Una mujer pide ayuda para poder subsistir
?Un paquetito de fideos, un arroz, eso es todo?, cuenta Nelly Fernández, con la voz temblorosa, sentada en una silla de plástico. ?Así nos arreglamos?.
En su casa, de piso de cemento y vidrios de cartón, los muebles son cajas y el baño no tiene agua. Queda acá nomás, cercana al barrio Arco Iris, donde rara vez llegan las guirnaldas del ?Tandil soñado?.
Nelly tiene el rostro de tez morena y unas finas arrugas que rodean sus ojos negros, vidriosos, de angustia. Tiene 57 años, es viuda y no posee ni jubilación, ni pensión. Apenas mantiene a sus dos hijos con las bolsas de comida que otorgan los planes sociales.
Ellos, su hijo y su hija, la espían del otro lado de la tela que hace de puerta, se quedan ahí un largo rato, agazapados, curiosos. Ambos, con tan corta edad, ya tienen sus propios dramas cotidianos. Ella, de trece años, tiene problemas en el corazón. El médico le recetó una dieta especial, pero en su casa no hay heladera para mantener los alimentos. El, de veinte, sufre ataques de convulsión y, aunque hace tiempo no padece uno, siempre está latente el temor.
?Además estoy sola, no tengo familia, ellos están en Corrientes?, admite la mujer, antes de suspirar larga y lentamente.
Nelly necesita varias cosas. Necesita camas, ya que tiene sólo dos, en las que duermen tres. Necesita zapatillas que no estén agujereadas después de tanto andar. Necesita abrigos y también muebles, porque sus cómodas son cajas de aceite.
En cierta ocasión, recibió ayuda de la Secretaría de Desarrollo Social para terminar su casa. Sin embargo, esa ayuda quedó en la nada. Sólo le remacharon algunas paredes con ladrillos, pero aún la casa se llueve, el baño no tiene bomba y los cables de luz cuelgan del techo como colas de barriletes truncos.
?Los de Bienestar Social, ¿cómo me van a dejar la casa así? Yo llamé muchas veces y me dicen que me arregle sola?, denuncia Nelly, con esa indignación de quien no es escuchado tras un justo reclamo. ?Encima, me dejaron los ladrillos afuera, si me los roban… ¿qué voy a hacer??, dice.
Al momento, no hay respuestas. Sólo preguntas. El abandono de la construcción de Nelly huele a negligencia. Sobre la entrada de su casa de Ugarte 1858, una pila de ladrillos espera ser utilizada, apilados bajo un manto de lona negra, inútiles. Según ella, Desarrollo Social los dejó ahí. ?¿Por qué?, ¿qué voy a hacer?? Sería bueno que alguien responda esas preguntas.
Mientras, Nelly Fernández espera. Espera que su asma la deje respirar tranquila, sin los broncoespamos que la ahogan cuando toma frío. Para estar mejor, el médico le recetó vitaminas, Redoxón precisamente, 30 miligramos. Por ahora, la receta espera sobre la mesa, su bolsillo no puede costear esos lujos.
Una de las ventanas del frente tiene un agujero. Una bolsa de residuos actúa como parche. El viento hace ondular la bolsa, que se agita con la brisa. Nelly la ve flamear y dice: ?Cuando hay heladas el frío es insoportable?. *
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