Un canto para ?El Negro? Canales
Diego Manuel Canales fue el músico con el que Luna formó su dupla autoral más prolífica, sobre todo si se tiene en cuenta que las 39 composiciones que firman juntos fueron realizadas en un breve período.
El recordado ?Negro? Canales fue su amigo y compañero, definido por él como ?el mejor cantor?, y por ello mismo, el verdadero inspirador desde lo lejos de un programa que se llamó y se seguirá llamando El canto perdido.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAL ?NEGRO? CANALES
Yo supe tener en Guaco,
siendo mozo y corajudo,
un choco medio calchudo
y un viejo poncho ?e guanaco.
Unas chauchas pal tabaco,
un chamberguito cantor,
un castaño escarciador
y? entre otras cosas perdidas,
algunas chinas queridas
que me mentían su amor.
Si tuve algunas tristezas?,
ya ni me acuerdo siquiera:
(una moza en la tranquera,
que me arrimaba firmezas?).
Y entre otras varias pobrezas,
tuve de plata un apero,
un faconcito, un yesquero,
y otra novia desabrida,
y? para andar en la vida,
el consejo de un tropero.
Tal vez me olvido de mucho
de lo que tuve de mozo?
(tal vez me olvido, dichoso,
porque aura rezo? y escucho?).
Pero algo tiene este pucho
de vida que va quedando,
porque a veces lagrimiando,
veo pasar a la niebla,
una luz en la tiniebla
y un alma que va cantando?
No quedan en mi fogón
ni cenizas de aquel fuego,
aunque a veces en un ruego
se quema mi corazón.
Ya no tiene el diapasón
de mi guitarra canciones,
ni me asisten emociones
de aquellos tiempos primeros?,
pero recuerdo al tropero
y le alzo mis oraciones.
Quisiera elevar el canto
más sincero y conmovido,
para traer del olvido
el alma clara de un santo.
Se me va tornando en llanto
este canto de sauzales,
porque oí cantores reales
(al zorzal y al chacarero)?
¡Ninguno tan verdadero
como el Negrito Canales!
BUENAVENTURA LUNA (Dedicada a ?ese ejemplo de cantores? que se llamó Diego Manuel Canales).
El Canto Perdido
Por Eusebio Dojorti (Buenaventura Luna)
Todo se apaga en la tarde que muere:
el oro de los trigos,
el sangrar de las achiras
y aquel noble verdor de los alfares.
Y cuando la noche derrama
su llanto de estrellas,
sólo le queda al valle
el aroma frutal de los veranos
y una sugestión de cantos perdidos,
con la armonía de los cantos
que ruedan en los ríos.
Se cantaban cifras, estilos y milongas en las llanuras, en las fiestas rumorosas de la yerra y el rodeo. Hasta Laguna Paiva y, más abajo, hasta El Saladillo -arrabales de Rosario- llegaba la cadencia dulzona de las guaranias y chamamés del correntino.
De Cuyo descendía quejumbrosa de amores, la tonada. Y la cueca venía a complicarse con las travesuras del gato en los recovecos agrestes de la gran serranía cordobesa.
De cualquier modo, El Canto Perdido flotaba como una luz en el viento nocturno del pasado.
Las coplas del canto perdido son, no solamente el trasunto de una sensibilidad y un modo de ser, sino el reflejo de ese cristiano y manso vivir que singulariza la noble hombría del paisano de nuestra tierra.
Sin ser una historia y sin participar de los elementos que configuran la leyenda, la copla del pueblo nos impresiona muchas veces, no ya solamente como el reflejo verdadero de la sensibilidad del hombre que pasó, sino como un comento de sucesos y circunstancias que en su hora tuvieron la palpitación esforzada y heroica de lo humano?.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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