Una luz en la oscuridad
Lo que debería haber sido en octubre será caprichosamente hoy, por decisión de un Gobierno esmerilado que necesitaba acortar los tiempos para frenar la erosión diaria de poder a la que se sometió por cuenta propia.
Lo que en condiciones normales debería haber sido una elección de medio mandato, ideal para premiar al oficialismo por sus logros y seguir acompañándolo, o para ponerle un freno y equilibrar el Poder Legislativo con mayor pluralidad de ideas y la búsqueda de consenso como horizonte, será un auténtico engendro.
Las candidaturas denominadas testimoniales terminaron de vaciar de contenido a las instituciones de la República, y de hastiar a un electorado absorto ante tanta y tan grosera manipulación.
Si a esto se le suman los cambios de domicilio de los candidatos, la judicialización permanente de la política, las operaciones constantes, el inmoral gasto de campaña, el bochornoso manejo de las encuestas y las severas advertencias de fraude, el ciudadano parece obligado a beber un cóctel nauseabundo.
Para colmo de males, la sugestión por la Influenza H1N1 y la multiplicación de gripes estacionales terminan por cerrar un círculo desalentador por lo vicioso.
Es que la política está seriamente enferma. Se sospecha lo de la inoculación de los gérmenes de esa enfermedad, mil veces diagnosticada pero nunca tratada. Hace menos de una década, las cacerolas, las asambleas barriales y el ?que se vayan todos? esbozaron una receta que pareció comprometida con el paciente. Pero no, se trató sólo de una catarsis para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.
Ahora, las mezquindades, el flagrante oportunismo, la carencia de ideas, la abundancia de imágenes saturadas de una mediocridad patética y la frivolización decadente a la que se sometieron los candidatos en sus giras proselitistas se presentan como pruebas contundentes del nudo del artículo.
Ante tamaño desbarajuste, hasta asomaron la cabeza los más rancios escamoteadores de los principios democráticos. Esos que se deben cuidar como lo más sagrado, y a los que habrá que intentar hacer honor hoy. Quizá, en el cuarto oscuro, se encienda una nueva luz de esperanza.
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