Una mujer, a punto de ser desalojada, y un pedido desesperado a la comunidad
La fachada de Arana 1534 no tiene pintura alguna, apenas los ladrillos resaltan como esqueletos rojizos. Al cruzar una puerta de chapa oxidada, un angosto pasillo de cemento, rodeado de yuyos y árboles secos, conduce a la casa, más bien habitación, en donde viven Marcela Sequeira y sus tres hijos.
Es un cuarto de tres metros de lado, paredes humedecidas, repisas de madera símil cajón de frutas y un colchón, contra la esquina, sobre el piso de material, que hace de lecho para toda la familia. Así, el único mueble de toda la superficie es una mesa y algunas sillas, eso es todo. ¿Baño?, ¿cocina?, ¿comedor?, no, nada. ?No cuento con agua, ni luz, vivo a vela y a baldes, busco el agua en lo de mi mamá, quien vive en la misma cuadra, por suerte? narra.
Entonces Marcela explica, con esa calma de la resignación, su complicado presente. ?Estoy separada, tengo tres nenes, uno de seis meses, una nena de siete y otra de cinco. En este momento me están pidiendo la casa donde vivo, hace siete años que vivo acá y me dan hasta el 28 para desalojarla?, comenta, mientras una niña, ojos de cielo y musculosa rosa, la mayor de los hermanos, observa la escena, curiosa.
Así, luego de pequeños suspiros, la madre retoma su explicación: ?No tengo dónde ir, ya no sé con qué alquilarla, porque el papá de las nenas me pasa 50 pesos por semana, que no me alcanza para nada?. Cincuenta pesos por semana son doscientos pesos por mes, una cifra irrisoria para los tiempos que corren.
Los dueños del lugar, además, impusieron una fecha límite para desalojar la casa. ?De la noche a la mañana vinieron y me dijeron que tenía que desocuparla. Dijeron que ya tenían el comprador, y si hay personas no la pueden terminar de vender, y me metieron abogados y él me dijo que lo único que pueden hacer es esperarme hasta el 28?, dice.
Para buscar una posible solución, Marcela cuenta que fue hasta Desarrollo Social, quienes le brindan el bolsón de comida del que dependen, y afirma que ?me pagan la mitad de un alquiler, la otra la tengo que pagar yo pero, como verás, se me hace imposible pagarla. Quería ver si me podían ayudar, más que nada por el tema de los ?gordos??. Uno de sus ?gordos?, un bebé de cinco meses, se recuesta en sus brazos en duermevela y pañales.
Por ellos, Marcela apela a la solidaridad. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. ?Quería ver si la gente me podía ayudar un poco con alguna casa que tengan media desocupada, que por ahí no la usan o que me presten una pieza con un bañito?.
Básicamente, necesita un lugar dónde vivir, pero también ropa, pañales, algunos muebles, ?como veras no tengo nada?. Y deja un teléfono, 15-501064, y antes de que quien escribe lo anote, dice ?imagínate, no tengo para lavar ropa, ni nada, ahí está amontonada?. La ropa es una pila de prendas sobre una palangana plástica. De nuevo, la niña, ojos de cielo, musculosa roja, observa la escena. El sol empieza a caer por estas horas, la cuadra es oscura. Esta será otra noche con la única luz de las velas, ?como verás?. *
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