Una familia de El Tropezón perdió todo cuando delincuentes robaron e incendiaron su vivienda
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Un repudiable hecho conmocionó a la barriada de El Tropezón el miércoles por la madrugada, cuando ladrones ingresaron a la vivienda ubicada en Chapeaurouge 668, se llevaron varios elementos de valor y, no contentos con el botín, provocaron un incendio de magnitud.
El lamentable suceso ocurrió cuando Jonatan Sequeira y Yésica Suárez, una pareja de jóvenes, se encontraban trabajando y sus dos hijos de 10 y 5 años dormían en la casa de sus abuelos.
Ayer, mientras aguardaba la llegada de los peritos, la familia recibió a El Eco de Tandil y le mostró el estado de destrucción de la casa y sus pertenencias, arrasadas por el fuego y el agua.
“A la 1 de la mañana me voy a trabajar en un hotel, soy mucama, soy refuerzo, así que me llaman a cualquier hora. Llevé a mis hijos a la casa de mis padres, porque Jonathan 3.30 entraba a trabajar en Metalúrgica Tandil. A las 6 y pico de la mañana me manda un mensaje mi hermano que se estaba incendiando mi casa”, relató la damnificada.
Ambos regresaron de sus trabajos y encontraron que el primer piso, donde se ubican las habitaciones, estaba todo quemado. Además, descubrieron que les habían robado el microondas recién comprado, el DVD, un televisor, un par de zapatillas, la mochila de la escuela del nene, entre otros objetos.
La mujer contó que el miércoles cumplieron dos meses alquilando la casa y ahora “hay que empezar de nuevo, otra vez”. Es que se les quemó la ropa, las camas, los colchones, las sábanas y toallas, y los juguetes. “Quedamos con lo puesto”, resumió.
Dormir con temor
En medio de la bronca y la desolación, maestras de la Escuela 21 de Villa Italia les llevaron ayer el guardapolvo y los útiles escolares al nene “porque les gustó la mochila y se la llevaron, y tiraron todas las cosas en el camino”. Allí estaba el pequeño preparado y ansioso por ir al colegio.
La madre también agradeció la visita de los directivos del Jardín 910, al que asiste su pequeña hija. “Los compañeros tienen donaciones”, dijo emocionada.
Ante este mal trance, lo que pretenden es “arreglar la casa e irnos, porque continuar acá, no. Una vez metieron la mano por una ventana, se llevaron la mochila de mi marido con toda la documentación, tarjetas. Dijimos que fue leve y nos quedamos, pero no nos sentíamos seguros a la noche estando nosotros. La segunda fue ésta y calculo que a la tercera nos prenden fuego con nosotros adentro”.
“Queríamos
vivir bien”
Esta familia pagaba mil pesos de alquiler por mes, haciendo un esfuerzo grande. Se habían mudado dejando un departamento muy pequeño, de dos ambientes, con el objetivo de lograr una mejor calidad de vida. “Queríamos comodidad para los nenes y para nosotros, que ellos tengan su espacio”, dijo Yésica Suárez.
Ahora deberán buscar otro lugar y “ver cómo solucionamos el tema del contrato de alquiler y demás”.
Mientras esperaba a los peritos, antes de comenzar a poner orden en el desastre, compartió su sensación de “impotencia, porque el mes pasado nos compramos las cosas, recién pagamos una sola cuota. En el otro departamento yo no podía comprar; al ser chico, no teníamos nada. Era como que se iba la plata, entonces optamos por algo más grande y compramos las cosas. Queríamos vivir bien”.
Con respecto al atraco, sospecha que los vigilaron y aprovecharon la oportunidad, aunque mencionó que la propietaria del lugar también había sufrido delitos, al igual que otros vecinos de la cuadra.
“Un robo lo podemos llegar a soportar, pero el daño que le han hecho a la casa no tiene justificación. No sé porqué lo han hecho”, expresó con dolor.
Con respecto a los arreglos, indicó que van a intentar dejar el inmueble en las mismas condiciones antes de devolverlo y explicó que la dueña no les quiere rescindir el contrato.
“Tengo que seguir pagando y yo no les voy a pagar porque no puedo vivir acá con mis hijos, necesito otro lugar donde estar con ellos, y no puedo pagar dos alquileres. Aparte, no tenemos nada. Provisoriamente me está dando lugar mi mamá, pero ellos (por sus hijos) no tienen nada, es pagar el alquiler o darle de comer a los chicos”, explicó.
Afortunadamente, han conseguido las chapas y los tirantes para reparar el techo, pero necesitan las ventanas y las maderas para reconstruir el entrepiso de las habitaciones.
“Sé que cuesta muchísimo, pero cualquier ayuda va a venir bien”, reconoció Yésica, agradecida de antemano. Además, necesitan ropa talle 12 y para una nena de cinco años, y zapatillas números 33 y 25.
Ya le han donado un microondas y un televisor para reponer las pérdidas “con ayuda de mi patrona”, mencionó. Ahora la urgencia es conseguir otro lugar para poder mudarse.
“Estoy muy agradecida. Nunca pensé… cuando me trajeron ropa y cosas me quería morir, porque me da vergüenza, nunca pensé estar en una situación así, y gracias a Dios estábamos repuntando, bien, estábamos contentos. Nos bajaron de golpe”, lamentó.*
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