Una mujer contó su densa historia familiar y buscó proteger a su hijo acusado de matar al padre
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Ayer comenzó el juicio oral y público en el que se debate la responsabilidad penal de Zóximo Francisco Sanz, quien arribó ayer a la Sala de Acuerdos del Tribunal 1 con la imputación por darle muerte a golpes a su padre, Jorge Oscar Sanz, a raíz de lesiones gravísimas que derivaron en una internación de 10 días hasta fallecer por su delicado cuadro, el 8 de enero de 2010, por causa de un paro cardiorrespiratorio.
Tal como se había anticipado en éstas páginas, no hay dudas sobre la agresión que Zóximo propinó a su progenitor. El debate, entonces, entre el ministerio público fiscal, a cargo de Marcos Egusquiza, y la defensa, en manos de Diego Araujo, se centra en si los golpes que el propio acusado admitió realizar fueron los causales del deceso y, en todo caso, si la agresión fue producto de un forcejeo entre padre e hijo y éste atinó a defenderse, o si los golpes estaban cargados de un rencor tal como para querer darle muerte a su propio padre.
De allí la calificación legal que el fiscal presentó en la audiencia, hablando de un “Homicidio agravado por el vínculo, en los términos del artículo 80 inciso. 1º del Código Penal”, y/o alternativamente, “Homicidio preterintencional agravado por el vínculo”, en los términos del artículo 81 inciso 1 ap. b) del Código Penal en relación a los artículos 80 inciso 1) y 82 del mismo texto legal”.
El juicio así transitaría entre los detalles técnicos, puntuales, que las partes querían rescatar para poder alegar según su criterio, y una historia familiar detrás, cargada de violencia, dolor y lazos filiales que la propia madre revelaría cuando le tocó declarar frente al Tribunal integrado por los jueces Guillermo Arecha, Pablo Galli y Gustavo Echevarría.
El testimonio de la mamá
La mañana sería surcada por la declaración de Alicia Maggio de Sanz, única testigo presencial del hecho que terminó con la muerte de su esposo y la detención de su hijo.
Un testimonio cargado de dolor, impotencia, lleno de interrogantes personales que incluso hoy mantiene y se animó a ventilar en la audiencia. Acerca de entender que no hizo todo lo posible para ayudar a su hijo y más, sentirse responsable de la vida que le tocó en suerte a su hijo.
Sin decirlo, claramente la mujer buscó a sus modos y sus formas colocar a su hijo como víctima y a su esposo como un hombre bueno, trabajador, pero que era golpeador.
Así reseñó sobre una relación matrimonial signada por la violencia, de los cuales algunos hechos fueron testigos sus dos hijos mayores (entre ellos Zóximo).
En medio de su extenso y consternado relato, el fiscal como los propios jueces la interrumpieron a la hora de centrarse en los hechos en discusión y no irse a una historia que, sin dudas, tuvo que ver con este trágico desenlace, pero que nada hacían al juzgamiento que estaba en juego.
Volvería entonces a contar la historia de su hijo, tratando así de intentar describir el perfil de un chico que, a todas luces, tenía problemas psíquicos. De hecho estuvo bajo tratamiento y siempre medicado. “Vivía en una profunda depresión”, supo definir su mamá.
Recordó cuando se fue de la casa porque su padre lo menospreciaba, lo trataba como un estúpido. Pero allí nuevamente el fiscal la invitaría a retomar sobre su hijo y la relación con el padre, pero en el tiempo que sucedieron los hechos, no más allá del tiempo.
Es que la mujer hablaba de una historia pasada, cuando su marido trabajaba y se movía por sus propios medios hasta que tuvo una enfermedad que no supo definir y lo dejó postrado, incluso con pérdida de memoria.
El extenso relato de la mujer desnudaría buena parte de lo que ya el fiscal había volcado en el expediente de la instrucción penal, cuando describió de la actitud maternal para con el imputado, ubicada en un perfil de sobreprotectora, de encono y de cierto resentimiento para con su marido, a quien lo incrimina como un sujeto golpeador.
Así lo relataría luego la casi totalidad de los testigos, desconocidos alguno de ellos entre sí, quienes manifestarían textualmente que Alicia Maggio “lo apañaba” en exceso a su hijo Zóximo, lo sobreprotegía, lo mantenía económicamente y sostenía en lo espiritual, dejando hacer a éste lo que quisiera.
Frente a los magistrados, Alicia se quebraba de tanto en tanto cuando refería sobre la vida de su hijo porque “no le salía nada bien”, tenía un trabajo y le duraba poco y se deprimía. Había formado una familia (tiene un hijo) pero al no tener lugar dónde vivir, la mujer se fue con el niño.
Sobre el suceso
Ya abordada sobre el suceso que terminó en la muerte de su marido, la mujer dijo no recordar mucho. Reseñó sobre la llegada de su hijo a la casa cuando su esposo estaba en la cama. Que Zóximo fue al baño y su marido se levantó y le dijo: “Andate, Alicia”.
Allí, ella dijo sentir un miedo escalofriante, como que percibía que algo malo iba a ocurrir. Por eso decidió salir de la casa en busca de ayuda. Fue al Hospital y pidió por “dos enfermeros” para que la ayudaran a socorrer a su marido y a su hijo.
Allí los jueces se detendrían para exigir más precisiones: ¿Por qué pedir por dos enfermeros si hasta lo que vio ella no había pasado nada en su casa? Interrogantes que la mujer no supo responder y que sólo quedará a criterio de los magistrados a la hora de considerar que la mujer no era otra que una madre que quiere proteger a su hijo.
Más luego devendrían sus recuerdos cuando encuentra a su hijo ya en el Hospital, y si bien no la dejaron estar con él, al cruzárselo, éste le dijo: “Papá ya no nos va a golpear más”.
Mientras su esposo peleaba por su vida internado, su hijo estaba alojado en uno de los calabozos de la Seccional Segunda. Los once días más difíciles de su vida supo definir la mujer, que cargó con un drama familiar que tal vez aquel día había llegado a su máxima expresión y hasta un casi lógico final dentro de tanta virulencia. Su esposo moría en la habitación de la Clínica Chacabuco y su hijo encerrado en el calabozo preguntaba qué había pasado, porqué estaba encerrado, qué había pasado con papá.
Más testigos
Ya arribando al mediodía desfilaría por la audiencia la perito psicóloga judicial, como los policías y el personal del Hospital que aquella noche intervinieron en el caso.
Todos ratificaron lo que oportunamente se había volcado en la causa. Los policías dijeron intervenir por el llamado desde el Hospital, y cuando ingresaron a la vivienda junto a la mujer se encontraron con el cuerpo tirado del hombre rodeado de un charco de sangre y su rostro desfigurado, con serios problemas para respirar. Los uniformados realizarían tareas de reanimación hasta que llegaron los enfermeros, minutos después, e hicieron lo suyo.
Se prestó especial atención en la actuación de los policías como los actores sanitarios, dado que la defensa también hurgaría en saber si las lesiones que sufrió Sanz y provocaron su muerte pudieron tener que ver con la intervención de los policías que quisieron reanimarlo con masajes cardíacos o con los golpes que había propinado su hijo Zóximo.
Los empleados del Hospital como los policías recordaron como pudieron la escena de la casa como la del propio centro asistencial, donde reseñaron que el joven estaba allí y dijo que había mantenido una discusión con su padre, que lo había golpeado y que era necesario que fuese una ambulancia a su casa, visiblemente nervioso y con sus manos ensangrentadas.
A la vez recordarían minutos antes, cuando la mujer fue a pedir socorro y dijo que podía estar ocurriendo algo grave en su casa, porque su hijo estaba medicado y cuando tomaba se ponía muy agresivo.
Sin más, el tribunal dispondría un cuarto intermedio hasta el viernes próximo por la mañana, tiempo en que se escucharía el resto de los testigos citados para la ocasión, como así también la posibilidad de ya escuchar los alegatos de las partes.
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El acusado
Cabe mencionar que el imputado se encuentra con arresto domiciliario al darse curso a un pedido de morigeración de la prisión preventiva que presentara en su momento el defensor oficial, Diego Araujo. Por ello, ayer ingresó a la sala por sus propios medios, evidenciando dificultades motoras a la hora de poder caminar. Su estado, con incluso dificultades en el habla, son consecuencia de la severa golpiza que sufriera mientras estuvo alojado en la Unidad Penitencia de Barker, lesiones que obligaron a trasladarlo a una unidad intensiva del Hospital en estado de coma, con riesgo de vida.
RECUADRO
El caso
El 28 de diciembre de 2009, aproximadamente a las 4.35, en el interior de la casa ubicada en Alem 1192, Zóximo Francisco Sanz golpeó en distintas partes del cuerpo a su progenitor Jorge Oscar Sanz, y el parte médico rezó que le ocasionó traumatismo frontal derecho, herida contusa en arcada superciliar derecha, importante hematoma malar y bipalebral derecho, edema y equimosis bipalebral izquierda, traumatismo contuso nasal con fractura de huesos propios de la nariz, equimosis contusa en cara anterior de hemotórax izquierdo que afecta región external inferior y parrilla costal, escoriaciones contusas en ambos dorsos de la mano, lesiones todas ellas que implicaron riesgo de vida y que produjeron el 8 de enero de 2010 un paro cardiorrespiratorio irreversible a consecuencia de falla multiorgánica, y de un shock refractario como complicación del trauma grave de rostro, de las fracturas múltiples costales en el tórax y de la contusión pulmonar bilateral, además de la hipoxia post paros cardíacos, deviniendo consecuentemente la muerte de la víctima.
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