Un carpintero legó sus herramientas para apostar al futuro de los adolescentes de Granja Los Pibes
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Granja Los Pibes recibió una importante donación de Angel Capel, quien tras más de 60 años en el oficio de carpintero dejó su legado en herramientas e insumos para que los chicos puedan aprender el noble trabajo con la madera.
Esta iniciativa abrió un panorama muy interesante para la institución que hoy recibe a un centenar de chicos para acompañarlos en la educación, el desarrollo y la contención.
Las herramientas donadas por Capel, a partir de las gestiones de Juan Carlos Rossi, fueron ubicadas en una construcción cercana al mini zoo, donde semanalmente un profesor de la Unicén dicta las clases con vistas a un paisaje único, en un ambiente mágico.
Emiliano Fernández, referente de Granja Los Pibes, explicó que “la carpintería, como cualquier emprendimiento con capacitación laboral, nos sirve mucho. Los chicos aprenden a utilizar las herramientas y aprenden un oficio”.
Agregó que el proyecto tiene un extra: “Hizo que se reúnan dos partes vulnerables de la sociedad, que son los chicos y los ancianos. Vino Angel Capel a entregarles las herramientas, su carpintería, su vida, a los chicos. Eso fue muy importante y fue la valorización plus que tenía la carpintería”.
La inauguración fue un momento emotivo para que el carpintero, hoy ya jubilado, disfrutara con los jóvenes. “El no se esperaba esto, estaba un poco inseguro de dónde había dejado sus herramientas. Eran más de 60 años de trayectoria dedicados a la carpintería y él temía que no quedara en buenas manos o que se pierda el oficio de carpintero”, contó.
El proyecto
Un profesor del programa Barriadas asiste una vez por semana durante cuatro horas y le da clases a un grupo reducido de chicos. Se trata de los varones de las salas más grandes, de 9 a 13 años, que participan de grupos de cuatro para evitar accidentes.
“Comenzaron con trabajos sencillos, cortes sencillos, y van de a poco fabricando cosas básicas y hacen muchas reparaciones de mueblería, en las salas, las puertas. Están haciendo los trabajos básicos”, describió Emilio Fernández.
De todos modos, adelantó que hay proyectos para hacer sillas y otros muebles para la Granja y las familias que lo necesiten. “Van a tener la capacidad de hacer algo para su lugar”, explicó.
En cuanto a los insumos, el señor Gironi les manda recortes y adquieren madera, mientras que los tornillos y los clavos los donó Capel “así que estamos muy agradecidos también por eso”.
Cultura
del trabajo
En cuanto a las expectativas, Emilio Fernández consideró que “a los chicos con el trabajo se les abre más el abanico de posibilidades de vida. Ellos se entusiasman mucho porque saben que es así. Ellos al no trabajar, al no tener posibilidades dentro de la sociedad, se ven jugando en una parte muy chica de la vida, entonces con el tema del trabajo se les amplía el parámetro”.
Otro cambio grande es en la actitud, porque “el tema de la prolijidad y del orden es fundamental. Los chicos vienen de un desorden habitual que lo ven en las casas, en la calle, en todos lados, entonces acá el orden es fundamental para que los chicos sean aplicados, responsables y para que el trabajo sea más limpio y eficaz”.
Incluso, a partir de este emprendimiento podrían pensar en implementar la enseñanza en otros rubros. “Los oficios se vienen perdiendo desde hace años, hay muy poca gente que se dedica a eso. Nosotros queremos levantarlos y cualquier oficio a nosotros nos viene bien, para aprender nosotros y para ayudar a los chicos a que aprendan que ellos pueden vivir con un trabajo”, explicó el responsable de la sala de los chicos más grandes.
“El trabajo de educador es estar todo el día con los chicos, desde que llegan de la escuela hasta que se van en el colectivo, y acompañarlos en los distintos talleres que tienen”, contó Emiliano Fernández.
Con 23 años, para conectarse con los chicos “lo que se me hace más fácil es poder hablar mano a mano y explicarles también mi experiencia de vida, entonces ellos comprenden que si yo pude lograr lo que logré, ellos también pueden. Este trabajo me hizo madurar de golpe, pero nunca dejando las cosas que uno hace cuando es chico. Cuando juego con los chicos, soy un chico y cuando tengo que retarlos, soy un adulto”. *
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