Un juego de niños que puede resultar peligroso
Ayer, en una de sus habituales recorridas por la ciudad, este Diario detectó una situación que podría poner a chicos en peligro sin que ningún adulto hasta el momento, parezca haberlo advertido.
Se trata de niños y adolescentes que han descubierto una rampa natural que hace las delicias de su adrenalina como ?bici voladores?. Hasta ahí si se quiere, no hay nada anormal, ya que se trata de una diversión lógica de la edad, que los reúne y mantiene entretenidos gran parte de la tarde, pero según puede verse, si se detiene uno a observar un momento, la diversión tiene un gran defecto: el recorrido de la rampa finaliza con los chicos bajando a gran velocidad con sus pequeñas bicicletas, en plena rotonda.
Es en la que convergen, en la zona del Lago, las avenidas Don Bosco, San Gabriel, Saavedra Lamas y Osvaldo Zarini, arterias por demás transitadas y más aún por estos días, en vacaciones de invierno, cuando la ciudad está llena de turistas y tandilenses que salen a pasear.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email?Má, voy a dar una
vuelta en bici…?
Y en este punto, volvemos al principio de la nota. Es muy probable que los padres, cuando autorizan a sus hijos a dar una vuelta en bici con sus amigos, ignoren que terminan haciendo de ?bici voladores? en una rampa natural que puede resultar muy peligrosa según lo antes descripto.
Quien ha sido testigo de la situación, ha podido ver además cómo los jóvenes que ya saltaron, se quedan en la rotonda, sobre el asfalto, a observar la performance de su compañero volador, mientras el tránsito vehicular pasa muy cerca de ellos.
El lado más peligroso -según puede deducirse en el lugar- es la llegada de algún automóvil o camión de gran porte que desde avenida Don Bosco se encuentre a su paso con una bicicleta descontrolada. Además, está claro que ninguno de los chicos lleva casco protector.
Así las cosas, desde aquí, este pequeño comentario para poner en alerta a quien pueda tomar cartas en el asunto, si es que considera, luego de echar un vistazo por el lugar y ver a los chicos en acción, que los ciclistas y la rampa deben rumbear para otro lado. La idea no es ser aguafiestas o alarmista, sino advertir sobre algo que tal vez nadie se había percatado aún.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios