Un mandadero denunció que un policía le robó 900 pesos al demorarlo por un conflicto vecinal
Carlos Martín Pereira, quien se desempeña como mandadero en una agencia céntrica, llegó a esta Redacción acompañado por su hijo menor de edad. Traía la copia de una denuncia realizada en la fiscalía y una notificación de una causa caratulada “Daños, resistencia a la autoridad y violación de domicilio”.
Al igual que en la denuncia, el hombre aseguró que un policía le robó entre 800 y 900 pesos y le pegó un codazo mientras lo trasladaba a la Seccional Primera, luego de haber protagonizado una pelea con una familia con la que comparte la medianera del fondo de su vivienda.
Relató que el último domingo salió del trabajo alrededor de las 17 y se dirigió a su casa de Rosalía de Castro 1279. “Cuando llego lo encuentro a mi nene mayor mal. No me decía nada, hasta que se quiebra y empieza a llorar y me dice que el nene de la medianera de atrás de mi casa le había robado el celular”, indicó.
Agregó que como “no era la primera vez”, porque el mismo menor de 11 años ya le habría sacado gallinas y leña, se dirigió a la vivienda de Piedrabuena 268 a reclamar el celular desaparecido.
“Yo esa noche los llamé a los gritos. Había un montón de testigos. Yo en ese momento me broté al no tener una respuesta. Mi nene llamó a la policía para avisar que nos habían robado. Cuando llega la policía al lugar, yo estaba discutiendo no sólo con el de esa casa sino con toda la familia, son como 8 ó 9 primos y hermanos. Era yo contra todos ellos”, dijo y describió que arribaron unos cuatro patrulleros y cuatro motos.
En ese punto, explicó que los vecinos del conflicto “son usurpadores de esa casa. Yo estaba encargado de ese terreno y el dueño es Juan Manuel Ribas, que vive en Primera Junta al 200. El jueves (por mañana) voy a ir a fiscalía con Ribas y los papeles de la casa para demostrar que le pertenece a Ribas y que yo no hice ningún daño a la propiedad”.
Reconoció que estaba muy enojado “de la impotencia de ver a mi nene llorar”, por lo que empezó a llamar al propietario Ribas e ingresó al jardín delantero de la vivienda, desde donde les gritaba.
“Cuando llega la policía, me separa, me reduce y a mi señora; le pegan a mi señora, me pegan a mí. Y cuando me ponen las esposas, el policía que me reduce me empieza a revisar los bolsillos. Me saca del bolsillo de la derecha la recaudación que tenía de los mandados que hago. Automáticamente, empecé a gritar que me habían robado la plata”, dijo.
Consultado sobre el monto que le faltó, dijo que “más o menos tenía entre 800 y 900 pesos porque tengo que hacer bien la cuenta. En la agencia donde estoy llevan todos los mandados por planilla”.
Justificó que el dinero correspondía a algunos cobros a favor de comercios que le habían encomendado la entrega de pedidos y que no había rendido porque debía volver.
El “clásico golpe
del codo del policía”
Pereira relató que “cuando empiezo a gritar, me tiran adentro del patrullero y me llevan a la Seccional Primera. Cuando subo al patrullero no estaba golpeado, y en el trayecto de Piedrabuena a la comisaría, que estoy esposado, tengo el clásico golpe del codo del policía que me dio en el ojo”.
Su pequeño hijo y su esposa registraron el número de la insignia del policía y la patente del patrullero, al tiempo que los tres integrantes de la familia Pereira aseguran que podrían reconocer al efectivo.
“Me decían esta plata de dónde es. La cuestionaban a mi señora. Pero yo tengo plata de los mandados, tengo de dónde justificarla”, agregó.
Pereira reconoció que “yo estoy yendo al CPA (Centro de Prevención de las Adicciones) porque tengo problemas de adicciones, y quizás él lo que buscó en ese momento es si yo tenía alguna droga”.
Después de estos sucesos, el domingo a la noche la policía lo llevó al Hospital ya que es diabético y sufrió una descompensación. Aclaró que allí le hicieron los exámenes toxicológicos y afirmó que le dieron negativo.
Pasados estos episodios, el lunes concurrió a declarar a la fiscalía, donde expuso la denuncia ante el fiscal Gustavo Morey. Pereira indicó que hoy deberá viajar a Azul donde lo examinará un médico forense. *
Un pedido especial
Además de relatar lo que le pasó, Carlos Martín Pereira le pidió al intendente Miguel Lunghi que interceda para que le otorguen la licencia de conducir, ya que adeuda unos 7 mil pesos en multas y no los puede pagar.
Sugirió que podría aceptar realizar trabajo comunitario, debido a que con su salario de mandadero no alcanza a saldar la deuda. “Estoy trabajando en un marco de ilegalidad trabajando que me molesta, porque soy un laburante igual que cualquiera”, dijo.*
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