Un sueño sencillo, allá en el sur
La historia de Fernanda Etchegoyen (31) es sencilla. Pero plena. Como la de tantos otros. Una historia de búsqueda, de frustraciones, de anhelos, de distancias. Y de sueños.
Nació y se crió en Tandil, donde vivió una infancia tranquila, ?de pueblo?, como le gusta definirla. Infancia sin miedo, de andar en bicicleta sin mayores preocupaciones que no aburrirse. Primaria en la Escuela 34 y secundaria en Normal.
Al llegar a los 18 años, la vida la puso en ?el compromiso? de optar por una carrera. Una edad temprana para las grandes decisiones. Y? eligió la psicología. La elección la llevó a La Plata, donde comenzó su vida universitaria.
Sin embargo, como tantos adolescentes, la vocación se mostró esquiva y la psicología dejó de prometerle un futuro de realización. Surgió entonces su gusto por las artes que derivó en un nuevo intento universitario. Esta vez, arquitectura.
La carrera se le hizo cuesta arriba a Fernanda. Más aún porque al estudio le sumaba el trabajo que le permitía mantenerse en la capital provincial.
?Se me hizo difícil ?confiesa hoy-, tal vez porque seguramente tampoco era una carrera que me fascinara tanto como para hacer el sacrificio. Pero seguí un tiempo?.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUn trabajo ?de temporada?
Una vez más, la vida la ponía frente a un dilema que, a esa edad, puede verse como una frustración. Sin embargo, el destino suele entornar algunas puertas cuando parece que no hay salida.
Surgió la posibilidad de un trabajo en la lejana Bariloche; un pequeño trabajito de temporada que le permitiría ahorrar algunos pesos, conocer una de las ciudades más lindas de la Argentina y cambiar de aire para despejar la mente.
La temporada fue larga. Tanto que todavía dura. No tiene reparos en definir su encanto con la ciudad sureña como un ?enamoramiento?. Y como tal, asegura que ?Bariloche puede sacar lo mejor de uno pero también lo peor?, dice, enigmática.
?No sé si es el lugar ideal para vivir ?reconoce en la actualidad. Pero sin dudas es uno de los mejores que conocí. Más que nada si estás pensando en tener una familia en algún momento?.
Precisamente, pensando en la familia por venir, apela a las comparaciones con su ciudad natal: ?acá sí se puede tener una infancia sana, como la que tuve en Tandil. Tal vez con el paso del tiempo cambió un poco, pero sigue siendo un lugar sano. Además se pueden hacer muchas actividades, tanto en verano como en invierno?.
Por fin, el arte
Bariloche tiene una población cercana a las 150 mil personas y su economía se basa casi exclusivamente en el turismo. ?En temporada alta se trabajo mucho, pero mucho ?grafica Fernanda-. Sobre todo de diciembre a abril y de julio a septiembre-octubre. Fuera de la temporada alta, es súper tranquilo. Ahí es cuando aprovechamos nosotros?, confiesa, aunque advierte que quienes tengan pesando instalarse en Bariloche y sufran del frío, ?se abstengan?.
Durante el primer tiempo, trabajó en gastronomía y la hotelería, dos de los rubros que generan mayor demanda de mano de obra. ?En la época en que yo vine era bastante fácil conseguir trabajo ?recuerda-, pero con el tiempo se fue dificultando, más que nada en conseguir un trabajo fijo?.
Luego de algunas rotaciones en los lugares de trabajo ??es bastante agotador?, advierte- decidió volcarse a lo que más le gusta: el arte. Así surgió la posibilidad de hacer vitraux.
Se fue especializando en la materia, a través de cursos vinculados directamente con la disciplina, pero también de dibujo y pintura. Hoy se dedica de lleno a esa actividad.
Amor y viaje
Pero no todo es trabajo en la vida de? El amor también le llegó en Bariloche. Casi como en una novela, conoció a quien hoy es su novio y pronto pasará a ser su esposo a orillas del Nahuel Huapi. ?El es alemán y hace algunos años que llegó a Bariloche con el sueño de instalar un restaurante?.
La cuestión es que él también se enamoró de la ciudad; el resto lo hizo el amor: ?supongo que yo también habré tenido algo que ver en su decisión de instalarse acá?, confiesa, modesta.
Cuando se conocieron, ella trabajaba en un hostel y cotidianamente estaba en contacto con viajeros del todo el mundo que, mochila al hombro, recorrían el planeta, con más ganas que dinero.
?Me contagié de ese espíritu de viajes y aventura y con mi novio que juntamos algo de plata y con ayuda de gente que conocemos pudimos irnos a Europa y Japón ?cuenta-. La verdad es que una experiencia así te `abre` mucho la cabeza. Podés ver claramente las diferencias entre distintos países: desde el idioma hasta incluso lo disímiles que somos físicamente. También la cultura, obviamente?.
?Fue muy interesante ?confiesa-. Ojalá que todos pudieran en algún momento de su vida tener un viaje así. Y ojalá yo pudiera seguir conociendo otros lugares. Aunque no voy a negar que uno siempre vuelve a sus raíces, por más organizados que sean en otros países, en el alma uno tiene un color celeste y blanco?.
Un futuro sonriente
Hoy sus raíces están plantadas a orillas del lago, en uno de los lugares más bellos del mundo: ?la verdad que levantarse y poder ver este paisaje te llena de energía, y por eso me quede a vivir acá?.
La cabaña está ubicada a unos 8 kilómetros del centro de Bariloche. ?Acá la gente prefiere irse a vivir un poco lejos, porque por momentos el centro de la ciudad es peor que la Capital Federal?, compara.
Con respecto a Tandil, hoy es un buen recuerdo. ?Siempre pienso en el lugar donde nací. Tuve una infancia muy feliz y eso lo extrañé durante mucho tiempo. El salir en bicicleta por la ciudad, ir de mi casa a lo de un amigo sin ningún tipo de miedo. Todas las cosas típicas que son de pueblo, muchas de las cuales las volvió a encontrar en Bariloche?.
Aquí le quedaron los afectos, amigos con quienes aún mantiene contacto. Confiesa que no tiene ?ningún motivo, para no volver algún día, porque siempre amé a Tandil. Pero uno
cambia y busca otras cosas. Lo que yo buscaba lo encontré acá y me abrió las puertas para hacer otras con las que soñaba y no veía cómo concretarlas?.
Se asume como una persona sencilla, de sueños sencillos: ?nada especial ni distinto al sueño de cualquier persona. Siempre trato de hacer lo que me gusta porque creo que es lo
que a uno le alimenta el alma?.
El futuro ?aquel que alguna vez se mostró esquivo- hoy toma forma de familia, de chicos sonriendo a orillas de lago, un pequeño taller con pinturas y vitraux y unas cuantas sonrisas completando el paisaje.
?Ese es mi anhelo y siempre voy a hacer todo lo posible para que se cumpla?, dice, sonriente. Convencida.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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