Una cuestión de educación
Señor Director:
Hace años que vivimos en el mismo edificio y desde el momento en que nos mudamos notamos que el canasto de residuos que se ubica en la puerta de nuestra casa es usado por distintas personas como si fuera un cesto común y corriente.
Pero hay una gran diferencia entre el canasto, que sirve para dejar las bolsas cerradas con los desperdicios que se generan en las casas, y aquellos que encontramos sólo en algunos lugares del centro, para botar papeles. Aunque pareciera que a algunos les parece lo mismo. Del canasto de mi casa he tenido que juntar: tazas de helado pegoteadas, botellas rotas, envases de gaseosa a medio terminar, pañales usados, yerba usada y mojada, toallitas higiénicas, diarios, revistas, piedras, cascotes de tierra, pasto e infinita cantidad de objetos más.
Entre vecinos nos vamos turnando para realizar la recolección, pero no nos parece justo tener que seguir en silencio porque unos cuantos maleducados han tomado la puerta de nuestra casa para dejar lo que ya no les sirve con total impunidad.
Apelo a que quien lea estas líneas pueda reflexionar y pensar que, cuando alguien desecha en un lugar no dispuesto para eso, inmediatamente otro tiene que hacerse cargo. Es sólo una cuestión mínima de educación.
Inés Pérez
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