Un encapuchado asaltó un local del Reencuentro y huyó con un cómplice, que lo esperaba en moto
Cerca de las 20 del jueves se registró un asalto a mano armada en la sucursal de Granja El Reencuentro, ubicada en avenida Brasil 551. Una vez que se alzó con la recaudación, huyó con ayuda de un cómplice, que lo esperaba en la esquina de Larrea con una moto en marcha.
La denuncia la radicó María Rosa Chifflet, una de las empleadas, ya que la cajera que sufrió el atraco, en ese momento quedó shockeada por la situación traumática que le tocó atravesar.
Ayer, más tranquila, Marcela Macri, quien sufrió el asalto, contó que se produjo poco antes de las 20 y que la persona que ingresó tenía el rostro cubierto, vestía jeans y un buzo blanco.
?Fue un momento que quedó el local sin gente. Un rato antes había gente, también en la vereda, en la verdulería. Fue un segundo, un momento que se quedó sin gente. Estaba sola acá en la caja, veo que entra uno encapuchado, ni bien cruza la puerta se termina de cubrir la cara, sólo se le veían los ojos?, explicó la cajera.
El intruso se acercó hasta la caja, sacó el arma y le dijo: ?Dame la plata, callate, callate y dame la plata?. Marcela Macri intentó frenarlo con un ?pará?, pero el asaltante volvió a amenazarla.
?Le di lo que tenía en la caja. Se llevó alrededor de 400 pesos?, relató la víctima.
En cuanto a las características del intruso, aseguró que sólo le vio los ojos, porque estaba encapuchado, aunque por la voz le pareció que era una persona joven.
?Fue algo muy rápido porque cuando él entró me dijo ?dame la plata?, sacó el arma y le temblaba la mano, eso lo vi. Cuando le estaba dando la plata viene María ?su compañera-, que justo había ido adentro, al baño, y cuando veo que venía ella, agarró la plata y se fue. Yo no quería que apareciera (María), porque pensaba si este chico la ve, dispara… porque uno nunca sabe lo que piensan ellos?, expresó Marcela Macri.
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Describió el instante como de ?mucha tensión?, aunque sólo dimensionó la gravedad de lo que había pasado un rato después: ?Quedé dura, no podía hablar, no podía hacer nada. Al rato reaccioné sobre lo que había pasado?.
Es el primer robo que sufrió la sucursal en poco más de dos meses que lleva inaugurada ?y espero que sea el último?, dijo la cajera, visiblemente atemorizada.
-¿Hay medidas de seguridad en la zona?
-Falta iluminación; desde que estamos acá no he visto pasar un patrullero, nada, también falta que controlen, que vigilen, porque estamos en un lugar que está a la salida y la perspectiva de todo.
-¿Algún vecino vio algo?
-Una señora vio que había un pibe esperando en la esquina en una motito en marcha y a la vez vio que salía uno corriendo, encapuchado. Al rato apareció y preguntó si nos habían robado; le dijimos que sí, que era un encapuchado de blanco y con jeans. Ella lo vio salir, así que ella también hizo la denuncia y le dio los datos a la policía, que también a la señora le habían robado en la farmacia Marzzoca hace poquito.
Tras el asalto, la otra empleada del local llamó a la empresa de alarmas y a la policía.
Los blancos preferidos
Desde el inicio de 2009, los supermercados, minimercados y carnicerías se han convertido en los blancos más ?visitados? por los delincuentes. Los asaltos devinieron una constante, que ofrece similitudes en cuanto al modus operandi y la rapidez con la que los delincuentes logran su objetivo.
Consultada sobre esta situación, Marcela Macri aseguró que ?trabajo con miedo. Todos nos decían que en cualquier momento nos iban a asaltar, más que Brasil es una salida rápida?.
En este sentido, afirmó rotundamente que ?falta seguridad, pero qué sé yo… si por más que pidas no hacen nada. Ya no sabemos qué pedir. Tampoco voy a tener un arma acá para cuidarme yo, no se puede. Es cuestión de esperar a ver qué pasa, encima andan sueltos como pancho por su casa, porque no sabés si vienen acá a comprarte, los ves encapuchados, pero a lo mejor un rato antes habían entrado a comprar, no sabés?.
La joven cajera sólo pidió poder cumplir su horario de trabajo sin miedo, ya que ante cualquier señal se sobresalta y la conduce a pensar que el horrible episodio puede volver a repetirse.*
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