Una historia del Tandil suburbano
César Casado está viviendo desde hace aproximadamente dos meses, junto a su mujer y tres chiquitos, en una casilla que construyó rápidamente, luego de que en el marco del programa Cuidemos Nuestros Barrios se desmalezara el terreno de Basílico 1743.
El hombre vive de changas ?cuando se le da-, que apenas si le alcanzan para alimentar a su prole poco más de tres o cuatro días. La casilla, de chapas y cartón, estaba helada cuando lo visitamos por primera vez y las dos pequeñas hijas yacían en la cama, tapadas hasta la nariz. Y están en la cama no porque tengan sueño sino porque hace más frío adentro que afuera del lugar. El hombre cuenta que no pudo ir hasta el monte a buscar leña porque debe cuidar las chiquitas mientras su mujer está con el varoncito en el Hospital de Niños, internado a causa de una bronquiolitis.
Dice que al Diario llamaron los vecinos, que él no quería, aunque le da vergüenza vivir en esas condiciones, que ?el terreno me lo regaló un amigo que no vive en Tandil?.
La casilla está llena de agujeros por donde se cuela el frío y seguramente la lluvia, piso de tierra, con una salamandra sin un solo trozo de leña, con la cocina apagada porque no hay nada para comer: ?Y por eso es preferible que las nenas estén en la cama, así no pasan frío?.
Desde las mantas surge una tos ?fea, de perro?, y César aclara que la nena también está ?medio enferma?, pero que le está haciendo nebulizaciones y que tiene los medicamentos. Obviamente, también relata que el vecino le presta la luz, que no es ni más ni menos que ?en la jerga del común- ?estar colgado?.
El hombre cuenta que no recibe asistencia de Desarrollo Social a pesar de haberla solicitado, que también se ha acercado al Municipio, que nadie le extiende una mano y que ya no sabe qué hacer.
Mientras seguimos escuchando la tos de la nena, pensamos que definitivamente ése no es un lugar para vivir, sin agua, sin baño, sin nada. Y que será peor aún para el chiquito cuando regrese de su alta en el Debilio Blanco Villegas.
?¿Entiende esto??, le preguntamos a César Casado, que asegura que sí, pero que no tiene otra posibilidad. Se da cuenta que necesita ayuda, pero no sabe cómo conseguirla.
El hombre está desempleado, fuera del mercado laboral, hace changas y gana algún dinero, no hace aportes ni tiene obra social y la única forma que cree que existe para salir de esa situación paupérrima parecería ser el asistencialismo.
Pero, ¿qué sucede cuando una persona se acostumbra a vivir así? Es probable que se deje llevar por la sensación de que el Estado benefactor es el encargado de satisfacer sus necesidades, al menos las básicas, y muchas veces se vuelve más y más indolente, soportando carencias de todo tipo, ya que la pobreza muchas veces no es solamente económica.
La persona que pende de un hilo entre ser pobre o marginado busca la precaria seguridad del Estado porque se convence de que no puede acceder a un trabajo formal, ya que ¿cómo salir a buscar trabajo cuando no se tiene un baño para ducharse, cuando no existe otra ropa que la puesta y además no hay desayuno? ¿Cuántos irían a buscar alegremente empleo en esas condiciones?
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa mitad de la verdad
La segunda vez que visitamos la casilla de los Casado, interiorizado Desarrollo Social de la situación había enviado leña, mantas y comida. Y una asistente social había visitado el lugar. Al respecto después de estas novedades, nos contó la madre de César, Ilicia Fernández, que ?estamos contentos porque mi hijo va a recibir un subsidio de 300 pesos, le van a dar la luz, y desde el Municipio enviarán los materiales para que se construya la vivienda.
Habiendo hecho todas las consultas en fuentes altamente confiables que nos dieron otra versión de la historia, nos preguntamos: ¿Por qué en estos casos, por lo general, las víctimas sociales cuentan la mitad de la verdad?
Al parecer, el terreno donde César construyó la casilla no sería de un amigo sino de una empresa en quiebra, por lo que se le pidió que dejara el lugar y se le alquilaría una vivienda ?hasta un monto nada despreciable- para que estuviera más confortable junto a su familia. Que el chiquito internado en el Hospital no puede regresar a vivir en esas condiciones, ya que volvería a enfermar. Le aconsejaron que regresara a la casa de enfrente con el familiar con quien estuvieron viviendo hasta hace un par de meses y donde al menos tenían las condiciones mínimas de higiene y seguridad.
¿Por qué solamente contar la mitad de la verdad?
No sabemos cuál será la actitud de César Casado, si la de seguir creyendo en situaciones que no van a darse ?como el subsidio y la construcción en ese terreno de una casa- o aceptar, al menos por un tiempo, la mano que le brindará Desarrollo Social y en un futuro ?es un hombre joven-, comenzar a pensar que sus hijos merecen y tienen el derecho de una vida mejor.
Ojalá que César pueda cambiar la historia, de la mano por ahora, y más adelante logre dar con un trabajo que lo haga sentirse digno, libre y orgulloso al mirarse en los ojos de sus hijos.
Ojalá.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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