Un negro formidable
Cuando entré al GMG Hotel en Las Vegas no sabía para dónde disparar. El recibidor tenía más o menos el mismo tamaño que una cancha de polo. ¿Cómo iba a hacer para encontrar el lugar donde estaba reunida la Convención de la OMB? Uno de los tantos integrantes del escuadrón de conserjes tuvo la amabilidad de hacerme un plano. Traté de seguirlo hasta que después de tomar un ascensor perdí la brújula.
Esperando por alguien que pudiera indicarme cómo seguir la ruta indicada en el plano, vi a un hombre de color tan negro que parecía violeta, conversando en español con su acompañante. ¡Salvado! -me dije-.
Le pregunté por la Convención y me dijo que él también iba para allí. Entablamos una conversación y entre las cosa que me contó, una de ellas era que había venido desde Panamá. Para seguir su amable charla le dije que en nuestro país, uno de los mejores boxeadores que pisaron nuestro suelo era un compatriota suyo: ?Luis Federico Thompson, le informé?.
Su contestación me tomó de sorpresa: ?¡Yo fui su entrenador mientras vivió en Panamá! Recuerdo que tenía un nombre con reminiscencias francesas, me dio su tarjeta, que, lamentablemente me robaron junto con otras casi cien de managers de todo el mundo.
Me había venido a encontrar con quien formó ese fenómeno indescriptible que fue ?El Negro? Thompson al que, en un determinado momento sólo podían ganarle el frío, los jurados o un tramposo vaso de agua.
Hace algunos años me lo encontré en el estadio de Ituzaingó. ¿Te acordás de Tandil? ?Sí, sí, ¡que frío!? me contestó con esa voz cavernosa de entonación personal. Después, le hice una nota radial, que por suerte guardo la grabación, en la que contó con todo detalle su venida de prepo -lo tuvo que ir a buscar Arnoten a Tucumán porque por las de él no venía- para pelear con Don Jordan. ¡Con el campeón del mundo! El martes llegó a Buenos Aires con seis kilos de más porque allá había sido padrino de casamiento de Silvio Frías y no le habían mezquinado a nada, ni a la comida, ni a la bebida ni al descanso.
En el Luna Park, con Tito Lectoure como un granadero a su lado, para el viernes ya había perdido el exceso de peso y estaba en welter. ?Era todo líquido acumulado, confesó?.- Una vez que estuvo en categoría el promotor le informó que había arreglado por contrato 150 libras, casi un kilo y medio por encima de lo que le había obligado a pesar. ?Ahí nomás salí, me compré una botella de vino y me la tomé?.
Estaba peleando con el campeón del mundo. Oscar Casanova desde el rincón le pedía tranquilidad. ?Pero yo en el cuarto round lo vi contra las sogas y dije ¡Ma sí, yo me juego, si me sale, sale! Y le tiré la zurda abajo y le revoleé la derecha. Cuando miré, estaba pasando en cuatro patas entre el referí Irán Núñez y yo. Lo había puesto nocaut.? Inédito, un campeón del mundo noqueado en el Luna Park.
Las demás historias de este fenómeno, de parada impecable, de velocidad supersónica, de desplazamientos exactos, de combinaciones perfectas y golpes justos; una sinfonía de boxeo, son conocidas.
Los jurados le birlaron la pelea con Benny Kid Paret por el título del mundo dando un salomónico empate. En la segunda, según Víctor Arnoten, Luis Federico pidió un vaso de agua luego del pesaje y hasta el día de hoy, nadie sabe qué le pusieron, pero le bajó notablemente el rendimiento a nuestro campeón.
En una oportunidad, siendo campeón argentino, subió al ring con la bata, el pantalón y las botas blancas. Cuando estaba por sonar la campana se santiguó y desde la tribuna uno de los que nunca faltan le gritó: ?Che negro, ¿viniste a pelear o a hacer la primera comunión?
Falleció el 8 de enero. Quien no lo trató, no sabe de su bondad y de su sentido del humor. Quien no lo vio pelear no sabe lo que se ha perdido. Un último detalle, su elegancia en el vestir junto con su espigado físico llamaban la atención, disputándole ese cetro al famoso boxeador y bailarín cubano, Esteban Gallard, conocido como Kid Charol, otro exquisito que se radicó y murió en Buenos Aires.
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