Un perfil de Del Potro
?Palito, Trilli o Juanma: como quieran, es el año Del Potro?, título su espacio Varsky y aquí reproducimos el texto completo:
Nunca fuiste a un Grand Slam? ¿Por qué no te venís con nosotros al US Open?”, me dijo hace dos meses. Estábamos conversando en el gimnasio del club y me sorprendió con semejante invitación, de buen pibe que es. Se lo veía feliz y aliviado. A esa altura del año, lo más importante para él era estar sano, sin esos molestos dolores que le quitaban ritmo, continuidad y buenos resultados.
Había arrancado muy mal la temporada 2008, con una derrota en la primera ronda de Adelaida y un abandono ante David Ferrer en la segunda de Australia. Luego estuvo dos meses sin jugar. Un sobreentrenamiento de los músculos dorsales le provocó una lesión en la espalda. Volvió en el Masters Series de Miami. Cayó en segunda ante Feliciano López. Ganó dos partidos seguidos en Munich pero en Roma volvió a abandonar, esta vez ante Andy Murray. En Rolanga, sólo pasó una pantalla y perdió en segunda con el italiano Simone Bolelli, un rival presente en un momento clave de su increíble año. Completó su primer semestre con una buena actuación sobre el césped de s Hertogenbosch, donde llegó hasta semis tras superar, entre otros, al alemán Schuettler y al francés Clement, luego protagonistas de un insólito duelo de cuartos en Wimbledon. En el All England, le tocó el maldito suizo Wawrinka, que lo sacó en segunda ronda. Hasta el 30 de junio, la temporada se presentaba mediocre, con nueve triunfos y ocho derrotas. El 65º lugar en el ranking tenía gusto a poco para el “futuro del tenis argentino”.
Juan Martín Del Potro nació el 23 de septiembre de 1988 en Tandil. Comenzó a jugar a los 6 años en el Club Independiente de esa ciudad, de la mano de Marcelo Gómez. Más que un maestro, el Negro es un orfebre de tenistas y le sugirió que jugara sobre cemento porque sus características de juego se adecuaban a esa superficie. Apodado “Delpo”, “Palito” o “Trilli”, su familia siempre lo llamó “Juanma”. Su padre Daniel es veterinario y su madre Patricia, maestra. Su hermana menor Julieta ya tiene un auto Mercedes Benz, ese que él se ganó de yapa en el torneo de Stuttgart. Se lo regaló por su cumpleaños pero Juan ya se arrepintió de tremenda donación.
No nos apuremos y volvamos a su historia. Jugó su primer Nacional a los 7 años en Bragado y en Villa María, Córdoba, logró un triunfo que lo marcaría para siempre. Por el circuito de la COSAT , le ganó al campeón de las tres etapas anteriores, Luis García de Quevedo, tras levantar un match point. También incluimos en su currículum infantil una derrota increíble, en la final del Nike Junior Tour, en Sudáfrica, durante el año 2000. No estaba bien de salud pero ganaba 6-1, 5-2 y 30-0 Sin embargo, prefiere olvidarse de aquella caída y sí recordar el safari que le permitió ver búfalos, cebras y leones en plena selva.
En 2002, ganó el Orange Bowl Sub 14. Debutó profesionalmente en 2003 y se convirtió en el mejor juvenil de la Argentina. En 2004, probó su capacidad en algunos torneos llamados “futures”. Terminó ese año olímpico en el puesto 1077 del ranking de la ATP. Los medios específicamente dedicados al tenis ya le hacían notas. Y así nos podíamos enterar de que su amor imposible se llamaba Angelina Jolie, que le gustaría casarse a los 29 y retirarse a los 32 y que se moría de ganas de conocer las Cataratas del Iguazú. Estudiaba en un colegio de Buenos Aires y rendía las materias libres a distancia. Si bien el tenis y los viajes ya lo habían alejado de su colegio San José, donde disfrutaba de los recreos en la cantina, no iba a dedicarse de lleno al deporte sin terminar el secundario.
En 2005, el chico explotó y aceleró su propio reloj. Tras tres conquistas, los Futures le quedaron chicos y se metió en la siguiente pantalla: los challengers. Su segunda mitad de año fue espectacular: semifinal en Reggio Emilia, final en Campos da Jordao, semis en Belo Horizonte y, por fin, el título en Montevideo, donde superó en la final al serbio Pashanski. Subió más de 900 puestos en el ranking y fue el más joven entre los mejores 200 del mundo. En 2006, consolidó su crecimiento. Ganó dos challengers más (Aguascalientes, contra Sergio Roitman, y Segovia, ante el español Verdasco en la final sobre cemento) y llegó a los torneos de ATP. Jugó su primer US Open. Tras pasar la qualy, perdió con el colombiano Falla. También se estrenó en los Masters Series.
En Madrid, cayó ante el sueco Johansson. Se metió en el top 100. Con 18 años y 2 meses, era el jugador más joven de la centena. En 2007, subió más escalones. Debutó en la Davis y ganó el punto más importante de la serie ante Austria. Derrotó a Melzer y le dio el definitivo 3 a 1 al equipo. Cuarta ronda en Miami, primer triunfo ante un Top Ten (Robredo, en el Master Series de Madrid) y una serie de derrotas que distinguen: Nadal en Roland Garros, Federer en Wimbledon y Djokovic en el US Open. Terminó el año en el Top 50, otra vez como el más joven del grupo.
Promovido como una de las nuevas estrellas del circuito, la ATP ayudó a difundir más aspectos de su personalidad: fanático del fútbol, de Boca y de Riquelme, inseparable de su computadora, Internet y chat dependiente, fan de Pete Sampras y ¡Jennifer Capriati! Habría intentado ser arquitecto si no hubiera sido tenista. Con todos estos antecedentes, este año era fundamental para la siguiente fase: el asalto al top ten. Por eso, la primera mitad de 2008 había sido tan decepcionante para él. Hubo cambios en el cuerpo técnico. Fue convocado Franco Davin, quien aceptó el desafío de convencerlo de su potencial. Franco tiene una cucarda bien grande en el arte de convencer. ¿Recuerdan el “mami, papi, los amo” de Gattone Gaudio en Rolanga 2004? Bueno, Franco era el entrenador de Gastón. Preocupado por las lesiones y los abandonos (3 en 2006, 5 en 2007, 2 en 2008), decidió confiar en otro preparador físico. Sin dudas, su cuerpo necesita un tratamiento especial. Mide 1,98 m y pesa 78 kg .
Es el argentino que mejor saca. Impone condiciones desde su primer servicio. Agresivo, se mete dentro de la cancha con sus golpes de fondo. Ha mejorado mucho su juego de red. Pero, más allá de algunas correcciones técnicas hechas por Davin, su principal evolución ha sido mental. Su enfoque ha mejorado notablemente. Afronta los puntos importantes con autoridad, convencido de que los va a ganar. El tie break con Roddick en la final de ayer lo demuestra. El game de saque ante Gasquet en la final de Stuttgart también sirve para confirmarlo. En Alemania, fue fundamental el triunfo ante Bolelli en segunda ronda. El italiano lo había sacado de Roland Garros.
¿Qué me dicen de este segundo semestre? Stuttgart, Kitzbühel y Los Angeles, primer título de un argentino en el cemento de Estados Unidos tras Vilas en Virginia Beach 77. ¿Se acuerdan del 9-8 tras los primeros 17 partidos del año? Ahora lleva catorce triunfos consecutivos. ¡Ganó Kitzbühel y Los Angeles sin perder un solo set! Terminará este año olímpico mucho más arriba que el anterior. No fue a los Juegos por una cuestión de ranking aunque podría haber apelado ante el TAS, como hizo el alemán Schuettler, para dejar afuera a su compatriota Gremelmayr. Jamás haría eso Juan Martín, de buen pibe que es. Y ahora viene el torneo de su vida. No hay que cambiar nada. Perdónenme, muchachos. Se están enterando por esta nota pero, por razones obvias, no voy a ir con ustedes al US Open.
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