Un ícono de la moda
Hace cerca de 50 años Cledi Viglezzi dio el puntapié inicial para lo que sería una de las casas de moda más reconocidas de la ciudad. Comenzó de muy joven con un negocio pequeño en su casa impulsada por una gran pasión que llevaba en su interior desde muy pequeña: la moda. Su madre tuvo mucho que ver en el surgimiento de ese sentimiento, ya que siempre le había encantado vestirse bien.
“Me gustaba desde chiquita, siempre me encantó la moda”, cuenta. Al poco tiempo de empezar a vender ropa en su casa se embarcó en otro proyecto: la venta de calzado y carteras. Así fue que puso su zapatería en pleno centro de la ciudad en la galería de la calle San Martín. Con el tiempo, unió ambos negocios en uno, calzado y ropa y así surgió la boutique Cledi que estuvo primero ubicada en la calle Sarmiento y luego donde está hoy en día, en 9 de Julio 672.
Cledi cumplió su sueño de pequeña: Tener su propio local de prendas donde además de vender las de sus diseñadores favoritos, ella misma creaba vestidos de novia, de madrina y de quince años.
Más tarde Cledi comenzó a realizar desfiles a beneficio de la Cruz Roja con la presencia siempre de importantes modelos y diseños. “Siempre me encantó, yo iba a los mejores desfiles en Buenos Aires”, explica. Y confiesa que “cuando hago un desfile, no lo hago comercialmente sino porque me gusta”.
Cledi Vigglezzi es una trabajadora de la moda que dedicó su vida entera a esa pasión. “Siempre trabajé muchas horas y mi marido tuvo mucha paciencia porque yo le dedicaba tantas horas al trabajo”, explica.
Siempre se manejó sola, pero ahora asegura que tiene “un equipo muy bueno de trabajo que defiende mucho el negocio”, lo cual le permite tomarse “algunas horitas para ir a ver a mis nietos: tengo seis, tres grandes y tres pequeños. Mi hijo Marcelo me dio tres divinos, Valeria, Ramiro, Matías; y Alejandro me dio otros tres: Valentín, Luca y Julia.
Orgullosa con su familia, Cledi le dedica tiempo a ellos mientras continúa al frente de su boutique y confiesa que su política es que el cliente tiene que “salir bien vestido” de su casa. “Tienen que preguntarle: ´¿Dónde lo compraste?´. Prefiero no vender a vender una cosa que no queda bien”, asegura.
Con líneas como Adriana Constantini, Armesto, Marita Fernández Criado; tejidos de Lots y muchas otras, Cledi continúa siendo una de las boutiques más destacadas de la ciudad.
Luego de tantos años, no se cansa de trabajar y afirma: “Llevo la moda en el alma”.
El vestuario años atrás
-¿Cuándo empezó con el negocio había otras casas de ropa que era competencia?
-No había competencia, prácticamente poco y nada. No había como ahora un local al lado de otro. Cuarenta años atrás Tandil era totalmente diferente, había una galería y estaba Carol, que en ese momento tenía ropa, dos o tres personas y nadie más. También estaban las grandes tiendas, pero boutiques no había muchas. Yo le he dedicado muchas horas a mi negocio, sobre todo cuando era muy joven.
-Su madre estaría muy contenta cuando usted puso su casa de ropa…
-Ella me ayudaba, era la vidrierista. Le gustaba mucho la moda, yo de chiquita usaba sombrero, me vestía muy bien, fui única hija. Ella iba conmigo a hacer las compras.
-¿Cuál era entonces su diseñador favorito?
-Gino Bogani, que siempre fue mi principal diseñador. Tengo un defecto porque a mí me gusta mucho lo que no es masivo. Me gustaba la moda de antes.
-¿Prefería los diseños exclusivos?
-Antes se podía. Ahora ya es imposible, la alta costura se dejó de lado.
-¿La gente compraba más alta costura porque los valores eran más accesibles?
-Antes era otra cosa, se podía, llegaba a todos, una empleada podía comprarse un buen vestido, hoy no. La alta costura se fue dejando, totalmente.
-¿Eso era lo que más le gustaba?
-Sí, pero me tuve que adaptar y estoy tratando de hacer lo mejor que puedo para tener cosas buenas y no tan vistas, no tan repetidas. Hoy en día todo es muy igual. Yo siempre tengo el detalle de que si bien hay cosas que me gustan mucho y que sé que las vendo, trato de ser respetuosa y no traer tantas prendas iguales porque a la mujer no le gusta.
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-¿Qué particularidad tenían los diseños que hacía? ¿Cómo podría definir su estilo?
-Por ejemplo, para mí Valentino era lo máximo, siempre me gustó. También Channel, ese tipo de líneas, pero ahora es imposible porque ya no conseguís ese estilo de ropa. Hay pero es lo menos. Hoy la mujer también cambió, ya no es como antes para vestirse, hoy es más cómoda, más práctica.
-¿Antes era más elegante la mujer para vestirse?
-No, hoy en día la mujer es muy elegante para vestirse, y sabe pero busca lo práctico. Buscan poder repetir la ropa. Antiguamente la mujer se ponía el vestido dos veces y no lo volvía a utilizar. Hoy en día lo usa muchas veces, que me parece que es lo más correcto.
-¿Eso puede ser porque no tiene posibilidad económicamente hablando de comprar tanta ropa?
-Sí, por supuesto y también la mujer usa mucho el pantalón pese a que este año va a venir muchísimo la pollera y el vestido. Esas prendas creo que en el verano van a ser la vedette. El pantalón, el jean, la gabardina, nunca se van a dejar porque son muy cómodos.
-¿Cuando usted comenzó la mujer no estaba habituada a usar tanto el pantalón?
-Cuando empecé no existía ese tipo de ropa. Han surgido otro tipo de prendas, como las importadas. Las épocas cambiaron, la gente cambió y me tuve que poner al tanto. Por ejemplo, he traído una línea juvenil muy linda, que es para 20, 25 años.
-¿Vende ropa para todas las edades?
-Sí.
-¿Cuando comenzó con el negocio también?
-Eran otras épocas, estaba sola, ahora hay mucha competencia, muchos negocios. Cuando empecé no había los negocios que hay hoy, Tandil ha crecido mucho y no es lo mismo.
-¿Qué es lo que la mujer más busca?
-Lo más práctico. Las fiestas ya no son como antes, la mujer se quiere poner una prenda que después la pueda volver a usar.
-¿Qué cambios ve en sus clientas desde que comenzó con el negocio hasta ahora?
-Ha cambiado en la forma de vestir, entonces yo me tengo que adecuar a lo que la gente pide. Las épocas han cambiado, son generaciones totalmente distintas.
La mujer grande hoy quiere vestirse joven, entonces, yo trato de traer la ropa que la haga más joven. Hoy la mujer no quiere vestirse de grande. Yo recuerdo mi abuelita que tenía 60 años y se vestía como una abuela. Hoy, una abuela se viste como una chica. La mujer es más coqueta, se fija mucho en la estética.
-¿Qué diferencias ve en las mujeres desde entonces a la actualidad?
-Ahora estoy muy contenta porque al crecer tanto Tandil, mi negocio cambió totalmente. Ahora uno vive mucho de la gente de paso, del turismo, aunque también hay personas que vienen a vivir acá, mucha gente joven, de Buenos Aires, que también tienen otra forma de vestir.
En realidad, a la mujer siempre le gustó la ropa y siempre compró.
Los desfiles
-¿Cuándo comenzó con los desfiles?
-Con la agrupación Bochica que eran clientas mías, y necesitaban irse de viaje, entonces me dijeron de hacer un desfile y lo hicimos en el Hotel Plaza. Les pedí que donaran una parte de lo recaudado a la Cruz Roja. Fue la primera vez que hice un desfile a beneficio de esa institución aunque siempre me gustó hacer a total beneficio. Y los hice durante muchos años, he traído modelos muy buenas, los desfiles han sido muy lindos. Después estuve aproximadamente cuatro años en los que dejé de hacerlos porque era mucho trabajo y yo le dedico ¡tanto tiempo!, así que necesitaba un descanso.
-¿Eran desfiles de temporada?
-Para primavera-verano y otoño-invierno. Después dejé y dije que no iba a hacer más. Por eso me decían que era como Mirtha Legrand, que después iba a volver y efectivamente he vuelto pese a las críticas. Tanto me lo pidió Cruz Roja y la gente que hice un desfile distinto, traje a Adriana Constantini con su colección, ella me ayudó mucho porque quería que volviera a hacer los encuentros y me resultó un poco más fácil. Tal cual lo pasó en el Sheraton lo hizo acá, porque yo soy representante exclusivo de Adriana Constantini. Ella había venido otras veces pero ahora le encantó venir, siempre le gustó mucho Tandil.
-¿El público acompaña este tipo de eventos?
-A mí me acompaña siempre, hasta ahora he tenido suerte y por supuesto a la Cruz Roja, que es una institución que trabaja mucho. Eso es lo que a mí me gusta, poder ayudar, por eso lo hago a beneficio.
-¿Tiene planificado hacer algún desfile próximamente?
-Estamos en eso, todavía no lo he definido, a mí me gusta, lo llevo en el alma porque cuando hago uno no es por lo comercial sino que es lo que a mí me gusta.
Una pasión
-¿Cuándo usted diseñaba la gente le pedía algo en particular?
-Sí, por ejemplo un vestido de madrina y me decía “quiero el color azulino”. Pero yo la veía a ella y no me gustaba, entonces hacía otra cosa y me lo aceptaba porque sabía que iba a salir bien vestida.
Vos el vestido lo tenés que adecuar a la persona y al cliente hay que asesorarlo, considero que es un detalle muy importante. Vos no podés vender por vender o porque es comercio malvestir a tu cliente.
Tu cliente tiene que salir bien vestido de tu casa. Tienen que preguntarle: “¿dónde lo compraste?”. Esa es mi política.
Yo soy así, una clienta está en el probador poniéndose un vestido y le digo: “sacátelo porque no te queda bien”. Quien lea hoy este artículo sabe que estoy diciendo la verdad. Yo prefiero no vender, a vender una cosa que no queda bien.
-Entonces sus clientas se van conformes…
-Chochas. Con las adolescentes por ejemplo es más difícil, yo me inclino más hacia la mujer de 35 para adelante, es el público que más tengo porque sabe lo que quiere, son más seguras.
-En cambio las adolescentes se visten todas iguales…
-No les importa encontrarse vestidas iguales, eso no lo tolero. Trato de tener una variedad de cosas para que las mujeres puedan verse distintas, esa es la realidad.
-¿Continúa teniendo clientas desde el comienzo?
-Sí, a ellas y a las hijas.
-¿Qué le dicen luego de tantos años?
-Me preguntan cuándo voy a descansar pero a mí me gusta mucho, siempre estoy pensando en traer algo nuevo.
-¿El hombre compra ropa para la mujer?
-Sí, tengo mis clientes que vienen a hacerle los regalos a las señoras.
-¿Le piden consejo?
Sí, nosotros ya los conocemos. No es la mayoría por supuesto, es por ejemplo, para el Día de la Madre, para las fiestas que siempre viene el hombre a comprar.
-¿Le pasó que a alguna mujer le diga “ese vestido te queda mal” y se lo quiera llevar igual o le prestan atención?
-No, ponen atención. Yo soy sincera para vender y mis empleadas están hechas a mi costumbre. Hacen lo mismo que yo, asesoran a los clientes. Vos vas a otros negocios en Buenos Aires por ejemplo y nadie, ni una empleada se te acerca a decir algo o mostrarte las prendas. En las grandes ciudades no te muestran la ropa, en cambio Tandil es otra cosa, acá la venta es más personal.
-¿Recuerda alguna anécdota curiosa que le haya sucedido?
Una vez me pasó algo que siempre recuerdo. Después de haber hecho un gran desfile con seis modelos profesionales, entró una clienta para ver si tenía una peineta. No me olvido más de eso. Después de un desfile tan importante la primera que vino fue a buscar una peineta.
-¿Qué es lo que más le gusta de trabajar con la moda?
-Cuando vos llevás en el alma esto no lo podés dejar, es un trabajo que siempre me gustó. Siempre digo que lo voy a dejar pero sigo un año más y acá estoy todavía. Me encanta y aparte tengo gente que me acompaña, que me ayuda, y sigo para adelante. *
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