Un domingo sinuoso
Este domingo pudo haber terminado en lágrimas en el cerro El Centinela si no fuera porque algunas de las personas que se habían trasladado al lugar para disfrutar del día no hubiesen acudido a socorrer a tres coches en problemas.
El día ameritaba la salida, a pleno sol y con una temperatura agradable, que hizo que muchos decidieran optar por El Centinela como destino para disfrutar en familia.
Filas de autos fueron ingresando al predio y llenaron todas las zonas de estacionamiento disponibles. Algunos fueron directo a la zona de atención, pero otros optaron por concurrir con sus propias sillas y termos para disfrutar de los tibios rayos de sol que se filtraban entre los árboles.
Sin embargo, en el lapso de dos horas tres autos estuvieron al límite de volcar. El primer coche comenzó la escalada hacia el estacionamiento, cuando de repente, no pudo avanzar más. Quienes estaban en el lugar permanecieron unos minutos observando al conductor que luchaba contra la arenilla y comenzaba, sin desearlo, el descenso contra los autos que estaban detrás.
Todos los que permanecían observando en el sitio empezaron a preocuparse porque el conductor no podía enderezar el rumbo. De ese modo, terminó al borde del camino, con una de sus ruedas sobre el aire, al límite de volcar en el acceso.
Inmediatamente, quienes observaban la situación corrieron en auxilio, resbalando por el camino hasta llegar al coche. Entre varios lo empujaron y éste logró destrabarse de las piedras y salir nuevamente hacia el camino.
Todos los presentes infirieron que existía impericia del conductor, pero minutos después, la suposición quedó descartada, porque un segundo vehículo volvió a patinar en el ascenso.
Los mismos hombres que habían colaborado en la primera oportunidad, volvieron a correr, ya que en esta ocasión el auto se encontraba ocupado con una familia entera. Ayudaron a desalojar al vehículo que había quedado atorado entre las piedras y parte en el vacío, y luego comenzó la difícil tarea de removerlo.
Era tan inconveniente la posición del rodado, que entre varios hombre tuvieron que levantar la parte trasera en el aire y generar un desplazamiento suficiente para que el mismo no se desbarrancara.
A lo lejos ya se veía la fatiga de los hombres y su preocupación, porque la fila de autos seguía avanzando.
Finalmente llegó el último caso, quizá el peor, porque terminó con toda la parte trasera en el aire y quienes tuvieron que auxiliarlo debieron colocarse por debajo y empujar por sobre sus cabezas el vehículo atascado -comprendiendo el peligro de estar en ese lugar.
Se necesitó mucha fuerza para mover el rodado y todos los testigos vivieron la preocupación de que los vehículos volcaran y pudieran dañar a quienes estaban debajo y en ellos.
El domingo, cuando varias personas habían salido a disfrutar del sol y de la compañía en familia, se había convertido en un camino sinuoso, que gracias a la solidaridad de otros visitantes no terminó en tragedia.
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