Una madre pide ayuda para conseguir una casa en alquiler a través de Desarrollo Social
Norma Fernández y sus hijos habitan la vivienda de Casacuberta 2269 hace unos dos años. El espacio, por el cual el Municipio paga 600 pesos de alquiler, evidencia múltiples falencias que ponen en riesgo la salud de los menores y un joven que es discapacitado.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAyer la visitó una trabajadora social de la Secretaría de Desarrollo Social, quien le recomendó que consiga un nuevo lugar para vivir. A pesar de la ayuda que recibe del Estado municipal, Norma no encuentra otra casa para alquilar y pide que alguien le extienda una mano en esta dificultosa búsqueda.
En la recorrida por la vivienda de Casacuberta, se observó un peligro de derrumbe en el patio, con presencia de enormes pozos. Además, la familia depende de que vecinos le pasen luz porque la instalación de la casa está destruida. Algo similar ocurre con el agua. Sí dispone de gas natural, aunque calefaccionan el ambiente con una estufa hogar.
En cuanto a la estructura, el techo de la cocina se cae paulatinamente, las puertas y ventanas muestran roturas por las que se filtra el viento, y una de las habitaciones tiene un hundimiento en el piso. No cuenta con persiana ni postigos, ni tapa rollos.
Vivir sin servicios
Mientras Norma Fernández dialogaba con este Diario, su hijo de 27 años que padece microcefalia estaba sentado, quieto, junto al hogar. Una de sus niñas pequeñas cuidada a Ramiro, el nieto de poco más de un año. Otro de los chicos, de 14 años, se mostraba contento de participar en el programa Envión, donde estudia y aprende un oficio.
“Hablé con la dueña (de la casa) para que venga a ponerme la luz y el agua, que me da el vecino de al lado. Yo pagué la deuda de luz de más de 500 pesos. Hablé con el otro inquilino que llegaba la boleta, no vinieron, así que pagué esa deuda”, contó Norma, a quien todo le cuesta con sólo el subsidio por ser madre de más de siete hijos.
Describió que “se está derrumbando” parte del patio “de a poquito”, al igual que el techo de la cocina, “que tenía corriente, entonces hice cortar la luz porque para instalar todo me sale mucho, entonces la vecina me dio una mano y le estoy pagando a ella”.
Esta mujer no puede resolver el problema de la energía porque tampoco dispone de un contrato de alquiler que avale su pedido, y depende de la propietaria para solicitar el servicio.
“No hay agua acá. Me da mi sobrino que vive al fondo, con una manguera larga”, explicó y agregó que para bañarse calientan ollas en la cocina.
Aseguró que le ha reclamado a la propietaria pero no obtiene respuestas. “La he llamado varias veces y me dijo que está ocupada, que está trabajando, que está de viaje. Ella va, cobra los 600 (pesos, en Desarrollo Social)”, afirmó.
La necesidad
más urgente
Norma Fernández tiene 8 hijos de 10 a 27 años. Sólo cuatro de los chicos, un nieto de poco más de un año y otro de tres meses viven con ella. Todos necesitan un lugar para trasladarse en forma urgente.
Además del Municipio, el jueves se contactó con esta vecina personal de Anses, ya que busca tramitar un subsidio nacional para su hijo que padece microcefalia. El problema es que si el joven de 27 años logra los aportes, le retirarían el beneficio por ser madre con más de siete hijos.
Norma relató que su hijo padece la enfermedad “de nacimiento. El tiene 27 y tiene la mente de un nene de un año. El está tomando pastillas. Ahora el 24 lo tengo que llevar a control, lo atiende la doctora Vicente”.
Esta familia necesita una vivienda con dos habitaciones y un estar, calefaccionado, ya que su hijo sufre mucho el frío y suele contraer enfermedades respiratorias. Puede pagar hasta 800 pesos.
Hoy calienta el ambiente con un hogar, combatiendo las filtraciones. Ha recibido leña y carbón desde distintos espacios políticos y del Municipio. “Igual yo voy al monte. Yo no me quedo, yo si tengo que luchar por mi hijo, voy a luchar”, dijo con una fuerza enorme.
Sueña con tener un lugar propio, porque cada vez que debe buscar una casa se embarca en una odisea. “Yo me quise meter en muchos terrenos, en una casa de chapa, de madera, para mí es lo más valioso que hay. Con que sea mío y de mis hijos. El día de mañana tengo algo para dejarle a mis hijos. Uno vive alquilando y alquilando, metiéndome en casas y en casas, eso no va”, expresó.
Por último, dejó unas palabras cálidas y enriquecedoras: “Lo que ven es lo que tengo. No tengo casi ni muebles, pero yo soy feliz igual con mis hijos”. *
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