Una banda maniató, amenazó y le robó a un matrimonio en el establecimiento San Felipe
El asalto, protagonizado por tres hombres jóvenes, que actuaron armados, encapuchados y con guantes, tuvo como víctimas a Felipe García, de 72 años, y a su esposa Cristina Duret, de 69.
Pasadas las 22 del lunes, los delincuentes ingresaron al campo y tras caminar unos doscientos metros, accedieron a la vivienda principal, donde García y su esposa se encontraban descansando.
El hombre se despertó sobresaltado, con un arma apoyada en la sien, y voces desconocidas que le exigían dinero en efectivo.
Una vez que los ladrones redujeron al matrimonio y lo ataron, se dedicaron a revolver la vivienda y el galpón en búsqueda de efectivo, principalmente dólares, y otros elementos de valor.
Tras provocar una pesadilla entre los habitantes del campo, pasadas las 3 de la madrugada los tres ladrones optaron por darse a la fuga. Se llevaron unos 1.200 pesos en efectivo, un revólver, algunas alhajas de oro -como las alianzas de casamiento-, celulares y otros objetos de valor.
Ya por la mañana, el matrimonio logró liberarse y dio aviso a uno de sus hijos, Felipe García, que vive en un campo ubicado enfrente.
Enseguida, la familia decidió hacer la denuncia e intervino personal de la Patrulla Rural, además de la Policía Científica, que no logró levantar huellas dactilares debido a que los ladrones utilizaron guantes.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailVarias horas después, aún se encontraban shockeados e intentaban reponerse del brutal atraco que si bien no fue violento desde lo físico, se tradujo en una enorme tensión para estos reconocidos vecinos de Desvío Aguirre. u
“Les hicieron pasar una noche que no se la deseo a nadie”
Indicó que la banda que ingresó al establecimiento San Felipe estaba compuesta por tres hombres de entre 20 y 30 años, que actuaron encapuchados, con guantes y con armas, “pero no agresivos”.
“Lo que sí tenés que agradecer es que en todo momento los trataron bien. No les pegaron. Sí los ataron, los dejaron encerrados hasta la mañana que salió mi hermano que vive enfrente. Cuando fue a llevar los chicos al colegio, ve que le hacen seña. Ni siquiera con la linterna porque hasta la linterna se llevaron. Hicieron lo que quisieron”, lamentó.
“Mi madre dice ‘están entrando a todos lados, porqué no van a entrar a mi casa’”, explicó el hijo conmocionado. Los ladrones insistían en obtener dinero, debido a que en el campo había varias herramientas que los hijos utilizan para realizar trabajos en otras explotaciones rurales. “Se aburrieron de estar ahí. Mi papá les dio las llaves del auto y les dijo que se lo llevaran, pero no lo quisieron”, indicó Juan Pablo García. En definitiva, se alzaron con “mil y pico pesos que era lo que tenían los dos viejos, un poquito de la jubilación de cada uno. Plata no había y les decían: ‘Mirá que si la encontramos te re cag… a palos’”. Analizó que “a ellos les parece que tenés herramientas y tenés que tener plata. Y no es así, porque si tenés una herramienta, la tenés que pagar 5 ó 6 años. Cuando la terminás de pagar, tenés que volver a cambiar la herramienta”. Además, se llevaron las alianzas del matrimonio, celulares y otras cosas que “se irán dando cuenta que faltan” ya que todavía la casa estaba totalmente desordenada. Indignado, Juan Pablo García manifestó que a sus padres “les hicieron pasar una noche que no se la deseo a nadie”. *********secundaria***********
En casi medio siglo, la familia registraba un antecedente que la marcó como víctima del delito. “Nos habían asaltado hace 20 años en este mismo lugar, al mediodía. La otra vez fue a cara descubierta. Estos estaban encapuchados, agarraron a los dos viejos solos. La otra vez era al mediodía; ahora de noche, ya estaban durmiendo, descansando”, marcó en cuanto a las diferencias en la modalidad de ambos atracos. Por otro lado, explicó que sus padres quedaron muy afectados, ya que “se acuerdan y se largan a llorar”. En cuanto a las sensaciones que lo invaden, sostuvo que “te violan tu intimidad, no sos dueño de estar en ningún lado, porque viene cualquiera y hace lo que se le antoja. ¿Qué seguridad tenemos? No tenemos seguridad de nada”. Aclaró que decidieron hacer la denuncia para que “se sepa por lo menos, porque nadie quiere hacer nada, nadie se mete”. Juan Pablo García expresó que “algo hay que hacer. Vamos a tener que ir a la marcha que se va a hacer dentro de unos días (el cacerolazo del 28 de septiembre) a ver si nos dan una solución”.
Sobre el final, cuestionó “de qué te sirve estar armado. Tenés un arma en tu casa, ¿para qué la tenés? Mi papá tenía un revólver viejo que se lo llevaron, que no sé si sale algún tiro. Le dije que es mejor, porque es un compromiso: tenés un arma y ¿qué hacés? La tenés que usar”.
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