Un famoso en el camino
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Si un día voy caminando por la calle y lo veo al Indio Solari, lo más probable es que haga lo mismo que hizo Boyo Tosello el miércoles pasado, cuando se lo cruzó en Alem y Pinto: seguir caminando como si nada.
No se trata de una actitud de tipo superado, de timidez o de antipatía para con el ex líder de Los Redondos. Simplemente, pensaría que es un loco que se hace el Indio. Justamente, lo mismo que pensó Boyo.
Me puede pasar lo mismo con la mayoría de los famosos. Primero, por un pensamiento de pueblerino acomplejado: ¿qué va a estar haciendo este tipo en Tandil? Segundo, por una cuestión de estos tiempos: todos son medio parecidos a todos. Por caso, ayer caminando por el centro, si mal no hago la cuenta me crucé con 15 pibes parecidos a Justin Bieber. Quizás uno de esos 15 era el verdadero, lo cual me tiene absolutamente sin cuidado.
Además, existe esa característica intrínseca del tandilero: el ridículo miedo a quedar en orsai. Una patología vernácula que nos convierte en seres parecidos a una vaca, curiosos pero inexpresivos, con marcada tendencia a la simulada indiferencia.
Ante la presencia de un famoso en nuestro camino, el razonamiento funciona más o menos así:
-Si le digo algo y no es, quedo como un tonto.
-Si es, va a pensar que si le digo algo soy un tonto
-Mejor, me hago el tonto.
No obstante, aunque impermeable a los avatares del mundo, Tandil ya no puede resistirse a los males de la globalización. Cualquiera puede resistir a un ataque de cholulaje a mano limpia; pero si uno viene con un celular en la mano, la tentación es casi irresistible.
Por caso, Gastón Santamarina publicó ayer en su Facebook que en la foto de primera plana que publicó El Eco del Indio Solari en la puerta del Cervantes, el celular que puede verse en el ángulo inferior derecho es el suyo. Con lo cual, dentro de algunos años va a poder mostrarle a sus nietos no sólo la foto del Indio (que para entonces va a ser algo así como Antonio Tormo), sino también la foto que atestigua que sacó la foto.
(-Mamá, mamá, el abuelo Gastón empezó otra vez con las fotos de ese Solari o Solario…)
Me pregunto cómo habrán sido las cosas en otras épocas, cuando no existían los medios masivos de comunicación y las imágenes de los ídolos llegaban de tanto en tanto en revistas del espectáculo o en películas.
Ni qué hablar, cuando esos ídolos no pertenecían a la farándula artística.
Cuenta el historiador Daniel Pérez en un artículo publicado en Tiempos Tandilenses una anécdota que tuvo como protagonista al poeta local Julio Villaverde.
Corría el año 1945 y aquel joven apasionado ya por las letras se dirigía a su trabajo. Era una mañana fría de agosto y, como todos los días, tomó el colectivo que lo llevaba a la zona de los cuarteles. A poco de sentarse vio que en los asientos de al lado había una pareja. El hombre tenía un notable parecido con el poeta Pablo Neruda.
Era un momento crucial en la vida del tandilense. Si encaraba de frente a su ocasional compañero de pasaje y no era quien él suponía iba a pasar una vergüenza difícil de olvidar. Pero si no lo intentaba, no se iba a perdonar jamás quedarse con la duda.
Hasta que tuvo la brillante idea de comenzar a recitar a media voz uno de los "Veinte poemas de amor" del poeta chileno.
-Veo que usted me ha reconocido -le dijo Neruda, en tono confidencial-. Pero sépame entender que vengo de incógnito.
Años más tarde, tantos como la discreción aconsejaba, Villaverde pudo decir que esa mañana de agosto del 45, Neruda iba a conocer La Movediza, acompañado de una dama.
Tomaremos, pues, la enseñanza. Si alguna vez creemos que en nuestro camino se cruza el Indio Solari, habremos de cantar en voz alta `ensayo general para la farsa actual, teatro antidisturbios…`.
Para el caso de Justin Bieber, la cuestión es más fácil: baby baby baby…
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