Una madre y sus diez hijos piden ayuda para regresar a Corrientes o conseguir una vivienda
Duelen los ojos al ver tanta pobreza. Y minutos después, cuando la escena queda atrás, lastima el alma recordar las caras heladas de los chicos, los cachetes colorados y la humedad de las paredes y el piso. Aún más, el chiflete incesante que se cuela por las puertas y ventanas, a pesar de estar tapadas con lonas.
En Argerich 2618, en el barrio de la fábrica Kaffka, vive Alejandra Chávez con sus diez hijos de 2 a 15 años de edad, incluidos un par de mellizos de 6. En una habitación instalaron las cuchetas que comparten los más pequeños, mientras que los adolescentes duermen en colchones sobre el piso.
A las 11, en una jornada a pleno sol, hace más frío dentro que fuera de la casa. El mechero de la cocina, que permanece continuamente encendido, es único elemento que calefacciona el ambiente y no es suficiente para mitigar el olor a humedad. El artefacto está a medio metro de la cucheta en la que descansan los cinco chicos más pequeños.
Alejandra se disculpa por el desorden, mientras peina a una de sus hijas para que asista al comedor escolar. Los más grandes entienden bien la situación e, incluso, intentan aportar soluciones al problema más urgente: este mes deben dejar el lugar porque la dueña ya no les quiere alquilar.
Hace un año, Alejandra le arrendó la habitación a una señora que habita la casa ubicada adelante. La propietaria le pidió que en julio la desocupe, y no tiene dónde ir con sus diez hijos.
Alejandra cuenta que paga 600 pesos de alquiler -que se los aporta la Secretaría de Desarrollo Social-, “pero es una sola pieza”. Su problema radica en que “hay casas, pero con tantos chicos nadie te da una mano”.
Asegura que en el Municipio conocen su situación habitacional, “pero como yo tengo armado todo en la zona, no quieren que me vaya”. Es que sus hijos asisten a la Escuela 59, la guardería le queda cerca y otro niño va a la Escuela 504. El varón más grande, ya en secundaria, cursa en la Técnica de Villa Alduncin.
“Me dieron el apoyo económico para comprar dos camas más, una cucheta, pero necesitaría dos camas más porque son cinco para los diez chicos. O sea, para que no duerman en el piso, porque tengo dos que duermen en el piso”, relata con cierta vergüenza.
Estos niños pasan el invierno “en la cama. Ayer (por el jueves) no fueron a la escuela y pasaron todo el día en la cama porque hacía frío. Ya ahora los mandé porque van al comedor, entran a las 11.30. Están hasta las 5 de la tarde y después están en la cama hasta el otro día porque hace frío”.
Alejandra Chávez cobra un subsidio de mil pesos para madres con más de siete hijos y le descuentan 40 pesos de la obra social, aunque aún no ha realizado los trámites para utilizar la cobertura.
Esta madre, que hoy tiene 33 años, vino de Corrientes con sus cinco hijos mayores. Los cinco menores tienen a su papá en Tandil, que a veces los ayuda con la comida.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAdemás de un lugar digno para vivir, necesitan ropa de abrigo para los nenes, frazadas, mantas, toallas y todo aquello que sirva para ofrecerles una vida un poco más cálida. También les vendría bien reforzar los alimentos y algún sistema de calefacción.
Días atrás se les rompió un lavarropas viejo que tenían y se vieron obligados –hace dos meses- a desenchufar una heladera antiquísima porque recibían facturas de luz de 300 pesos, que debían pagar con la pensión. Ahora redujeron los gastos a menos de 100 pesos. Cuando les envían leche de la guardería la dejan sin refrigerar: “Total no hace calor”.
Juana, su hija mayor, va a estudiar al centro comunitario porque en su casa no tiene lugar. “Pedí en la guardería que me encierren en un hogar hasta que nos acomodemos acá, que me pongan donde estuvimos el año pasado”, relata.
Su madre explica que hace 3 años, cuando se separó del papá de los más chiquitos, los hijos estuvieron dos meses en un refugio. “No es la solución meterse en un hogar”, afirma esta mujer al borde de las lágrimas.
“Hubo tantas peleas, porque me separé del padre de los chiquitos porque los quería tratar mal a ellos”, dice mirando a los más grandes.
a nadie”
Arribó a Tandil por el padre de los cinco niños menores, pero acepta como una alternativa que la ayuden a regresar a su provincia. Sus hijos más grandes están convencidos de que sería la mejor solución, donde estarían cerca de la familia y de la abuela.
Pide volver “con lo poco que tengo, porque para estar pasando necesidad… Aparte, estaría cerca de mi familia y todo, y acá no tengo a nadie”.
-Sería una linda solución, ¿no?
-Y no sé, para mí sí. Tengo a mi mamá, a todos cerca. Acá no tengo a nadie. El otro día estuve internada con ella (la más pequeña) y la única que me cuidaba los chiquitos era Juana.*
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