Una niña que se dijo abusada, una familia destrozada y un ex gremialista en apuros
Una niña que cuenta sus padecimientos. Una familia que se conmueve frente a su relato y la estabilidad filiar se quiebra. La desconfianza, la bronca e impotencia rompe una amistad forjada por años. Hay un responsable entre ellos, que si bien no era un lazo de sangre era como si lo fuera. Ahora está sentado en el banquillo de los acusados, escuchando que aquella niña que convivía todas las tardes lo acusa de haber abusado sexualmente, con tocamientos e incluso con intento de penetración.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Si ella era consciente de las consecuencias que esto iba a acarrear seguro que no decía nada”, supo inferir en su declaración la madre de la víctima, de alguna manera poniendo en contexto lo que generó semejante situación en el seno de los afectos que rodeaban a la familia.
Se trató -se trata- de otro caso de los tantos tramitados en la Justicia Penal por abuso que ahora se ventila en un juicio oral y público en el Tribunal Criminal 1, con el aditamento que el imputado fue un personaje público y desapareció de la escena gremial y mediática ante semejante acusación.
A más datos, el ex secretario general de la Uthgra, Luigi Pedraglio, es el señalado, quien arribó por sus propios medios a la sala de debate (no está detenido) junto a su defensor. Pasó por el pasillo de la antesala del recinto y se cruzó con los que hasta ayer eran sus amigos. Una tensa escena cuya sensación acompañaría a lo largo de la primera audiencia que culminó pasado el mediodía. El martes se retomará el juicio, con más testimonios de una sórdida historia que ninguno de sus actores hubiera querido protagonizar, pero cuya gravedad obliga a esclarecer y resolver al menos en la justicia terrenal.
A modo de preámbulo, el juez Guillermo Arecha dio lugar al fiscal Gustavo Morey para exponer los lineamientos de la acusación. El funcionario ratificó que los hechos se sucedieron desde principios de enero de 2012 hasta julio de aquel mismo año en la casa del acusado, cuando la niña, por aquel entonces de 11 años, se quedaba allí a cuidado de la esposa del sospechoso, amiga de toda la vida de la madre de la menor.
El defensor Carlos Kolbl, a su turno, no anduvo con rodeos: afirmaría que los hechos llevados a juicio no existieron y que, consecuentemente, iba a peticionar la absolución de su pupilo. Sin pausa, comenzarían a desfilar los primeros de una docena de testigos citados para la ocasión, que servirán como elementos acreditativos o no de la prueba fundante y clave del caso: los dichos de la menor.
El caso
Según rezaba en el expediente y ahora lo ratificarían los declarantes, todo “explotó” cuando la niña pidió hablar con la directora de su escuela, a quien entre lágrimas y palabras entrecortadas le confiaría que era víctima de abuso de parte de un amigo de la familia, con quien ella pasaba prácticamente todas las tardes porque quedaba a cuidado de la mejor amiga de su mamá, quien por esas horas y esos días trabajaba. Bajo el mismo techo donde también residían sus amigos (hijos de la dueña de casa) la niña dijo haber padecido tocamientos e incluso el señalado intentó más. Todo ocurría cuando quedaban solos en una de las habitaciones del hogar.
La directora, sin salir del estupor de semejante relato, llamó a la madre de la alumna, acongojada, a la vez que daba intervención a las autoridades educativas para asesorarse sobre cómo manejarse ante el suceso, qué pasos según el protocolo pedagógico.
Así fue que comenzaron a intervenir distintos actores. A las pocas horas, ya la madre ingresaba al establecimiento educativo y se anoticiaría de lo impensado. La directora le transmitía lo que su hija expuso, mientras ésta asentía llorando desconsolada.
La docente también fue interrogada por la defensa sobre el comportamiento de la niña en la escuela, sobre los llamados de atención por su disciplina y su noviazgo con otro alumno de grado superior.
La docente aceptó sobre dichos comportamientos que merecieron algunos llamados de atención, aunque los minimizó considerando que eran propios de una adolescente en el estadío de transición de pasar del primario al secundario. Sobre el novio, confió que tuvo algunas entrevistas aconsejándola al respecto (se trata de un colegio confesional), situación que se repetían con otras, otros, estudiantes.
Habla la mamá
La madre de la víctima sería la segundo testigo de la mañana, quien visiblemente consternada y con dificultad para poder expresar con soltura semejante suceso, respondió sobre cómo se enteró de los padecimientos de su hija y lo desatado después.
Contó que tras anoticiarse en la escuela hizo la inmediata denuncia en la Comisaría de la Mujer, no sin antes también prevenir a los suyos sobre lo ocurrido, sobre todo anticipándose a que su esposo, el papá de la niña (efectivo de la policía bonaerense) no reaccionara violentamente. También llamó telefónicamente a su amiga para decirle lo que había hecho su pareja, pero allí se desencadenaría otro capítulo de un mismo drama: el pase de factura, acusaciones entre familias que, hasta ayer, compartían todo y ahora, desde los dichos de la niña, todo se había roto.
Sin dejar nunca de evidenciar su angustia, la madre también señaló que luego de hurgar con su propia hija se enteraría que ella al final fue la cuarta en enterarse de lo que pasaba. Su hija primero de lo había confiado a su amigo, hijo de su mejor amiga. Esta recibió de parte de su hijo lo que pasaba con la niña, pero no le dio importancia. Luego sería la directora y recién después ella, la madre, la destinataria de semejante delicada y sensible información. Allí también residía buena parte de la impotencia dolorosa de la madre testigo. Ser casi la última en enterarse y saber que su amiga de toda la vida no le había dicho nada, más bien todo lo contrario. Lo ocultó y una vez todo ventilado, cruelmente destilado en la realidad, negó todo y afirmó que la niña mentía.
Peritos y cámara gesell
Tras un cuarto intermedio, llegaría el turno de la perito psicóloga María Eugenia Navarro, quien se encargó de realizar una entrevista al acusado, sobre quien señaló en su informe y ratificaría ahora ante al juez que el hombre presentaba signos en su personalidad de “egocentrismo y ocultamiento defensivo”, según las proyecciones realizadas a través del test de Rorschach.
Insistió sobre características narcisistas y falta de empatía.
Luego se ofició un nuevo cuarto intermedio para reacomodar la sala en pos de proyectar la cámara gesell en la que la niña contó los abusos sufridos (a pedido del fiscal no se dejó que el público observara las imágenes). Más tarde, la psicóloga Andrea Cantú, quien practicó una entrevista con la menor, daría sus conclusiones sobre la credibilidad del relato de la niña, a la hora de contar su verdad.
Sin más, el juez Arecha daría por cerrada la primera jornada y citaría a las partes para el martes venidero, cuando se escuchen más testimonios que intenten contextualizar la escabrosa historia, dar argumentos para que se crea que la niña dice la verdad, por el lado del fiscal, y desacreditarla por interés de la defensa de un hombre que dejó de ser noticia por asuntos gremiales para pasar a las páginas policiales.
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