que ni intenciones tenía de hablar siendo que aquel terrible episodio quería olvidar, la mujer detalló las circunstancias ya citadas sobre el suceso, dando cuenta dónde estaba ella junto a su esposo hasta que irrumpieron sorpresivamente los maleantes, con sus rostros cubiertos, guantes y una agresividad que aún hoy le dejó secuelas no sólo emocionales, sino físicas.
“Nos pegaron mucho, sobre todo a mi marido. Querían más plata de una presunta caja fuerte que nunca tuvimos. Pedían dólares”, relató, para luego contar que fueron maniatadas con los cables de la computadora en medio de un atraco que consideró no duró más de media hora, aunque para ellos fue algo eterno.
Tras hablar de los golpes padecidos respondió sobre los elementos recuperados del robo, aquellos que fueron hallados, dentro de una bolsa, en el patio de la casa del ahora sentado en el banquillo de los acusados. Apenas una cadenita y un par de medallas de plata fueron restituidos de un botín más importante.
Luego vendría el turno de su esposo, Miguel Angel Marchioni, quien también buscó en su memoria el mal momento sufrido, con una pistola apoyada en su rostro por uno de los malvivientes violentos.
“No nos resistimos, pero igualmente la violencia fue mucha. Había saña. Me tiraron al piso, me ataron y me pagaron mucho porque querían más plata, pero no había…”, señaló la víctima, que recordó que al ahora acusado lo conocía de chico, cuando había sido dirigente del club Movediza, en el barrio donde vivía -vive- Pico Díaz.
La especulación de Marchioni y los suyos es que los delincuentes contaban con una información errónea sobre ellos, confundiéndose tal vez con otro pariente que había recibido una reciente herencia por la venta de un campo.
“No eran novatos, sabían lo que hacían”, supo inferir el testigo, aunque ni él ni su esposa pudieron realizar reconocimiento alguno dado que todos los sujetos tenían sus rostros cubiertos.
El secuestro y la polémica
Tras el testimonio del matrimonio, devendría el comparendo del personal policial que intervino en la pesquisa que derivó en el allanamiento en la casa del imputado y el consiguiente secuestro de algunas pocas pertenencias de los damnificados.
Es que dicha diligencia generó más de una polémica, incluso ramificaciones con causas judiciales frente a la reacción del sospechoso (una causa por daño) porque Díaz aseveró que eso se lo habían “plantado”.
A más datos, al decir del acusado y su defensa, le colocaron la bolsa con los elementos robados un par de sujetos que hasta aquel día se los relacionaba como el mismo grupo de amigos. Sin embargo, Pico Díaz habló de una disputa con dichos jóvenes y que, como represalia “le tiraron” la bolsa con algo de lo robado para incriminarlo.
Vale reseñar que la investigación dirigida a Díaz surgió por un llamado telefónico anónimo a la policía, quien consecuentemente motorizó la pesquisa hacia esta dirección, sin obviar a los otros nombrados, aunque nada se les pudo hallar al resto de los nombres lanzados.
En efecto, el allanamiento se realizó en la casa de calle Formosa 837, donde la policía por aquellos días informó que se había secuestrado varios objetos pertenecientes a la familia Marchioni. Dos relojes, una pulsera con el nombre de la hija del matrimonio y varias alhajas, quedando aprehendido Néstor Díaz, mejor conocido como “Pico”, a quien también se le inició otra causa por “Daño infraganti delito” ya que al ver que estaba a punto de ser detenido, rompió uno de los relojes vinculados a la causa.
Testigos del acusado
Cerrando la jornada, atestiguaron padre e hijo que se dijeron amigos de Díaz y afirmaron que la noche del asalto estuvieron con él en la casa de éstos, drogándose todo el fin de semana.
Carlos y Cristian Del Río dijeron no recordar mucho precisamente por el nivel de consumo de cocaína que por esos días habían protagonizado, pero no dudaron que desde el viernes hasta el lunes, incluso sin dormir, habían estado juntos, buscando así desligar a su amigo del asalto ocurrido el viernes.
El fiscal Gustavo Morey se mostró bastante molesto con los dichos de ambos testigos, incluso subrayándoles contradicciones con lo que habían expresado durante la investigación. Contradicciones referidas a los días y conductas asumidas por esas jornadas. Tal fue la desconfianza del fiscal, que pidió al juez remitir las exposiciones para una eventual investigación paralela, relacionada con un posible falso testimonio.
Así cerraría la primera jornada, dejando un cuarto intermedio para hoy, cuando además de continuar con los testigos citados para la ocasión, se realizará una visita a la casa del acusado, buscando corroborar in situ la ubicación de la bolsa “famosa” que se halló en el patio de la casa y la probabilidad de que haya sido tirada desde alguna propiedad lindera.
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