Una llamativa insensibilidad
¿Es este Gobierno municipal un gobierno sensible? A priori, me animo a decir que sí.
A grandes rasgos no parece ésta una administración impermeable, abroquelada, un gobierno intraburbuja.
Lo ha demostrado en buenas y en malas. Digamos una buena: desde la Secretaría de Desarrollo Social, Julio Elichiribehety y su equipo se han puesto al hombro una situación que allá por el 2003 era extremadamente crítica, con miles de pobres colmados de carencias. Un nuevo gobierno precedido de una década de olvido estatal de las cuestiones sociales, con una tácita delegación de la marginalidad a la vereda de enfrente (la sede de Cáritas del padre Troncoso). Había que poner los pies literal y alegóricamente en el barro y este equipo lo hizo. Pero hizo más también, no sólo capear la crisis: cimentar una edificación comunitaria con vistas a un futuro con mayor autorregulación y autodependencia en barrios geográfica y socialmente alejados del centro.
El Hospital de Niños es otro ejemplo de una necesaria sensibilidad que pretende equiparar atención de salud para chicos de todas las clases sociales.
Hasta en lo que lo que se la ha criticado, este gobierno ha sido sensible: en lo estético. Supo comprender un imaginario colectivo de ?ciudad linda?, pero que no era tan así. Ver hoy la zona del Lago y recordarla hace seis o siete años nos exime de otras explicaciones. Como ciudadanos, vivir en un lugar lindo, limpio, cuidado nos hace bien.
También este gobierno ha demostrado ser sensible o susceptible en cuestiones más discutibles. Los ?ataques? de la prensa, la ?traición? de los radicales K, ?los palos en la rueda? de la oposición legislativa (cuando la hubo) y tantos otros casos. Días pasados, un periodista de este medio se ?atrevió? a hacer un paralelo entre aquellas zapatillas groseramente firmadas y entregadas por el gobierno provincial de Carlos Ruckauf y estos cinco mil pares que pretende entregar la administración Lunghi. Fue el mismísimo Carlos Fernández (desde el pináculo que supone una Secretaría General) el que salió a responder esa nota de opinión. O sea: una sensibilidad aguda, parienta cercana de la quisquillosidad.
Sin embargo, hay temas en los que el gobierno municipal se torna insensible. Tomemos un caso ?macro?: la inseguridad.
Sin temor a equivocarnos y a la luz de los hechos (y lo no hecho), se puede decir que esta problemática ?le rebota? al Ejecutivo. Lo máximo que ha realizado en este sentido fue aquella lejana y fallida Dirección de Seguridad encabezada por Gabriel Masson y algún que otro reclamo de mayor personal policial o patrulleros.
Por lo demás, nada más. Fue el propio intendente Lunghi el que ha dicho en reiteradas ocasiones que él es ?un pediatra que trabaja de Intendente y no un comisario?, en respuesta de campaña electoral al entonces candidato del FPV, Marcelo Cifuentes que prometía ponerse al frente de este tema e incluso calzarse ?la gorra? si hiciera falta.
Bajo la excusa que desde Tandil es muy poco lo que se puede hacer para combatir la inseguridad, la administración Lunghi generó su propio anticuerpo en torno al tema. Como si desde Tandil hubiera sido mucho lo que se podía hacer en torno a las retenciones móviles, y sin embargo no dudó en subirse al tractor y fustigar a la otrora administración ?amiga? kirchernista.
Podrá ser ésta una cuestión de política más que de sensibilidad. Es cierto.
Pero lo que no se entiende es que un gobierno que ha mostrado y demostrado sus cualidades más sensibles actúe de manera opuesta en el caso de un hombre que sufre las consecuencias de lo que a priori parece ser un error médico ocurrido en el Hospital Municipal.
Hablamos del ?caso Rojo?, pero detrás de este caso hay un hombre y una familia que debieron pasar y están pasando por una situación tan dramática como injusta.
Hay preguntas que se develarán desde lo legal; hay otras que pueden eludirse desde lo político; pero están las que se deben que responder desde lo humano.
Estas últimas son las que nos ocupan en este análisis.
Desde un primer momento ?o mejor dicho, desde que la supuesta negligencia médica estuvo hecha-, el Estado municipal, como estructura de poder, ha obviado ayuda y colaboración a esta familia. Negando el caso, retaceando información clave, ocultando la historia clínica del paciente… Pero sobre todo, no dio esa respuesta que todo ciudadano espera: estar a su lado (de su lado) cuando más lo necesita. Más allá de las culpabilidades legales y las conveniencias políticas.
¿Por qué ?parte del mismo interrogante- un gobierno que se muestra sensible en lo macro, se insensibiliza en el caso puntual de un ciudadano? ¿Por qué asume una postura rígida e inexorable ante un drama insoslayable?
Surgen más interrogantes. Sobre todo, ante una administración que ?tal cual se ha dicho- ha sabido interpretar ese anhelo colectivo de la ciudad linda y cuidada y no quiere, no sabe o no puede responder a este otro deseo colectivo que imagina un Estado que nos cuide, que nos proteja y que nos ayude cuando más lo necesitamos.
Si lo ha hecho, que lo dé a conocer. Así como lo hizo en el caso de los cinco mil pares de zapatillas.
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