Una joven que sufre violencia de género asegura que su ex pareja no la deja vivir tranquila
Con 20 denuncias, lo único que espera esta familia es que se haga justicia y que puedan recuperar la tranquilidad que perdieron hace ya mucho tiempo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailRomina Hidalgo explicó que los hechos virulentos se desencadenaron hace varios años, cuando su ex pareja, Carlos Leguizamón, de 39 años, comenzó a golpearla.
“Cada vez que nos peleábamos o se enojaba me empezaba a pegar. Me cortó el cuello con un cuchillo y en otra oportunidad con un vaso. Me encerraba, una vez que viajamos a Mar del Plata me fue pegando todo el camino. Cada vez que yo me quería separar iba a mi casa y me rompía todo”, relató.
La joven no le contaba nada a su madre porque “vengo de una buena familia, estoy criada con otros valores totalmente distintos a los de él, entonces me daba vergüenza que me estuviera pasando esa situación”.
“El se arrepentía y pedía perdón como todo psicópata. Me habían dicho que era golpeador pero él estuvo mucho tiempo conmigo sin demostrarme nada parecido, todo lo contrario”, expresó.
Una guerra
El año pasado, cuando finalmente cortaron la relación, el agresor empezó a perseguirla permanentemente y golpearla en cualquier lugar. Además, ingresaba por la fuerza en la casa de su madre y rompía todo lo que encontraba a su paso.
“Fue como una guerra, porque estuvo dos semanas yendo todos los días a mi casa, a romper vidrios. El Municipio me dio alojamiento un día y después me pusieron custodia por una semana. Además, le otorgaron la restricción de acercamiento por un año”, relató.
Sin embargo, él nunca fue notificado de esa medida porque “vive en una pensión donde se hospedan víctimas de violencia de género en calle Sarmiento, en el mismo lugar en el que a mí me hospedó la policía, alquila una habitación ahí. Cuando la policía lo va a buscar, la dueña niega que él vive ahí”.
“Y sigue estando en el mismo lugar porque yo he pasado y vi la moto ahí. A la dueña le paga 5 mil pesos el Municipio y le dan mercadería para que hospede bien a las víctimas de violencia de género”, señaló con sorpresa.
La madre de la víctima, Sandra Martínez, reflexionó que “es una paradoja que en el mismo lugar que el Municipio le paga a la dueña para que aloje a víctimas de violencia de género, viva un agresor”.
En cuanto al custodio personal se lo dieron por tan sólo una semana, por falta de personal.
“No mató a nadie de casualidad”
Martínez contó que la primera vez que entró a su casa en forma violenta y le empezó a romper todo fue en 2009, luego de una pelea que había tenido con su hija.
“Yo le fui a preguntar por qué había hecho eso y me dijo que nos iba a matar a todos. Se levantó la remera y tenía dos revólveres en la cintura. Ahí tomé dimensión de lo que estaba pasando. Yo no me daba cuenta hasta ese momento. Ahí me fui a hacer la primera denuncia, pero mi hija ya había hecho varias”, explicó.
Hasta el día de hoy la víctima realizó 17 denuncias y su madre 3. Nueve de esas causas ya fueron elevadas a juicio. Sin embargo, el temor de esta familia no cesa porque los hechos siguen ocurriendo.
“El sábado pasado tiró pedazos de baldosas a mi casa. Un día arrojó un adoquín completo dentro de una habitación. Hasta ahora no mató a nadie de casualidad. Es como que estamos en la época de la mafia. Yo salí afuera con un palo, me siento súper troglodita de andar con un palo enfrentando a la gente”, confesó con impotencia.
Ese mismo día, Martínez realizó una denuncia porque Leguizamón le arrojó una fuente de vidrio en el estómago, provocándole heridas. Y expresó su temor porque esta persona “no nos deja vivir” y tampoco saben hasta dónde puede llegar.
Ante este nuevo hecho violento, solicitaron la renovación de la restricción de acercamiento, que se venció el 30 de octubre pasado pero aún no se las otorgaron.
Romina Hidalgo explicó que “la semana que viene le hacen una pericia psiquiátrica y después de eso será el juicio pero ni siquiera lo encuentran para notificarlo”.
Por otro lado, Martínez cuestionó el accionar del 101. “El otro día que llamamos al 101 y el móvil tardó 20 minutos en llegar. En ese tiempo él volvió a pasar dos veces y rompió dos vidrios más. Yo me pregunto: ¿101 Mejorado para quién?”, criticó.
“Me da miedo andar sola por la calle”
A pesar de que hace más de un año que la relación terminó, los hechos de violencia no cesan. “Me da miedo andar sola por la calle”, expresó Romina.
“El me había dejado de molestar como por ocho meses y hace un mes y medio me esperó afuera de la escuela y me empezó a hablar de que Dios le había sacado espíritus que él tenía. Yo pensé que estaba totalmente desequilibrado. Pero de repente se puso agresivo, me ahorcó, me tiró un cuaderno al piso. Después me soltó, me escupió la cara y se fue. Esa misma noche quemó el medidor, tiró piedras en mi casa, que ahora se llueve toda”, relató.
“Como no me pusieron custodia perdí muchos días de clase porque se paraba en la esquina, quiso entrar a la escuela, y un profesor no lo dejó. Ese día él tenía un cuchillo con el que me cortó el asiento de la moto”, contó. Y aseguró que al ver el caso de la joven que fue acuchillada por su ex pareja siente que “en cualquier momento me puede pasar lo mismo”.
La madre de otra joven golpeada teme por la vida de su hija y pide protección
Marcela Morad, madre de una joven de 19 años que también es víctima de violencia de género, manifestó su gran preocupación ya que teme por la vida de su hija y pide que la Justicia la proteja ya que el agresor amenazó con incendiarles la casa y con asesinarlas.
Denunció que el ex marido de su hija y padre de su nieto, Nicolás López, era “muy agresivo, la golpeaba, la encerraba, la ha amenazado con un cuchillo. Mi hija lo dejó definitivamente hace un mes, nosotros tenemos un montón de denuncias y hay una restricción de acercamiento”.
“Mi hija se peleó y volvió con él muchas veces, la convencía de tal manera que no se puede creer. Esta semana volví a hacer una denuncia por violar las restricciones. Es la cuarta vez en dos meses que se mete en mi casa de día cuando yo no estoy, me rompe las ventanas para meterse, en dos ocasiones le pegó a mi hija, le hizo sangrar la nariz. Es un tipo enfermo”, manifestó.
Y relató que “se arreglaban porque a mi hija le daba lástima porque él venía llorando y a los dos días estaba en mi casa porque le pegaba, la insultaba, la amenazaba, casi siempre venía golpeada”.
Morad vive en el barrio La Movediza con su hija, su nieto de 3 años y su otro hijo de 7 años. Trabaja todo el día para mantener a toda la familia ya que según indicó, López nunca pasó ni un centavo para mantener a su hijo.
Las amenazas
La madre de la víctima aseguró que el agresor amenazó con incendiarle la casa, con matar a su hija y con prender fuego la casa de su otra hija. “Es un tipo enfermo, porque su hijo está viviendo con nosotros, no le importa ni el hijo”, lamentó.
“Estoy agotada, no sé qué hacer. He hecho un montón de denuncias, nos dieron custodia dinámica, pero no veo que pase cada media hora como dice el papel y cuando ellos llegan, él ya no está”, criticó.
Y contó que “no nos deja vivir tranquilas. Yo trabajo todo el día, necesito descansar a la noche y no me deja. Golpea, la llama a mi hija para saber si salió al baile o si se fue con alguno porque esa es la mente retorcida que tiene”.
“Tiene terror”
Hace un par de días la joven se fue de Tandil porque “tiene terror, un día la va a matar porque se mete de día, de noche, y no sé qué están esperando para meterlo preso porque este tipo está enfermo. Por culpa de él mi hija se fue de Tandil y ahora va a empezar a amenazarme a mí porque no la ve. Ella se fue a la casa de una amiga porque no puede estar sola en mi casa con mi nieto. Este loco un día la va a matar”.
“El tiene antecedentes, anteriormente tenía denuncias por golpear a otra novia, ha estado preso. Es muy violento, yo lo perdoné muchas veces por mi hija y mi nieto pero ya no lo puedo perdonar más. Ella le tenía terror, pero ahora gracias a Dios tomó conciencia y coraje y ya no vuelve nunca más”, aseguró.
En este momento rige la restricción de acercamiento por 160 días. Sin embargo, esta medida es violada una y otra vez por el agresor sin que la Justicia, la Policía o el Poder Político hagan una autocrítica para rever estas situaciones que se repiten una y otra vez y no esperar a que haya que lamentar más víctimas fatales.
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