Una mujer reclama a IOMA un corset desde hace diez meses y denuncia malos tratos del personal
La suerte no parecer estar del lado de Silvia Bertoglio, una mujer de 55 años a la que la vida castigó con una osteoporosis temprana. En su humilde casa del barrio General Belgrano, ubicada en Cheverrier 270, no hay puertas ni ventanas, también faltan las cortinas y la almohada. Es que se la desvalijaron y destruyeron todo cuando se recuperaba de la última de las cuatro operaciones de columna que atravesó.
Silvia necesita una mano, y la solidaridad tandilense no tarda en aparecer. Justo cuando terminaba la charla con El Eco de Tandil, un hombre ingresó a la habitación -único espacio de la casa que utiliza la protagonista de esta historia- con cajas, ropa, comestibles, frazadas y almohadas. Hasta ese momento, la mujer apoyaba su cabeza sobre un bollo de telas viejas.
Por un instante, el ambiente se colma de alegría. Alguien se ha movilizado por Silvia, la contiene y atiende sus necesidades. Un poco de luz asoma entre un presente tormentoso, que amenaza con quebrarle el último hilo de voluntad: ?Tengo que seguir luchando por esa cosita que está ahí?, dice, y señala a su pequeño nieto. ?Y por mi hija, lógicamente?.
Antes, y sin derramar una lágrima, Silvia relata la crónica de un reclamo común: el de muchos afiliados a IOMA.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHuesos de cristal
-¿Qué patología la afecta?
-Mi enfermedad es en la columna, de la cual fui operada cuatro veces. Tengo dos hechas en poquitos meses, una fue el 13 de octubre de 2008 y la otra el 27 de enero pasado. Aparte el problema mío es el corset que necesito, que el doctor lo pide a gritos, yo lo pido a gritos, porque no puedo estar más así, porque me caigo y me quiebro… Mis huesos son un cristal.
-¿Qué enfermedad padece?
-El doctor me dice que es una osteoporosis prematura.
-¿Qué doctor la atiende?
-El doctor Carlos Dappia, amor de médico, es un ángel, lo que hizo él por mí fue mucho y le agradezco, porque si hoy estoy acá es por él.
-¿Cuánto hace que está en cama?
-Ahora desde el 27 de enero. Estuve primero en la casa de un hijo, después en la de otro, de unos consuegros y acá estoy. Aparte no tengo para calefaccionar, porque tuve la mala suerte de que me rompieron todo. Ustedes pueden ver cómo está la casa. Me robaron todo, hasta el ropero con mi ropa, mientras estaba con mis hijos o internada, porque bien no sé.
-Cerró su casa por el tratamiento y le robaron…
-Me robaron todo, me rompieron la puerta, estoy sin puerta; la ventana del fondo, estoy sin ventana. Hace dos años más o menos, en abril, se me quemó la parte de arriba de la casa. La Municipalidad me pidió un montón de presupuestos; me iban ayudar a arreglarla, pero no tuve noticia alguna. Cuando me robaron, no tenía ni luz, el señor Jorge Renis me hizo poner la luz la semana pasada y así voy tirando, pero estoy con frío, no tengo con qué cocinar.
-¿La cuidan todo el día?
-Sí, mi hija de 22 años con su hijito que el 21 cumple 2 años, mi nieto, y Lorena, que es mi amiga del alma, que con sus 20 años también me ayuda porque es humana.
-¿A qué se dedicaba antes de este problema?
-Empleada doméstica, trabajé toda mi vida.
-¿Siempre se solventó sola?
-Sola. Hoy es un tema doloroso, muy doloroso.
-¿Tiene obra social?
-Tengo IOMA, porque a mí me dan una pensión por discapacidad de 199 pesos.
-¿Desde cuándo la cobra?
-Hace 7 años más o menos, porque aparte tengo un problema de ceguera, veo muy poco. Y lo que a veces pregunto es ¿vive el señor Intendente, vive la señora Delia (secretaria de Miguel Lunghi), vive la gente con 199 pesos?
-No…
-Y encima, enferma. Si fuera sana, trabajaría; pero lamentablemente no puedo trabajar.
-¿Recibe algún otro tipo de ayuda?
-Vas a la Municipalidad y te prometen el oro y el moro, como la señora Delia, que me prometió una garrafa hace una semana y todavía no la recibo. Usted ve que acá no hay gas, no hay para calefaccionar, calentamos una pava de agua con un cargador de los que se enchufan, con eso calentamos agua.
-Lo más urgente sería conseguir el corset…
-Urgente. IOMA que haga algo por mí, porque IOMA no hace nada. Porque no tengo huesos en la espalda, tengo un implante. Carlos Dappía se molestó en traer médicos de Buenos Aires y hacérmelo acá porque no me podían trasladar, pero IOMA no me da soluciones.
-Desde enero está esperando el corset…
-No, desde junio del año pasado. ¿Sabe dónde está mi corset supuestamente? En Lomas de Zamora. ¿Por qué si yo vivo acá en Tandil?
Una forma de atender
En cuanto a su peregrinar y el de sus hijas por las oficinas de la obra social, Silvia Bertoglio afirmó: ?Muy maltratada es la gente grande en IOMA?. Visiblemente ofendida, relató que una empleada de la sede de Chacabuco y Constitución le dijo que ella le daba de comer y consideró que ?al contrario, en todo caso yo le daría de comer a ella porque pago los impuestos?.
En cuanto al trato en general, aseguró que ?son muy maleducadas para hablarte y llega un momento en que no quiero ir porque tengo una enfermedad, soy muy nerviosa, me descompongo y termino mal yo?.
-¿Será porque reciben gran cantidad de reclamos?
-Es la forma de ser, porque he hablado con mucha gente y es la forma de ser de la gente que trabaja ahí y ya no los cambian más. Ellos por ahí no tienen la culpa de lo que pasa con IOMA, son empleados, pero que no le mientan a la gente, porque están ahí para mentir, nada más.
Son diez empleados y tienen una sola máquina. Mientras uno la está usando, no pueden seguir atendiendo porque no hay computadoras, entonces ¿qué hacemos? ¿Esperamos un año más?*
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