Un emblema del boxeo de Tandil
Escribe Andrea Martínez Villada
andreamartinezvillada@gmail.com
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSu nombre es Graciano Pintore pero todos los tandilenses lo conocen como “Gringo”. Reconocido deportista, emblema del boxeo tandilense. Nació un 12 de julio de 1944 bajo el signo de cáncer, “en pleno verano”. Sí, hacía mucho calor, es que su vida se inició en Cerdeña, una isla italiana del centro del mar mediterráneo occidental, donde suele nevar sólo en diciembre, según recordó Pintore.
Hijo de Antonio Pintore y María Penduzzu, hermano de 4 varones –nacidos en suelo europeo- y 2 mujeres –nacidas posteriormente acá-, arribó a Tandil cuando tenía 6 años. Había cursado solamente el primer año del primario en Italia cuando sus padres decidieron cambiar de rumbo y eligieron a Tandil como destino, lugar del cual se enamoraron y del que nunca quisieron irse.
“La verdad no sé por qué decidieron venir”, admitió “Gringo” con café en mano, porque cada vez que les preguntó el por qué de la mudanza, le respondieron que era para ver “qué pasaba”. Sin importar los motivos de la decisión de Antonio y María, ninguno de los dos sabía, ni siquiera sospechaba que por razones del destino, a los pocos años, su hijo se convertiría en uno de los más grandes ídolos del boxeo tandilense.
Criado en el barrio de Villa Italia, contó que pasó una “linda infancia”. Ex alumno de la Escuela 21, este destacado deportista tandilense admitió que “todavía tengo a los amigos que me hice”, con quienes “siempre nos encontramos, me acuerdo el nombre de todos que me venían a ver cuando boxeaba, se fanatizaron conmigo”, contó sonriéndose, un poco tímido, un poco orgulloso.
Estandarte del boxeo tandilense, colmó varias veces la platea del Club Santamarina -del cual fue presidente- vivió en Capital Federal, peleó en 12 oportunidades en el Luna Park, donde se topó con legendarias figuras del ring. A los 30 años, luego de haber peleado por el título argentino contra “Cachín” Méndez, decidió abandonar el boxeo y radicarse nuevamente en Tandil.
Ya en suelo serrano, abrió una “pilchería” llamada “Vaquería Gringo”, y le fue muy bien. También, durante más de 30 años tuvo un cafetín, en pleno centro de la ciudad. Conoció a Mirta Beatriz Deosefe, su actual esposa. Es padre dos hijos, Eugenio y Paolo, que vive en Buenos Aires. Fuera de su ámbito familiar, “Gringo” reconoció que tiene muchos amigos y que no siente que nadie lo odie.
A sus 67 años, con un total de más de 150 peleas amateur y 51 profesionales, Pintore abrió las puertas de su casa a La Vidriera para compartir aquellas anécdotas que nunca se cansará de contar. Esos recuerdos que quedarán grabados en su memoria, en sus guantes, entre las cuerdas o en una bolsa de un gimnasio. Siéntese y lea, que “Gringo” Pintore sube una vez más al ring, esta vez no para defender un título ni para mandar a uno al piso de un solo golpe, sino para compartir, nada más ni nada menos, que su vida.
-Cuando yo era chico mi padre me llevaba a ver los campeonatos de barrio y yo veía el cuerpo que tenían los boxeadores, y me gustaba eso, el estado y la preparación que tenían. Yo trabajaba en la bicicletería de los Brutti, en la avenida España, y había un boxeador que se llamaba Armando Brutti, primo de los dueños. Y como en el taller, cada dos por tres nos agarrábamos a boxear con alguno ahí, un día Armando me dijo: “¿Por qué no vas a entrenarte? Yo te presento al entrenador Raúl Angerami”, a lo que le respondí: “¿No me matarán?”, porque a mi mamá no le iba a gustar nada. Y me dijo que no le diga, que me lleve un pantalón y de ahí me fuese a entrenar. Me presentó a Angerami y así empecé. Entré en un campeonato de barrio cuando tenía 14 años, pesaba 44 kilos. Me gustó y no lo pude abandonar nunca, solamente un año que tuve un accidente y estuve internado, pero después seguí toda mi vida ligado al boxeo como hasta el día de hoy. Siempre que salgo a la calle, me para alguno para hablar de boxeo.
-No me acuerdo el nombre, tenía 14 años, fue en el ´58. Nunca más lo vi, hace más de 30 o 40 años que no lo veo. Cuando cumplí los 15, me mandaron a pelear a Mar del Plata y ya tenía un entrenamiento espectacular. Tenía un susto, no se pueden imaginar. Me mandaron a pelear con José González, y todos me decían “ese te mata”, yo era pibito y me iba achicando, pero cuando subí al ring se me pasaron todos los nervios y lo peleé como si fuera cualquiera y le gané. Ahí me re agrandé.
-Sí, todos los sábados peleaba. Antes había boxeo todos los sábados.
-Sí, me acuerdo cuando empecé que boxeaba escondido con otro nombre porque si se enteraba mi mamá me ganaba por nock out (risas). Ella se enteró porque cuando gané una pelea, una vecina le dijo: “¡Qué bien que anduvo su hijo Graciano, señora!”, y ella le preguntó en dónde, y ahí le dijo que era boxeador. Resulta que mi papá la había llevado un día a ver una pelea de Pascual Pérez, y a ella no le gustó para nada. Y me dijo: “Me imagino que nunca vas a boxear vos”, y yo no le decía nada. Hasta que se enteró por la vecina y me retó. Pero a papá le gustaba.
mejores peleas
-En el Club Santamarina, y hubo un tiempo que también en el Club Defensa y el Unión. Recuerdo que en la misma semana hubo 2 festivales de boxeo. Yo era hincha de Unión pero boxísticamente yo siempre estuve en el Santamarina, integré todas las comisiones, fui hasta presidente del club. Fui secretario, presidente de la Comisión de Box, lástima que pasó lo que pasó, pero pienso que se va a resolver con el tiempo.
-Un montón, tuve tantos que ni me acuerdo. Para nombrarle algún famoso, “Cachín” Méndez y “Cucusa” Ramos; ambos campeones. Hugo Villerán, ese fue muy bueno, todavía la gente recuerda esa pelea porque él era compañero de Carlos Monzón. Y me lo mandaron a mí acá, y fue una pelea muy buena. Lástima que en ese tiempo no había las cosas que hay ahora que lo pasan por televisión.
-Cuando peleé contra “Cachín” Méndez por el título el 17 de mayo del ’64. Ya había peleado con él cuatro veces anteriormente, pero él ganó el título argentino y yo me retrasé por el accidente que había tenido en la moto. Fue una pelea muy dura, era muy buen boxeador. A parte era muy famoso, pero lo peleé como si fuera cualquier otro rival porque todos se suben a ganar, ninguno sube a perder. Y eso era lo que yo siempre tenía pensado.
-Gané títulos en amateur, en los campeonatos de barrio. Y de profesional el único que gané fue que estuve primero en el ranking y pude pelear por el título con “Cachín” Méndez, porque ahora por más que no estés primero en el ranking podés pelear por el título, antes tenías que ser el primero. Y los diez que te seguían, eran tantos como el campeón. Había tantos boxeadores que era muy difícil poder ganar un título, y famosos.
El boxeo en
Buenos Aires
-Sí, fui varias veces para integrar selecciones para los Panamericanos, y participé de las eliminatorias para las Olimpíadas de Japón, que se realizaron el 1964.
-Sí, fue de amateur. Peleé dos veces, fue la única oportunidad en que se hizo una selección amateur porque era para sacar a los mejores para ir a las Olimpíadas. De profesional no me acuerdo bien los rivales, tendría que mirar bien mi record. Pero todos fueron famosos.
-Pelear en el Luna Park, en esa época, era un orgullo para todos los boxeadores. Ahora mismo hay pocos, uno o dos festivales por año, todos quieren pelear en el Luna Park, aunque sea una pelea o dos. Yo peleé 6 veces como la principal pelea, tengo los carteles, todo. Ahí perdí 3, de esas 2 me las robaron y la otra la gané. En total, fueron 12 peleas.
-Sí, aunque yo no era tan conocido como los que nombré, iba mucha gente a verme… Capaz que lo iban a ver también a mi rival (risas).
-Íbamos siempre los mismos. Hugo Hidalgo, Pedro Rimovsky, Pascual García y siempre nos iban a visitar muchos amigos, como Marcos Vistalli. Me hice amigo de muchos, de Monzón, de Bonavena, boxeadores que fueron legendarios.
Y en Buenos Aires necesitaba trabajar y me metí en una vaquería y conseguí trabajo, y aprendí el oficio ahí. Boxeaba y trabajaba porque para vivir allá, en ese tiempo, era muy difícil mantenerse. Vivía en un hotel y había que comer comida especial porque un deportista no podía andar comiendo cualquier porquería porque sino el organismo no te resultaba fructífero. Y estuve dos o tres años viviendo en Buenos Aires.
-Todavía no lo conocía nadie porque nos entrenábamos todos en el Luna Park y después salíamos. Después se hizo famoso, cuando le ganó a Nino Benvenuti. Monzón tuvo la suerte de que su manager le consiguiera esa pelea porque era un tipo muy conocido, peleó y lo noqueó, y lo hicieron un Dios. Después se hizo mucho más famoso cuando lo noqueó a José “Mantequilla” Nápoles y sobre el pucho, acá en Argentina, empezó a salir con Susana Giménez.
-Yo me enteré por amigos de él que Monzón si tomaba era un tipo jod…, yo me acuerdo la última vez que lo vi, él venía caminando con un periodista y nos cruzamos en la calle Corrientes. Me saludó el periodista y él me dijo: “¿Qué hacés tano?”, pero no me dio ni la mano, nada. Yo me quedé piola, siempre salíamos cuando no lo conocía nadie pero bueno, el que era un tipo muy humilde y bueno era Nicolino Locche.
-Sí, con Nicolino Locche, una del cigarro. Resulta que Locche andaba muy mal y estaba internado y no podía en la clínica fumar. Se empezó a sentir bien, lo fue a visitar un amigo y le pidió un cigarrillo. “¿Por qué no me dejás dos o tres cigarros en la mesa de luz, si total no los puedo fumar si no tengo para prenderlos?”, le dijo. El amigo se los dejó, cuando se fue, al rato vino la enfermera y le dijo “por favor señorita, yo soy devoto de esta Virgen, ¿Por qué no le prende una vela?”. La enfermera la prendió y cuando se va, el se prendió un cigarrillo. Era tremendo.
muy buen púgil
-Yo pensaba que tenía que ganar sí o sí. Tal vez no pasaba pero con la mentalidad de ganar siempre tenés la pelea ganada.
-No, para el que le gusta no. Para mí era fácil porque nunca se me fueron las ganas de entrenarme. Sacrificado es para la persona que no le gusta el entrenamiento porque arriba del ring cobra, recibe palizas, porque el boxeo no es un deporte que se juega, sino que se pega. Por eso hay que cuidarse mucho para que los golpes no te provoquen el efecto que pueden provocarte, hay que estar bien cuidado. Yo he caído algunas veces pero nunca me ha pasado nada. Siempre me cuidé de los cabezazos, nunca tuve cortes, por suerte.
-Que lo piense bien porque primero y principal si quiere boxear y está decidido a llevar la vida de un boxeador porque hay muchos que han venido a mí porque quieren boxear para después pelearse en la calle.
-En primer lugar, le tiene que gustar mucho y en segundo lugar, dedicarse de lleno a entrenarse bien. No fumar porque le ataca a los pulmones, uno de los lugares donde más necesita estar sano, y también el corazón. Yo conocí muchos boxeadores que fumaban, entre ellos, Monzón. Por eso cuando peleaba, iba administrando el aire como iba peleando. Era inteligentísimo para eso, cuando veía que se ahogaba, trababa al rival y jugueteaba hasta que terminaba el round. Cuando sabía que iba a pelear, dejaba el cigarrillo. Y Nicolino Locche se murió por el cigarrillo a los 69 años.
cambios de rubro
-A los 30 años. Y por qué… no sé, cuando perdí la pelea por el título me desanimé, podría haber seguido porque estaba bien y estaba hablando con el “Chueco” Carnevale, el único que no me dijo “Gringo”, me dijo “más de lo que hiciste, no vas a hacer”, así que lo pensé y me retiré. Después me arrepentí pero como ya me habían hecho un montón de homenajes, no quise volver. A los dos o tres años me dieron ganas de volver y para sacarme esas ganas, entrenaba, pero nunca volví a boxear. Lo que pasa es que lo que más extrañaba era eso, la educación física que hacía todos los días, la dejé de golpe y me sentía mal. Y hasta el día de hoy lo sigo haciendo, la gimnasia que hace el boxeador es la más completa de todas.
-Sí, cuando decidí dejar el boxeo me radiqué nuevamente acá y puse “Vaquería Gringo”.
-Sí, yo tenía una empleada en el local que era amiga de ella, y un día me la presentó. Y nos solíamos ver, nos hicimos amigos y después de novios, hasta casarnos.
-Sí, tuve un café que estuvo abierto durante 32 años.
-Salgo a hacer footing, estoy en casa, miro boxeo. Me reúno con unos amigos del café que hablamos de boxeo y de todo, de fútbol, como soy hincha de River ahora me están gastando todos.
-Donde existe el boxeo, donde era antes, es en Las Vegas. Ahí es donde genera mucha plata y los boxeadores se tienen que cuidar. Ahí hay boxeo todos los días y siempre sacan algún famoso. Siempre tienen alguno.
-Bastante flojo, el único que está es Maidana y Maravilla Martínez que ese ya no está más en la Argentina.
-Es que antes se entrenaban 500 boxeadores en el Luna Park y eran todas figuras. Había boxeo los miércoles que lo veía 12 millones de personas, estaba todo el mundo esperando esos encuentros. Yo peleé 4 veces “Entre las sogas”.
-Es lo que nos está salvando ahora porque hay 3 o 4 campeonas mundiales. Yo siempre las miro.
-Sí, hay muchas. Están Carmona y Prieto. Se entrena en la Universidad Barrial, y otros lados, lo que pasa es que no hay promotores.
-Sí, por lo menos hice algo (risas). La misma gente te lo demuestra, todos los días. Hace treinta y pico de años que dejé el boxeo y todavía la gente me demuestra su cariño todos los días.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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