¡Un germen por acá!
El súper está vacío, obviamente un domingo a las tres y pico de la tarde convoca poca gente y la poca que va compra rápido, lo necesario y sale como corriendo. En cambio, yo decidí dar un paseo para ver cómo nos está yendo en estas cuestiones de poner en práctica las normas de higiene para no caer en brazos del enemigo público número 1: la influenza A.
Como estoy dando una vuelta y sin apuro, me detengo en las pocas personas que entran al lugar, en este caso una madre con su chiquito que se encapricha tirándose al suelo. ?Bueno, yo me voy? dice ella, mientras el nene de cara al piso realiza su rutina de berrinche. Lo levanta y camina con él en brazos hacia el interior del mercado: la carita del nene, húmeda de lágrimas y de quién sabe qué gérmenes que se le pegaron mientras se restregaba en el suelo. La mamá lo abraza tiernamente, ambos sonríen y ella se come al nene a besos acompañado de un buen puñado de bacterias. El hijo cambia de idea, ahora nuevamente quiere caminar ¡hay tanto para ver y nadie que esté mirando!, sale corriendo y se mete entre los juguetes y toca uno y otro, pasa luego al bazar y sigue tocando y tocando, mientras su mamá trata de no perderlo de vista en el descampado súper. Y el pequeño vuelve blandiendo en su mano una naranja que es más grande que su boca y llora porque no se la puede comer. ?Dejá eso? dice la madre y pone la naranja sobre una caja de ofertas de prendas de vestir. Yo la sigo porque estoy fascinada, en menos de diez minutos esta amorosa madre con su amoroso hijo han sido destinatarios y a su vez transmisores de cuantos gérmenes se pueda encontrar en el lugar. ¡Oh! En una de las góndolas el nene encuentra un paquete de masitas abierto y allí mete su manita y se come algunas hasta que es sorprendido por la mamá que le dice ?¡Tirá eso!? Y el nene tira el paquete que la señora levanta tratando de meter las galletitas desparramadas. Y mirando a uno y otro lado coloca el paquete sobre el estante, alza al pequeño y siguen de recorrida, llegando a la panadería. Nuevamente el pequeño se tira de los brazos frente a tanta cosa para tocar, pan, confituras, quiere todo, y para eso señala y toca cada una de las piezas que desea. La madre, llamándolo por su nombre, le dice ?¡basta!? Y parece un poco enojada. Compra algunas cosas y pega la vuelta camino a la salida. Al nene le da otro ataque de berrinche y se vuelve a tirar al piso haciéndose un rollito sobre él. ?Mirá que te dejo acá con los señores que están por cerrar y te vas a quedar solo toda la noche?. ¿Es una amenaza o el sueño de más de un mortal pasar toda la noche en un súper sin que nadie se entere? De película. Pero la señora lo ha dicho con tono de amenaza maternal. El nene se levanta y se lleva las manitas a los ojos, a la nariz y a la boca. La mamá se arrepiente de su tono y lo levanta en brazos ¡Upa!. ?¡Mirá cómo te pusiste el pantalón, todo sucio, bueno pobre mi chiquito, ahora llegamos a casa y te lo cambio, pero primero tenés que tomar toda la leche, si??.
¿De lavarse las manos ni hablar?
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