Una madurez que sorprende
Descreo de la frase que reza ?para ser campeón, hay que vencer a todos?. A veces, los mejores quedan en el camino antes y el recorrido se ve allanado.
Pero este no fue el caso. Esta vez Del Potro no necesitó de ayuda de terceros, dado que por sus propios medios bajó del torneo a los dos grandes monstruos del tenis actual, Nadal y Federer. Y así borró todo atisbo de duda en torno a su condición de tenista de primera línea mundial.
Y lo logró haciendo valer su mentalidad privilegiada, condición sine qua non en el tenis, la cual se complementa a la perfección con sus cualidades técnicas y físicas.
A Nadal no le dio chances, con todo lo que eso significa. Independientemente de que el español no llegó al choque de semifinales en plenitud, el avasallante triple 6-2 habla por sí solo. Haber mantenido el enfoque en las dos horas y fracción que duró el match, sin darle ningún tipo de oportunidades a un luchador inclaudicable, inquebrantable desde lo mental, es un signo inequívoco de una madurez inusitada de quien hasta el miércoles 23 tendrá ¡20 años!
Quizá resulte más vistoso su servicio, hoy uno de los mejores del circuito, o sus electrizantes derechas a la carrera que cuesta mantener en vista, pero es indudable que su equilibrio psicológico lo distingue.
Y la final de ayer fue otra muestra cabal de ello. Como presagió en estas páginas su formador Marcelo Gómez, a Del Potro no lo intimidó nada.
Ni la cercanía de cumplir el sueño de levantar la copa del US Open, ni su primera final de Grand Slam, ni la presencia de uno de sus ídolos del otro lado de la red, ni la oportunidad que tenía frente a sí. Porque es cierto que apenas tiene 20 años y todos vemos en el horizonte unas cuantas finales más de esta jerarquía, ¿pero quién garantiza que existirán? Que lo diga Coria, si no.
Fue asombrosa la autoridad con la que el tandilense se desenvolvió en sendos tie breaks para derrotar en ellos, con relativa comodidad, a alguien mucho más avezado en definiciones de esa naturaleza. Como así también la solvencia con la que afrontó la definición del match, manteniendo su patrón de juego pese a la inminencia de la conquista, cuando bien se podría justificar un exceso propio de la ansiedad.
Semejante solidez mental, esa que le permitió evitar que la tensión mine su resistencia física en un partido de más de cuatro horas, invitan al optimismo respecto a lo que viene, ya con el peso de ser favorito casi siempre.
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