Una noche para disfrutar la música linda
(Por Rafael Blasi) En un escenario improvisado, con una luz enfocando la espalda del percusionista y rodeado de revistas Rolling Stone y otras del estilo de ?Las 100 mejores canciones del mundo?, Gabriela Acosta, Pablo Avendaño y Jerónimo Ruiz se acomodaron para brindar un concierto (no confundir con recital) para relajar el oído y activar la imaginación gracias a la enorme variedad de sonidos que tienen para ofrecer. Y no es por exagerar pero estos muchachos combinan y coordinan hasta el aplauso de un pie descalzo contra la baldoza del piso, ¡y suena bien!
Es difícil que, en una época donde los bares ocupan todos sus asientos para atender tributos de bandas extintas en originalidad, un dúo de este tipo (es decir, ningún tipo, ya que prefieren no encasillarse en géneros) pueda llamar la atención del público y empresarios de la cultura. Sin embargo, la fidelidad y autoconvencimiento de mantener un estilo propio sin caer en la tentación de ?hacerse el genio vanguardista incomprendido? podrá llevarlos a convertirse en una banda reconocida por la noche local y, ojalá, más allá de las rotondas.
Manteniendo distancia física del espectador ?aunque el lugar donde actuaron es muy grande se logra una buena acústica- los músicos repartieron un cancionero por mesa para llamar a participar a los presentes en los temas que precisan coros. Obras simples y de humor fino como ?Cadáver? -dedicada a todos los vegetarianos-, la parodia a la cumbia moderna al estilo Capusottesco de ?Clericó? y la perfección de ?Monos?, ?en formato bilingüe, para que entiendan también los monitos? son sólo algunos ejemplos del exquisito repertorio.
Sin embargo, como en todo espectáculo hay algunos deslices y pifiadas, porque no siempre se puede cumplir con las expectativas del público. Comentarios por allí como ?no saben hablar con la gente?, ?habría que apagar el ventilador? o ?¿cómo, no tienen papas fritas??. Porque cuando el show (por usar lenguaje de restaurante) no merece críticas hay que buscar defectos en el menú. Quizás, para no ser tan generoso, habría que subrayar el nerviosismo de Gabriela en los primeros temas pero que luego fue fácilmente sobrellevado por la intervención solidaria de sus compañeros.
Por otro lado, es necesario hacer un recuadro aparte para el nuevo centro cultural que no discrimina espectáculos por trayectoria o beneficio económico. Un lugar que, a cambio de una gaseosa -o no, la consumición es a voluntad-, abre las puertas a ?cualquiera que tenga algo para decir? sin cobrar porcentajes ni costo mínimo.
Jerónimo Ruiz y Proyecto Yo Miento es una promesa tandilense que probablemente no se presente en el próximo Roca Rock pero si el lector de este Diario alguna noche se enterara de una nueva fecha, ya sea en un teatro o en un sótano, no va a poder hacerse el distraído.
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