Un matrimonio fue víctima de un asalto, en el que los torturaron con gran ensañamiento
Aproximadamente a las 5.30 de ayer se produjo un asalto en el que la violencia ejercida por sus autores resultó llamativa y generó el repudio de la comunidad tandilense.
El atraco tuvo como víctimas al empresario Juan Di Santo (58) y a su esposa, y fue llevado adelante por al menos tres personas que redujeron al hombre cuando se retiraba de la vivienda para emprender una nueva jornada laboral.
Los delincuentes habrían actuado sin exhibir armas, pero con un grado de saña extrema, reduciendo y golpeando a las víctimas, especialmente a Di Santo.
La agresión llegó a tal extremo que el empresario, en determinado momento, debió hacerse el muerto para intentar detener la violencia, sufriendo incluso la desfiguración como efecto de los golpes.
Desde el punto de vista legal la causa está caratulada como ?Robo y privación ilegal de la libertad?, ya que los asaltantes dejaron atadas a sus víctimas.
?Hoy, cuando salgo a las 5.20, y voy a cerrar la puerta, apareció uno por un lado y otros dos desde el otro. Empezamos una lucha con dos, pero el tercero me agarró del cuello y tuve que aflojar?, comenzó su relato el hombre asaltado, mientras se esforzaba por respirar lo más normal posible. Es que las heridas sufridas en todo el cuerpo y, en especial en la cara y en la región nasal, le dificultaban la respiración.
?Me pegaron por todos lados. Buscaban plata, les dije dónde estaba y me sacaron mil y pico de pesos que llevaba a la fábrica y 1.875 que tenía en la cartera para una indemnización, además de sacar la plata del escritorio. Pero seguían pegándome. Abría la boca y me pegaban?, dijo el empresario.
El hombre fue atado de manos y de pies, y mientras sufría semejante golpiza ?pensaba en mi señora, que estaba en la habitación, y ella pensaba en mí?.
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-¿Pese a que entregaba todo el dinero le seguían pegando?
-Les decía todo, que abrieran el escritorio y se llevaran la plata, porque no había más. Pero me pedían una caja fuerte y yo no tengo. Justo había sacado la plata del banco para pagar impuestos. Es imposible vivir así en este país. Soy un tipo que hago las cosas bien, tengo mi familia y esto es una delincuencia total… No sé si salir o pedir que me den un sueldo para vivir, cerrar la fábrica y quedarme en mi casa.
-¿Cree que esto ha sido algo al azar o planificado?
-No tengo ni idea. Vengo de mi fábrica y hago mis cosas, no tengo idea.
-¿Observó movimientos extraños?
-Sentí ruidos afuera a las 4 de la mañana, pero no me voy a imaginar que me estaban esperando.
-¿Cómo vivió esto su esposa?
-Se le subieron a caballito, mientras yo estaba tirado en el suelo como un chancho y recibí en la cara más golpes que un boxeador.
-¿Qué lesiones sufrió?
-Tengo el codo que no puedo moverlo mucho. Me han curado el ojo. La policía vino rápido gracias a que llamaron los vecinos. En el hospital me atendió muy bien una doctora y me derivó al Centro de Ojos porque no tenían oculistas.
-¿Cuánto duró todo?
-Una hora y me tuve que hacer medio el muerto para que no me siguieran pegando. Fueron a buscar agua para reanimarme. Es imposible vivir así.
-¿Usted se resistió con un arma?
-Me resistí al comienzo y tenía una pistola en el bolsillo. Pero cuando me manotearon y empezamos a luchar se me cayó. La pistola la encontramos atrás de los papeles y el cargador quedó tirado en la calle. La pistola se cayó cuando me atacaron.
-¿Qué pide ahora?
-Quiero seguridad. Me levanto todos los días a las 4 de la mañana y quiero seguridad. Así no puedo vivir, porque me voy y mi señora queda sola. Ahora tendré que esperar hasta que aclare para irme, pero ¿por qué si soy un tipo de trabajo?
-¿Nos puede describir a los asaltantes?
-No. Uno, el que me pegaba, tenía guantes de lana.
-¿Estaban drogados?
-Quedate bien tranquilo. Mirá como tengo la cara. Yo sufría porque mi esposa estaba en la pieza. No me negué a darle todo, ya que prefiero la vida y no la plata.*
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