Un estudiante del colegio San Ignacio obtuvo la medalla de bronce en las Olimpíadas de Singapur
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Luego de varios intentos y de profundizar conocimientos, Ignacio Iglesias Grasso, estudiante del colegio San Ignacio, trajo la primera medalla para Tandil, en este caso la de bronce, luego de participar de la 23ra. Olimpíada Internacional de Biología que se desarrolló en Singapur del 8 al 15 de julio.
Ignacio Iglesias Grasso, junto a un joven del colegio Nacional de Capital Federal y otros dos de la Escuela de San Jorge de Santa Fe, formó parte del equipo que representó a Argentina en el certamen y que logró dos medallas de bronce y una mención para el equipo.
Del evento mundial participaron 234 alumnos representantes de 59 países.
El viaje
Ignacio Iglesias Grasso comenzó a participar de las olimpíadas en 8vo. año del anterior sistema, el polimodal, cuando cumplió con el Nivel I y pasó a la siguiente fase de la competencia.
En septiembre del año pasado, en tanto, se subió nuevamente a la etapa nacional, en la cual debió superar distintas instancias hasta que se formó un equipo de cuatro estudiantes que representaron al país.
“Llegamos a Singapur un domingo, luego de varias escalas y horas de viajes. El lunes fuimos a recorrer la ciudad y también participamos de la ceremonia de inauguración”, contó el estudiante en una entrevista con este Diario.
Al día siguiente “hicimos los exámenes prácticos que eran en cuatro partes de hora y media cada una”, mientras que el jueves “dos teóricos de tres horas cada uno”.
En base a ello se establece un promedio de las notas obtenidas en cada instancia, que determinará los premios. “El 10 por ciento se lleva oro, 20 por ciento restante plata y el 30 por ciento bronce”, explicó.
Ya sobre el final de la estadía, los organizadores de las olimpíadas agasajaron a los representantes de los 59 países en una fiesta que incluyó la premiación.
Para el acto de cierre, y luego de una serie de presentaciones y discursos, comenzaron a nombrar a los ganadores, “de abajo hacia arriba”.
Al quedar en el puesto 138, consiguió la medalla de bronce a la vez que recibió un diploma de participación. “Y la experiencia fue lo mejor”, remarcó.
Los antecedentes
Las Olimpíadas de Biología, en particular, se caracterizan por contar con dos niveles. El primero es para estudiantes de hasta 3er. año de la Escuela Secundaria Básica, mientras que el segundo es hasta 6to. año. Y durante su formación, los participantes pasan por las distintas etapas.
Cuando Ignacio Iglesias Grasso se inició en este camino “la idea era llegar al nacional y ganar un viaje a Córdoba. Me gustaba mucho la biología”.
Ese primer año, allá por 2010 “quedamos a mitad del cuadro”. Sin embargo, en el segundo año “fuimos con pocas expectativas y de repente sacamos la primera mención”, es decir el cuarto puesto de la instancia nacional, hecho que los habilitó para una preselección.
Con ese antecedente, apuntaron a una nueva edición, esta vez la última oportunidad de conseguir algún logro, dado que se trata del último año del secundario.
Así, dos estudiantes de San Ignacio “fuimos al nacional con la idea de sacar algo y salimos séptimos”, confió.
Próximo destino
Tras una serie de pruebas, quedaron seleccionados nueve estudiantes en todo el país, quienes una vez por mes y durante cuatro meses viajaron a la Universidad de Río Cuarto donde se centró la preparación.
A lo largo de esa experiencia “distintos profesores nos daban clases de diversas ramas de la biología”.
Finalmente, en junio los aspirantes tuvieron que sortear un nuevo examen por medio del cual se eligieron a los cuatro representantes argentinos que participaron de la 23ra. edición de las olimpíadas.
En ese sentido, Ignacio Iglesias Grasso explicó que “saqué el 56 por ciento en el teórico y en el práctico tuve que hacer una especie de desempate con el compañero con el que viajé desde acá y pasé yo”.
“Tres días antes de viajar dije que íbamos a sacar el bronce. Fui con esa meta y se dio”, agregó el joven.
“Nivel elevadísimo”
Por su parte, el profesor de biología Alejandro Ciganda, que acompañó el desarrollo de los estudiantes que aspiran a participar de la competencia, consideró que “el nivel es elevadísimo” y que el grado de exigencia es “muy alto”.
Y graficó que “cuando Ignacio fue a Singapur estuvo haciendo una técnica de detección de ADN. Y para ello viajó a Río Cuarto y se preparó con todo el material a disposición”.
En relación al rol del colegio, destacó que esta circunstancia forma parte de un “trabajo que es institucional, es toda una línea”.
“Lo que Ignacio logra es lo que le sirve al colegio y que da la base para todos los que siguen atrás”, destacó.
Más allá de la decisión o el camino que cada alumno pueda tomar de cara al futuro, Ciganda valoró por último que “lo que más suma de todo esto es la experiencia”. *
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